“Desde los catorce años estoy en la música con las percusiones. La música electrónica siempre me ha apasionado, pues para mí, ésta y el jazz son géneros donde tienes un espacio para explorar sonoramente con la tecnología o con un instrumento. Poco a poco me fui metiendo en ese mundo, siempre me encantó y luego me sentí atraído por la música étnica, new world, que también disfruto muchísimo. Hacer música electrónica es como crear ciencia ficción: un mundo paralelo para tocar realidades desconocidas y me enamoré”. Habla Alyosha Barreiro, músico, compositor y artista sonoro cuya producción “Prehispánica Electrónica” ha cautivado la escena mundial, siendo clave en esta historia sus antecedentes como hijo de artistas, su preparación en Music Synthesis en Berklee College of Music y su inquietud por gestar vanguardia en la fusión de música electrónica y étnica, a través de las colaboraciones con colegas músicos y artistas visuales.

“Empezaron a invitarme a eventos internacionales como artista electrónico y yo quería representar a México de alguna forma, así que comencé a explorar y conocer el sonido de instrumentos prehispánicos”.

Concepto musical y de show en vivo, la puerta

Alyosha lo hizo al revés: ganó seguidores primero en los conciertos y luego con su disco. Eso le ha llevado a presentarse en el escenario principal de las conmemoraciones del Bicentenario de la  Independencia en nuestro país, tener giras por Europa y participar en festivales de Sudamérica, y recientemente, ser convocado para la reinauguración del Museo de Antropología de Viena y una presentación especial en el KIT Royal Tropical Institute de Amsterdam, en el marco del Dance Event.

“Empezaron a invitarme a eventos internacionales como artista electrónico y yo quería representar a México de alguna forma, así que comencé a explorar y conocer el sonido de instrumentos prehispánicos como el caracol y la ocarina y me pareció muy interesante para añadir en mi propuesta. Tuve un año de conciertos muy importantes cuando fue el Bicentenario de la Independencia de México en el Zócalo y luego en la celebración de Día de Muertos, donde conocí a Nok Niuk, quienes se volvieron mi familia, mi grupo en Prehispánica Electrónica por nueve años”.

“Cada concierto es una historia para mí”, detalla Alyosha; “para mí no es lo mismo hacer un videomapping en Tlatelolco como el del Día Internacional del Medio Ambiente o estar acompañado por una orquesta sinfónica para la inauguración de la Estela de Luz. Lo que ha pasado es que creamos un show que tiene varios elementos estéticos y técnicos que lo hacen único. Hay una propuesta visual, músicos en vivo, danzantes, varios elementos que acompañan esta música para entregar una experiencia distinta que la gente pueda recordar”.

“Para mí, los mexicanos tenemos todo para marcar tendencia en lo artístico, tecnología y talento que siempre va a la vanguardia”.

Prehispánica Electrónica conquista el mundo 

El debut del disco Prehispánica Electrónica en 2017 tomó por asalto las listas del World Music vía  streaming, logrando segundo sitio en una de las plataformas más importantes. Esa noticia tomó a Alyosha y su grupo en gira por Europa lo que ratificó su acierto en la forma de concebir artísticamente la producción del álbum: “Prehispánica es un disco de diez tracks que quería presentar como un álbum completo, que me llevara a un viaje imaginario de un humano que recién pisa la Tierra y se encuentra con la naturaleza. Participan Tonana, una cantante en lenguas indígenas, y Ramiro Ramírez Duarte (uno de los fundadores del grupo Tribu)”.   

Desde su primer disco, Alyosha ha invitado a colegas a su expedición sonora con el objetivo de vislumbrar qué se puede aportar, cómo trascender: “En el primer disco estuvo Alex Otaola y actualmente estoy haciendo dos discos: uno es la continuación de Prehispánica que estoy trabajando en mi estudio y el otro es un disco con Alex Mercado (pianista), quien es una inspiración para mí. Lo invité a un concierto de Día de Muertos y nos fue muy bien; ahora nos metimos a Estudio 13 a hacer un disco donde hay mucha improvisación y en dos horas salieron diez canciones; música hermosísima que quedará en un álbum”.

