IMG_0562El Estudio 19 que hoy conocemos nació a mediados de los años ochenta, en un departamento del séptimo piso de la calle de Algeciras en la Ciudad de México. En aquella sala había una consola Neve, una grabadora Ampex de 24 canales, varias Ampex estéreo, algunos DATs, equipo de bulbos, accesorios y muchos micrófonos, que se guardaban en un almacén-cuarto de servicio. Moderno, contaba con un elevador para seis personas.

El concepto tiene 35 años, desde que sus técnicos se enfocaban en hacer copias y sonorización con equipos de refuerzo. En aquella época, algunas canciones que llegaban del extranjero duraban cuatro o cinco minutos, pero las estaciones de radio mexicanas sólo programaban piezas de tres, por lo que muchas se editaban. Los ingenieros del Estudio 19 hicieron notables ediciones para radio; tanto, que incluso el popular grupo Opus (autor del éxito Life is Life), los felicitó por el resultado que habían logrado en su radio edit.

Por el peso de su trayectoria y la importancia de la fecha (veinte años se dicen fácil, pero en Estudio 19 se han vivido con intensidad), la conversación con algunos quienes formaron y forman parte de este equipo era necesaria. Así, personajes del audio como uno de los fundadores de este recinto, Francisco Miranda, acompañado de Fernando Roldán, Humberto Terán, Salvador Tercero, Mintel Alonso y Michelle Desachy, nos dieron las pistas para conocer las raíces de sus triunfos.

La pasión es todo

La historia de Estudio 19 se generó a partir del interés que Francisco Miranda sentía por los micrófonos. “Los coleccionaba porque me gustaba el sonido que daba cada elemento. Para mí era muy importante lograr los sonidos que escuchaba por ejemplo en discos de los The Rolling Stones o The Who, porque siempre me ha gustado el sonido inglés, aunque el americano también tiene grandes ejemplos de calidad de grabación”.

La entrega. “Desde chico, me gustaban mucho los equipos y jugaba con los radios de bulbos y las televisiones; los micrófonos TelefunkenU 47 literalmente me hicieron un hoyo en los dedos porque me brincaron 130 voltios de corriente directa. Los RCA77, que son dinámicos, dan unos pellizcos tremendos cuando fijas la malla si no la sabes poner. Así aprendí a repararlos”. 

Por su formación y la música que le gustaba, Francisco empezó a coleccionar uno y otro micrófono; de pronto, tenía muchos. “Cuando compré una grabadora me di cuenta de que teníamos suficiente equipo para hacer un estudio”.

IMG_0508Durante diez años, Francisco Miranda fue el studio manager e ingeniero de grabación en los legendarios Estudios Crystal. “Durante mi carrera en PolyGram trabajé con grandes figuras del mercado nacional y del ámbito internacional. Por ejemplo conocí a Jean-Michael Jarre, Trevor Horn como productor de Frankie Goes to Hollywood y muchos personajes más, ingenieros, artistas y productores. Antes de salirme de ahí, estuvimos trabajando por lograr mi sueño, que era tener un estudio y hacer mis grabaciones, quería cerrar la puerta y que nadie me interrumpiera, pero resultó ser difícil porque también tenía que estar pendiente de las disqueras, artistas, la relación cliente-músico y ellos requerían de mi absoluta atención”.

Diseñado por y para la música

“Tengo amigos holandeses que conocí durante mi estancia en Polygram y compartieron muchos de sus conocimientos acústicos para realizar este proyecto”. Francisco va a fondo; “también nos basamos en el concepto de Jeff Cooper por conocer su ideología y logramos la acústica que tenemos en Estudio 19”.

