Cuba, una isla en medio del Caribe con una enorme tradición musical; sonidos africanos y europeos en perfecta amalgama creando los más intrigantes ritmos y melodías, los cuales han sido sello de ese pueblo. En medio de todo eso nació y creció un ingeniero sonoro llamado Alfonso Peña, hoy en día conocido y reconocido ampliamente en la industria de la música y el audio y que ofreció una amena charla durante la Conferencia Anual AES México, teniendo como marco la más reciente sound:check Xpo.

En busca del camino

Alfonso es una persona especial que entiende la música desde adentro, lo mismo un día trabajando un proyecto de jazz con Herbie Hancock, que en otra ocasión mezclando trova con Pablo Milanés y otro día más colocando micrófonos sobre los instrumentos de la Orquesta Sinfónica de Moscú, o discutiendo los pormenores del monitoreo antes de un show del Afro Cuban All Stars. “Estoy en el mejor momento de mi carrera”, asegura Alfonso; “he ido escalando sin proponérmelo y en este instante estoy trabajando en proyectos que me llenan mucho. Estoy en un punto en el que me puedo dar el lujo de escoger dónde participo. Por ejemplo, ahora mismo me encuentro trabajando con la hija de Pablo Milanés y con los Afro Cuban All Stars. Soy su ingeniero de sala, pero también me encuentro haciendo labor de estudio, que igual me llena”.

A los diez años, Alfonso admiraba mucho a Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y Joan Manuel Serrat, y desde esa edad decidió que quería ser como ellos. Sus papás le regalaron una guitarra y comenzó a estudiar música por algunos años. “Después de algún tiempo me di cuenta que eso era lo mío, y después de la preparatoria, en Cuba teníamos la posibilidad de elegir cinco carreras que podíamos estudiar en el país o cinco que podíamos estudiar en el extranjero. Entre ellas estaba una que se llamaba Técnica Acústica, para cursarse en Rusia. Y aunque me aconsejaron que no eligiera esa carrera porque sólo había una sola plaza, yo insistí, y siendo un buen estudiante como era, conseguí la posibilidad de ir a estudiar a aquel país”.

Desde niño, Alfonso gustaba de agregar audio a los filmes mudos que tenía en casa, por lo que lograr el pase a un instituto donde se estudiaba audio y cine era una realización total. “En Rusia tuve unos profesores magníficos. Todos eran una eminencia, además de que tuve la oportunidad de estar en contacto directo con todo el mundo cultural de la escuela rusa: el teatro, el ballet, la música y demás. Todo eso fue magnífico… una fuente de aprendizaje excepcional”.

Después, para llegar al punto en donde se encuentra ahora, fue trabajo arduo. “Cuando me gradué me llevaron a trabajar al teatro Nacional de Cuba, para dirigir la parte del sonido. No me fue mal, pero me costó mucho trabajar con un staff que ya estaba viciado por mucho tiempo. No obstante, considero que crecí mucho. Me puse a experimentar tan pronto tuve mi primera obra de teatro, puse sonido ambisónico e hice muchas otras cosas muy interesantes. Posteriormente tuve la oportunidad de colaborar con Carmine Coppola, que fue a La Habana a hacer todas las obras de las películas de Francis Ford Coppola con la Orquesta Sinfónica Nacional. Al haber culminado este proyecto yo estaba muy motivado y me di cuenta de que ya no había vuelta para atrás. Un grupo que se llama Moncada me contrató. Trabajé con ellos por diez años, que creo que fue la mejor época de ese grupo; después empezaron a cambiar integrantes y ya no me gustó tanto”.

Hasta ese momento, la mayor parte del tiempo de Alfonso había sido dedicada al audio en vivo, por lo que decidió involucrarse más en el estudio. Trabajó con enormes músicos como Hernán López Lusa, uno de los mejores compositores y pianistas de Cuba y más tarde con un cuarteto vocal llamado Sexto Sentido. “Era un grupo muy bueno”, comenta. “Pero lo que me ofrecían por el proyecto era realmente un presupuesto demasiado bajo. Sin embargo, luego me comentaron que el productor era ruso y por alguna razón me llamó la atención ese hecho, así que acepté”. “Desarrollé una muy buena amistad con él, y gracias a este productor, que fue el fundador del primer club de jazz de Moscú, además de ser un gran admirador de la música brasileña, conocí a músicos como Toquinho, Joao Donato, Marcos Valle y otros. De la misma manera me llamó a colaborar en el famoso concierto Viva Bossa Nova que él organiza cada año en Moscú, con la orquesta sinfónica de esa ciudad. Así se marcó una verdadera diferencia en mi carrera”, recuerda.

Y claro que sí, Alfonso se fue adaptando a la nueva tecnología que iba surgiendo con el paso del tiempo; le tocó toda la transición del equipo análogo al digital. “En general adopté muy bien los formatos digitales. Trabajé mucho tiempo con análogo, grabé discos de esa manera en La Habana, Italia, Inglaterra y Venezuela e hice giras con equipo análogo; sin embargo, cuando empezaron a surgir formatos digitales, lo utilicé de inmediato”, menciona; “estoy hablando de los DA88 y de los ADAT. Yo no pasé abruptamente del análogo a los DAW, sino que fui adoptando lo digital según iba surgiendo, así que grababa con DA88 y ADAT en una consola Amek y cuando estos cayeron en desuso y fue lanzada la plataforma Cubase, de inmediato la abracé. Debo decir que desde su inicio, es decir, desde que era puro MIDI, me encantó esa plataforma”.

“He trabajado con Pro Tools, desde luego, y más tarde grabé con una consola digital por primera vez, que era una Yamaha 02R, y en vivo la primera vez que me topé con una consola digital fue con una Innovason. Simplemente me pareció fabuloso el hecho de que yo podía tener acceso a toda una gama de efectos, ecualizadores y controladores de dinámica, sobre la consola”.

La industria del audio logra cada vez más avances y pone al mercado una variedad más amplia de productos para uso en todos los niveles: desde producciones de calidad mundial, hasta las grabaciones netamente caseras o los conciertos locales. Lo que llama la atención según Alfonso, es la calidad del equipo que se puede adquirir hoy en día, tanto, que casi cualquier marca puede sorprender al momento de satisfacer alguna necesidad específica de algún proyecto. “Hace algunos años”, recuerda Alfonso, “estaba yo grabando en Cuba con un trompetista excelente que se llama Mayquel González, en el estudio Abdala de La Habana, donde tienen el Neumann TLM170, que me encanta para la trompeta; siempre lo uso, así que esa fue mi primera elección y no me gustó. Probé con el Neumann 414 y tampoco me gustó. Usé un Microtech Geffel 92.1, que es un excelente micrófono ¡y no me gustó!… De pronto por ahí del rincón saqué un Samson C01, lo instalé, lo probamos, y en ese momento todo mundo saltó diciendo: ‘¡Ese!’. Así que en estos días un micrófono de noventa y nueva dólares podría sacarte de un apuro”.

Alfonso ha visitado México muchas veces y dice considerarlo su propia casa. Opina que este país realmente cada vez tiene más que ofrecer en todo, pero hablando de la industria del audio, le parece un lugar increíble. “Cada vez que vengo veo mucho más movimiento en el sector. Me gusta que cada vez haya mayor profesionalización y acceso a mejores equipos, a la vez que noto que se organizan muchos más eventos de calidad mundial”.