Multipremiado. Realista mágico, Demetrio Bilbatúa captó con su lente la vida y costumbres del México en el periodo conocido como el Desarrollo Estabilizador. Niño de Morelia, a los siete años llegó a México huyendo de la Guerra Civil Española. Era 1945 y la tienda de artículos fotográficos que la familia tenía en Vigo había sido requisada, pero nuestro país se le abrió como una puerta para estudiar, primero en el Colegio Madrid, el Instituto Luis Vives y posteriormente en las noches en la Preparatoria Nocturna No. 2 porque tenía que trabajar.

Empezar en blanco y negro. Siendo joven, Demetrio fue discípulo del fotógrafo de cine Alex Phillips, trabajó en los estudios CLASA, Churubusco, Azteca y Tepeyac, donde las películas se revelaban con fórmulas de hidroquinona, fenidona, sulfito y bórax.

 
  Durante la década de los cincuenta, el comunicador entró a Telesistema Mexicano para producir Cine al Día, una revista fílmica. Poco tiempo después, don Demetrio se hizo socio del legendario Gabriel Figueroa, constituyendo la empresa Cinematográfica Ariel.

Entre 1958 y 1964 filmaron todos los viajes al extranjero del fotogénico presidente Adolfo López Mateos. En una época de limitaciones con el equipo, el cineasta viajaba hasta Alemania Oriental para comprar lentes marca Zeiss. Eran los años cuando surgía el zoom como una novedad.

Laureado en Francia
Con una aplaudida carrera (más de 100 distinciones como documentalista), don Demetrio fundó hace más de diez años New Art, la compañía del ramo visual y sonoro más importante en nuestro país. “New Art está incorporando todas las tecnologías digitales que hay en la actualidad; está al nivel de Hollywood. No le pide nada a lo más moderno que puede haber en el mundo”, advierte al inicio de la entrevista, “creo que estamos al día con esas tecnologías. Y estar al día es lo que pretendo”, revela.


Hay sorpresas todavía. “No quiero profundizar en 3D; pero New Art está a la par de lo mejor del mundo”, e invita a todos, “tenemos una sucursal en Miami, que maneja mi hijo Demetrio. Aquí tenemos New Art Digital en Altavista; New Art Laboratorio y New Art Sound”.


Don Demetrio Bilbatúa compara los nuevos recursos con los años dorados del cine mexicano que le tocó vivir. “El blue screen en mi época… era de risa cómo tenías que calentar fotográficamente la pared de azul, porque en aquella época no había green screen”, recuerda. “Con blue screen debías tener en la pantalla una temperatura de color perfecta de grados Kelvin”, y viaja al presente, “ahora, con la tecnología de New Art Digital, la realidad virtual hace posible todo: ¿más claro, más oscuro o más al fondo?”.

Todo cambió. “Y eso es la maravilla: que ha evolucionado la técnica al servicio de la comunicación con imágenes”, señala, “porque yo no le digo cine: le digo Comunicación en Imágenes”, define el ganador del  premio Ariel.

Ecos ancestrales
Para Demetrio Bilbatúa, el desarrollo del cine sonoro tuvo su propia historia. “El sonido directo en los documentales fue un recurso que manejé con mucho detalle”, subraya, “con testimonios de la gente. Sonidos ambientales de etnias indígenas como huicholes, tepehuanos y chamulas. Quería no sólo retratarlos, sino traer su sonido. Fue muy importante”.

El audio en directo era complicado. “El problema de la no sincronía consistía en que la cámara es intermitente. Es una fotografía: corre la película; abre el obturador. Es otra fotografía y así en un cincuentavo de segundo, se dan 24 cuadros por segundo”, y explica, “de esa fotografía a 24 cuadros por segundo, el sonido al recibirla era continuo; no intermitente”.

El primer sonido en cine se incorporó al sincronizar con pulsos el ritmo de la cinematografía con el audio. “Porque las cámaras de 35 milímetros no sincronizaban con las grabadoras de sonido. Llegaron las cámaras Nagra y revolucionaron todo el sonido cinematográfico. Era una cámara que también era grabadora; con la característica de tener un pulso sincrónico con la imagen”, y sus ojos brillan, “daba una sincronía con el generador de pulso de la cámara y ésta podía estar a cierta distancia”.

 
 

Con aquellas cámaras el productor consiguió realizar ideas inspiradas: ahora tenía el poder de testimoniar cada instante. “Me encantaba el sonido directo de las tomas. Por ejemplo: la Cascada de Agua Azul o las de Tamul, en San Luis Potosí; las filmé con la idea del sonido directo. Me encantaba el ruido de la cascada y ese audio lo hacía con una sincronía total”.

Don Demetrio subraya la importancia del audio en sus proyectos. “Logré dar testimonios de cine; que era el complemento que hacía falta: el Cine Verdad, con la autenticidad del sonido directo”, y sonríe, “logré hacer cine dándole gran importancia al sonido. Siempre los sonidos incidentales yo los maneje como fundamentales; complementando las imágenes. El sonido en la cinematografía debe ser un complemento de la parte narrativa; visual”.

A partir de ahí, nuevos retos. “Otro problema grave que tuvimos en épocas pasadas fue blindar la cámara del ruido; el gran tamaño de ellas estaba motivado por el blindaje; había que hacerlo para que su sonido mismo no se grabara. La cámara era chica; lo que pasa es había que aislarla completamente”.

“La 3D tiene mucho que decir”
Cuando surgió la televisión, don Demetrio Bilbatúa jamás tuvo la inquietud de preguntarse si el cine desaparecería. “Nunca lo creí”, relata, “pero sí cuando llegó internet, las pantallas y la fotografía digital. Cuándo esto entró, pensé que el celuloide se acababa”, hace una pausa, “lo percibí hace 18 años, así que empecé a olvidarme del celuloide para irme a lo digital”, y tiempo después fundó New Art.

Mejorando la toma. “Ver 3D con lentes es un problema”, reconoce el fundador de New Art. “Creo que esto se perfeccionará y el sonido evolucionará; sería complemento”, vaticina, “los ruidos serán tan importantes como el agua que salpicará al espectador. Hay mil cosas que están por hacerse”.

La esencia siempre será la historia y saber cómo contarla. “Como en una novela”, compara don Demetrio Bilbatúa, “el cine también tendrá que ser creativo, con imaginación y que sepa utilizar la tecnología que tiene en sus manos”.

Ver para crecer. Finalmente, el decano del documental ilumina el porvenir de su obra: “Tengo testimonios de más de mil documentales en cine que preservo mediante el Centro Cultural Cinematográfico de los Hermanos Bilbatúa. Estas cintas son la historia de la mitad del siglo XXI en México; como nadie la tiene”, y don Demetrio se despide anunciando su legado a la nación: “es una cineteca que donaré al pueblo de México, porque es la historia de este país en los últimos 60 años”.

Esa es la realidad.
Redacción: Víctor Baldovinos