Le pregunté a un amigo muy querido: ¿Alguna vez has experimentado la sensación de la muerte o ante una experiencia traumática has pensado en hacerte daño?

“¡No, jamás en mi vida!”, contestó.

“Mmmh…¿cómo?”. Yo no esperaba tal respuesta; “de alguna manera, todos hemos tenido algún problema existencial, ¿no?”, contesté; “¿Qué sientes cuando tocas el bajo?”, pregunté enseguida con asombro.

“No sé, ¡me encanta la música!”, afirmó.

Me quedé reflexionando varios días en esa charla; yo pensaba que venimos al mundo a luchar, a salir adelante, a trascender y que hay un precio que pagar por ello. Honestamente, se me revolvieron los sentimientos y quiero pensar que mi amigo debe estar venciendo la adversidad a través de la música.

Busca la plenitud si trabajas en la industria de la música y el espectáculo

En el arte es común adoptar la idea de que hay que sufrir para llegar al éxito; hay que atravesar los tenebrosos pantanos de problemas músculo esqueléticos, como le sucedió al excelente guitarrista Jason Becker; padecer serias enfermedades psicológicas y psiquiátricas, como Syd Barrett; experimentar adicciones en el caso de Janis Joplin, así como vivir problemas económicos y pobreza que pudo superar B.B. King, o tener enfrentamientos sociales y políticos como John Lennon, sólo por citar algunos ejemplos. Los artistas tenemos la oportunidad intelectual de impactar y transformar a las sociedades, muchas grandes obras salen de esas profundidades del dolor en todas sus formas.

Se dice que solamente el artista tiene el derecho de romper su obra; quizás un psiquiatra diría que el artista es limítrofe o borderliner, es decir, que se caracteriza por sus arrebatos impulsivos e inestabilidad del estado de ánimo. Es posible que un gran porcentaje de la música en el mundo esté compuesta sobre el amor y el desamor, quizás el resto se dirige a temas sociales diversos, la política, la protesta o aquellos logros significativos para criaturas como nosotros que podemos escuchar en temas como “We are the champions”. Tomando en cuenta este historial de experiencias dolorosas y sumando a todos aquellos artistas talentosos y creativos que pertenecen, y que pertenecemos, a los linajes milenarios de las bellas artes, todos somos descendientes de artistas. Me cuestiono: ¿Será posible crear desde un estado más placentero? ¿Será posible que mi amigo experimente eso cuando toca el bajo?

Desde hace unas décadas hasta nuestros días, se ha vinculado el fenómeno de las drogas, el alcohol y el descuido en la salud con la música, y esto abarca también a quienes están detrás del escenario. Parece que es hasta formativo para la personalidad pasar por esos umbrales llenos de problemas y traumas. ¿En qué momento sucedió esto? Artistas como Sting practican yoga, Steve Vai es dado a la meditación y está libre de escándalos; me parece que hoy existen artistas preocupados por su salud más que antes, artistas que buscan un crecimiento personal, como David Gilmoure y Roger Waters, visionarios de realidades paralelas y multiversos existenciales místicos. No pretendemos juzgar a nadie, ya que también interviene la calidad de vida familiar, factores biopsicosociales y políticos que son el foco de poderosas fuerzas sociales en conflicto y que afectan a los artistas para bien o para mal.

Para llevar una buena salud e higiene músculo esquelética con tu instrumento o si eres ingeniero y pasas horas en el estudio de grabación o en los conciertos, apóyate con el ortopedista o con un fisioterapeuta calificado que te aporten estrategias posturales. Como alimento imaginativo y simbólico para tu mente, asiste al teatro, al cine, lee libros, disfruta de conciertos y encuentros humanos, intercambia criterios y puntos de vista con otras personas. Para fluir con tus pensamientos y emociones procura visitar lugares naturales, de vez en cuando disfruta del ritmo de contacto con tu privacidad estando solo y otras acompañado; expresa tus sentimientos con personas y en lugares que sean adecuados para ti, donde te sientas respetado y sin ser juzgado. Trátate bien y con respeto; aliméntate bien: evita la comida industrial y procura que sea lo más natural posible. Hay quienes practican algún camino de crecimiento en las psicoterapias, donde no sólo se resuelven problemas, sino que también se va a crecer.

Recuerda que la mejor parte de ti es la que busca ayuda; las meditaciones ayudan bastante, así como el camino espiritual con el que te sientas en desarrollo. Procura estar con gente positiva y con la que puedas dar y recibir afecto; viaja cuando te sea posible, mantente con los pies en la tierra y con sensibilidad, pues es vital en el arte. El director de cine Steven Spielberg, cuando hace escenas de terror se asusta. Para lograr la calidad de la película tiene que sentir lo que el público verá.