Para el disco con Alex Mercado estamos grabando en Estudio 13, una sala muy bien acondicionada que tiene sus cuartos separados y un piano Bösendorfer muy bello. Entonces grabamos los instrumentos por separado. Para mí es buena opción, porque las colaboraciones que estoy haciendo donde llega un percusionista, se graba otra parte y se puede dar seguimiento desde la cabina de grabación. Este sistema es muy maleable y el resultado es fabuloso”. Alyosha ha dejado el trabajo de mezcla y masterización a oídos externos como los de Dave Arlington; Óscar Zambrano, Alex Benger y Siddharta Eliseo.

Con la intención de acondicionar su equipo de grabación, el que posee Alyosha demuestra que se trata de sacar el máximo provecho con el equipo que se tiene: “Mi centro de control es una interfaz Liquid Saffire, una MacBook Pro y los controladores Push de Ableton que me facilitan controlar las sesiones; el Impulse de Novation y varios sintetizadores como el Roland JP 8000, Arturia para MIDI, Novation Play para en vivo y varios teclados Dave Smith Instruments. Tengo mucho hardware y de software ocupo Arturia para las emulaciones y el KOMPLETE de Native Instruments para sampleos”.

“En cuanto a monitores, tengo los JBL LSR4300; en micrófonos tengo Rode NTK, MXL 990 y los principales de Shure. Como backline tengo congas LP en patrocinio; un Kaosspad y Chorus Echo de Roland, guitarras Johnson, Fender y Les Paul, un piano Sterling y de batería conservo mi Yamaha Stage Custom que tengo desde la universidad, en platillos me doy vuelo con los rides; tengo varios de Sabian. Nada extraordinario, pero sí equipo que conozco y me da opciones para experimentar”.

“Conservo mi batería Yamaha Stage Custom que tengo desde la universidad; en platillos me doy vuelo con rides de Sabian”.

Compartir, básico de la enseñanza

Uno de los compromisos que Alyosha Barreiro cubre como artista es aportar en la formación de mejores personas a través de la música. Para ello creó Beats por la Educación, un programa en alianza con la Secretaría de Educación Pública que le permitió dar clases de música gratuitas a chicos y gente interesada en hacer del estilo musical que le apasiona una opción laboral: “Hicimos cosas padrísimas: conciertos en el Palacio de los Deportes con más de seis mil chavos en el proyecto. Impartimos seminarios, armamos grupos de cien o doscientos chicos y les damos clases de música con el objetivo de compartir y tener una cultura sana a favor de la música. De pronto somos muy cerrados y pensamos que al hacerlo nos quitarán proyectos. Y pues no: se trata  simplemente de contar tu experiencia y abrir perspectiva. Eso es importante”.

“Para mí, los mexicanos tenemos todo para marcar tendencia en lo artístico, tecnología y talento que siempre va a la vanguardia. Si no lo creemos ahí está el cine y lo que está pasando con éste en el mundo. De pronto no nos la creemos, pero el artista mexicano es muy respetado en todo el mundo. En mi caso hay una identificación con esta música, estas sonoridades; hacemos un performance que lo complementa y para mí es generar un ritual contemporáneo”.

Con esa motivación como extra, la decisión consciente de Alyosha por trascender las fronteras con su electrónica prehispánica, se mantiene firme: “Sé que no hago pop, rock o un género que de alguna forma la gente ya consume. Lo que hago es música que me ha buscado a mí, un sonido que me encanta y me produce esta emoción hasta atemporal que anhelo compartir con la gente”.

“También impartimos seminarios, armamos grupos de cien o doscientos chicos y les damos clases de música con el objetivo de compartir y tener una cultura sana a favor de la música”.

Entrevista: Nizarindani Sopeña / Redacción: Marisol Pacheco