Inspirado en el trabajo creativo para musicalizar películas y con el anhelo de tener un álbum con canciones nuevas para festejar su treinta años de existencia, El Clan produjo “Somos nuestro peor miedo”, en un ejercicio de preproducción que los tuvo aislados y dispuestos para componer. Son Jaime Chávez (guitarrista de la banda) y Francisco Vives (bajista y productor de Fausto Palma, Leontine, Petra, entre otros), quienes relatan la creación de este plato de aniversario.

“Nosotros tenemos esa identidad, pero lo pensamos como un reto que nos saque de nuestra zona de confort y nos permita experimentar con sonidos y arreglos musicales”. Jaime Chávez.

Preproducción: un referente sonoro sin atadura

Luego de musicalizar películas mudas como El Gabinete del Dr. Caligari (ya durante la crisis sanitaria en 2020 y a la distancia), germinaron algunas de las ideas musicales, como riffs y progresiones armónicas, que dieron forma a las canciones del nuevo disco: “A finales de 2020 ya teníamos los puntos de partida de las diferentes canciones. Empezamos a definir tiempos porque queríamos que saliera en 2021 para celebrar los 30 años de la banda. Concretamos el propósito de los diferentes objetivos, desde la composición, hacer los arreglos, la preproducción y encontrar productor. Las cosas con Paco caminaron muy bien y fue un proceso muy padre, interesante e intenso porque este disco se escribió, produjo y lanzó en medio de un entorno complejo, algo que no imaginábamos, como el confinamiento”, expone Jaime.

Además de su labor como productor, Francisco también tomó el mando del bajo en la banda: “Conozco bien a Germán, baterista de El Clan, y en algún momento le dije que tenía ganas de tocar el bajo y resultó que estaba esa vacante en grupo. Tocamos una vez para conocernos y creo que hubo buena vibra de parte de todos. En ese punto ya existían una especie de maquetas de las canciones, pero el bajo lo hice yo. Para mí también fue un proceso muy divertido y estimulante tener la libertad de componer todo y guiar el camino”, destaca Paco.

Si bien El Clan tiene una huella sonora en su discografía, el desafío es explorar con otros recursos, como describe Jaime: “Nosotros tenemos esa identidad, pero lo pensamos como un reto que nos saque de nuestra zona de confort y nos permita experimentar con sonidos y arreglos musicales. Como banda no dejamos de tener esa esencia oscura que ha inclinado al grupo hacia cierto lado progresivo con estructuras más elaboradas. La parte de los arreglos fue con rasgos progresivos y el manejo de los matices era la premisa que teníamos para ese nuevo disco, renovarnos en esa parte además de no repetirnos”.

Tras coordinar la dinámica de colaboración a distancia, la banda tomó entre tres y cuatro meses para componer y luego se juntaron para irse a una cabaña a Huitzilac, Morelos, para grabar maquetas y depurar el proceso creativo. Francisco integró lo aportado por todos en las maquetas base: “Nos fuimos a encerrar a esta cabañita para terminar de afinar las canciones, con Paco en el bajo y como productor. Creo que esa colaboración fue muy importante: ese encerrón para trabajar 8 o 10 horas todos los días en un ambiente totalmente aislado, tratando de colaborar, de hacer que las canciones crecieran, fue lo que catapultó exponencialmente a las canciones y nos enfiló directo al estudio”, menciona Jaime.

Los acuerdos al servicio de la grabación

Para ese trabajo en Huitzilac, donde se terminaron de componer las canciones mejorando las maquetas, Paco cargó con una mezcladora Soundcraft de 32 canales, digital, para poder grabar en canales separados todo: batería, bajo, teclados y la voz: “Ese mixer tiene la facilidad de que le puedes meter la laptop y entonces ya la usas como si fuera una interfaz; íbamos grabando y armando las canciones, decidiendo. De repente hubo maquetas en las que se combinaron tomas para tener lo mejor de cada una. Los micrófonos que llevé a Huitzilac fueron Neumann 140 para las baterías y un kit AKG; en la guitarra puse el Sennheiser e609 que me gusta mucho; para el bajo usamos una caja directa Whirlwind y para la voz de Gustavo, tenía un AKG también”.

Ya en su estudio, el bajista tomó las riendas y montaron la sonoridad final: “En las guitarras usé un Royer R-121 y a veces puse el Sennheiser e609 o un Shure SM57, pero por lo general me voy con micrófono de listón. Luego, el bajo lo pasé por un Manley VoxBox y el preamplificador; eso siempre me ha funcionado muy bien. En los teclados, además de pasarlos por cajas directas, los metí a un preamplificador Universal Audio 4. Para la batería puse en el bombo un AKG, en la tarola siempre el Sennheiser e609 y a veces uso un Neumann U87 en el centro para crear con los overheads una imagen estéreo de la batería; en los toms pongo los Senheiser e604”.

“En las guitarras usé un micrófono Royer R-121 y a veces puse el Sennheiser e609 o un Shure SM57, pero por lo general me voy con micrófono de listón” Francisco Vives.

Libertad y decisión, el mando del productor 

Basado en una relación de respeto y libertad creativa, Paco realizó su tarea: “Fue increíble trabajar así porque lo que realmente importaba era lo que hacías creativamente. Cuando regresamos de la cabaña ya tenía pensado sónicamente todo y sabía por dónde llevaría las cosas. En mi estudio empezamos con la batería, tomamos las maquetas y ya con metrónomo, acabamos en tres días, nos seguimos con la guitarra y demás; nos tomamos más tiempo que es algo muy importante de la producción. A Jaime le quité todos los reverbs y los delays en post producción y eso es bien difícil, porque está acostumbrado a tocar con unas cosas, le cambié todo: usamos Gretsch que creo que nunca había usado para grabar por esta cuestión de cumplir uno de los propósitos que era hacer una sonoridad completamente diferente. Nos lo tomamos con calma y mucha filosofía:

También usamos amplificadores como el Dual Terror de Orange, un Super Champ de Fender y un Blackstar Metal HT5, para crear una atmósfera y que la distorsión no fuera tan definida sino un poco más como fuzz y también para los overdrives hacíamos un truquito con el voltaje. Los teclados los hizo Gerardo y grabó rapidísimo, casi todo es primera o segunda toma porque tiene una rítmica formidable y traía todo super estudiado. Con Gustavo nos echamos todo un encerrón de fin de semana para la voz; lo hice sufrir un poquito de pedirle cosas y para mí en verdad fue impresionante la disposición que tuvo para hacer nuevas cosas, también traía unas ideas para unas canciones y hubo un par de cosas que armamos aquí en el estudio. Todo fue un aprendizaje padrísimo”.

Con el disco disponible en plataformas y en físico, la celebración de tres décadas del grupo plasma por un ejercicio estimulante de creación, donde pudieron adaptarse a las circunstancias de la contingencia sanitaria y al desafío de confrontar los lugares comunes. Enhorabuena y a escuchar “Somos nuestro peor miedo”.

 

“Somos nuestro peor miedo”, lo nuevo de El Clan

  • Amplificadores  Fender Super Champ, Orange dual terror y Blackstar HT Metal 5
  • Guitarras Gretsch G5420T, Gretsch G5230T, Airline 59 3P DLX
  • Bajo Fender Elite
  • Batería Gretsch New Classic
  • Manley VoxBox
  • Neve Portico 5012
  • Universal audio 4-710d
  • Interface RME Fireface800
  • DAW Cubase
  • Microfonía Neumann U87, Neumann KM 184, Royer 121, AKG D212, Sennheiser e906, Electro voice RE20