Dejar ir a nuestros demonios

Se dice que el infierno está en la mente o psique. Cuando tranquilizamos a la mente de prejuicios y embotamientos racionales, vemos con mayor luz y claridad hacia la vida, los orientales son buenos en estos temas. El viaje por la realidad comienza con la imaginación. Este proceso lo vivió una persona en carne propia, la cual se suicidó. Es alguien que todos conocemos muy bien y que jamás menciona a su padre imaginario, quien, quizás lo abandonó y lo dejó sin dirección. Es alguien que se disparó en la cabeza y que tuvo que bajar a los infiernos como consecuencia de la transgresión a sí mismo.

Los demonios gritaban entre sí y de frente contra los ángeles para reclamar y pelear el alma del condenado, pero, ¿dónde está Galileo y su ciencia? ¿dónde está Fígaro El Magnífico para que lo salven? El niño que provenía de una familia pobre había cometido el acto más despreciable para la especie humana: el asesinato. Él era culpable, no sólo por lo que hizo, sino peor aún, por haber desperdiciado su propia vida. Era demasiado tarde, debía dejar todo atrás, despedirse y enfrentar la verdad, por eso, aquel niño clamaba en un grito ahogado por la esencia misma de la creación universal para que ella viniera a rescatarlo, sólo ella podía entenderlo y perdonarlo, sólo ella, su madre, lo puede absolver.

Ese niño no quería morir y al mismo tiempo deseaba nunca haber nacido; el hecho de ser un niño describe su estado de inocencia perdida ante la soledad; por tal razón, los ángeles quieren salvarlo y disponen que se le perdone la vida de esta monstruosidad, pero los demonios luchan hambrientos y feroces, vociferan místicas palabras poderosas y sagradas, palabras cargadas de tenebrosas intenciones y terroríficas condenaciones: “Bismillah, ¡no te dejaremos ir!”; “Déjenlo ir”, imperan los ángeles iracundos; “Beelzebú tiene un demonio apartado para ese niño, pero en plena conciencia de su libre albedrío, apela por su liberación y grita salvajemente: “¿Crees que puedes apedrearme y escupirme en el ojo? ¿Crees que puedes amarme y dejarme morir? No puedes hacerme esto, tengo que irme de aquí”. Su voluntad tomó fuerza y ya nada le importaba, de cualquier manera, la vida continúa y el viento sigue soplando, así que el niño por fin se liberó y encontró la salvación en aquella obra maestra de rock y ópera dramática llamada “Rapsodia Bohemia”.

Valga recordar la letra de esta obra de Queen para darnos cuenta de que atravesar el infierno personal nos da el fruto de conocernos de manera profunda, enfrentarnos con nosotros mismos en la frontera de nuestros límites y en ocasiones ir más allá de lo inimaginable. He entrado al quirófano aproximadamente 16 veces y acumulo 27 cirugías, lo que implica que la enfermedad me ha golpeado sin compasión. Hace años pensé que por fin eran las últimas cirugías y que había llegado finalmente al extremo de mis fuerzas y que nada más me podía pasar ya, sin imaginar lo que me esperaba, que era mucho peor y amedrentador, casi pierdo una pierna y experimenté seis cirugías más de cadera en mes y medio; esto me llevó a la discapacidad y a los confines de mi universo personal, de ahí mi aprendizaje actual, que se transformó en un mayor entendimiento, comprensión de mi vida y sensibilidad para con los demás. He confirmado que atravesando el infierno está la luz. Yo decidí vivir y ahora experimento la música con gran placer y me preparo hacia mi cirugía número nueve de cadera para reinstalar las prótesis y volver a caminar. Ojalá y espero no me operen más.

Esta es la razón por la que me identifico con el pequeño niño que se liberó y recuperó su alma, que se convirtió en adulto, y pese a padecer SIDA, reafirmó que deseaba hacer mucha música antes de morir y cantar con buen ánimo, con buen humor, ecuánime, creativamente bello y profesional. Él no estaba dispuesto a dejar de disfrutar la música; se exigió con verdadera pasión y dejó un valioso mensaje, no de sufrimiento, sino de placer y trascendencia. Este mensaje contestó a mis interrogantes: sí se puede reconfigurar al artista para crear desde otros lugares insospechados y bellos, como en la canción “These Are the Days of Our Lives”, hermosamente interpretada por aquel niño convertido en adulto, Freddie Mercury.

¡Hasta la próxima!

*Guitarrista, compositor y productor. Ex-guitarrista del grupo Kerigma (1989 – 1993), grabó el disco “Esquizofrenia”. Como solista, sacó su primer disco instrumental “Horizontes” en sound:check Xpo 2018. Psicólogo educativo, psicoterapeuta corporal y de pareja, conferencista, consultor en sexualidad, cuenta con el Postgrado CORE Institute of New York. Es empresario, filántropo, fundador y director de la fundación Más allá de la Adversidad AC, para apoyo de personas con enfermedades reumáticas.