Prácticamente desde cero. Cuando se mudaron a las instalaciones en la calle de Villahermosa en San Jerónimo, el terreno era una bodega y jardín que se utilizaba para fiestas, propiedad de Yuriria Robles, socia y co-fundadora. Ahí se empezaron a construir todos los muros: Una versión editada de los comienzos del estudio, sin querer omitir hechos ni a nadie importante, pero por el espacio que apremia a este reportaje, nos concentraremos en detalles específicos. Francisco Miranda apunta: “las paredes son de 30 centímetros de ancho, rellenas de arena cernida, para tener una masa apropiada, pisos flotantes, paredes absorbentes o reflejantes, trampas de bajas frecuencias y demás. Nos tardamos tiempo en construirlo, porque lo hicimos con nuestros recursos. Fue complicado construir esto, pero todo fue a nuestro gusto y con las especificaciones que buscamos”.

“Lo principal que hemos logrado a lo largo de los años en Estudio 19”, continúa Francisco, “ha sido consolidar equipo humano que ha hecho funcionar este sistema. Personajes claves que han contribuido, al paso del tiempo, a materializar nuestros ideales y alcanzar las metas perseguidas. Son muchas estrictas normas que hemos cumplido para lograr estos objetivos y satisfacer a nuestros clientes y amigos con el resultado del estudio. Personajes como Héctor Riveroll, Gerardo Macín, Narciso y Carlos Montaño (QEPD), Hugo Villanueva, Raúl Durand, José Luis Pichardo, Manuel López, Carlos Gabriel, David Bojorges y otros tantos más, que pese a que ya no contribuyen a diario con su experiencia y conocimiento, llevamos una amistad y mantenemos un respeto mutuo en nuestras actividades. Sin querer omitir a nadie, tan sólo ejemplifico con Omar Martínez, Valeria Palomino, Antonio Jiménez, Iván Leyva, Marcela Garza, Alberto Vértiz, en fin, tantos amigos más”.

El 19, de los pocos estudios con placas de reverberación. “Tenemos placas de reverberación EMT. Son enormes: de 2.30 metros de largo”, explica Francisco Miranda; “son de metal, se excitan como si fueran una bocina y tienen un par de micrófonos con los que se capta la reverberación. Es un concepto cien por ciento natural, en donde se excita un medio y esas reflexiones se toman en los puntos acordes, para que no haya cancelaciones. Regresa la señal y se mezcla con la música. Si se fijan, en todos los equipos de reverberación, sean plug-ins o reverberadores digitales, tienen la emulación de “placa”; las mismas que precisamente aquí tenemos”, muestra.

Constelación armónica. “En Estudio 19 me ha encantado trabajar todo tipo de géneros, no puedo decir en especial uno. Podría mencionar a Luis Miguel, Christian Castro (que grabó aquí rock and roll muy pesado), o Ron Wood de Rolling Stones. Para mí eso fue inusitado”, cuenta la historia; “porque vino un productor inglés, Pierre de Beauport, a hacer scouting y le gustó el estudio. Nosotros estábamos muy nuevos en ese tiempo y cuando nos dijo qué artista vendría a grabar esa misma noche, le contesté: ‘¡por supuesto que no!’; ¿cómo iba a traer a Ron Wood aquí? Los Rolling Stones venían de grabar en Londres el Voodoo Lounge. Pierre nos dijo que teníamos lo que se necesitaba para una producción de esa naturaleza; finalmente, Ron grabó aquí y tenerlo en los primeros días de vida del estudio fue algo increíble”. ¡Una confirmación de que habíamos hecho bien las cosas!

Visitantes distinguidos

La leyenda del audio Rupert Neve también conoció Estudio 19. Francisco Miranda cuenta este pasaje: “Vino con su esposa. Estuvimos platicando de muchas cosas. Él estaba al lado de nuestra consola PolyGram y me preguntó si podía sacar un módulo. ‘Por supuesto’, contesté. Lo sacó, empezó a revisarlo y me dijo si no tenía problemas con el interruptor de ganancia. ‘Sí, es un poco latoso y hay que limpiarlo periódicamente’. Rupert contestó: ‘!Se los dije!: Estos holandeses fueron tercos al insistir en poner este switch’. (Eran contactos bañados en oro, pero no tenían la presión suficiente y Rupert se percató de eso, porque él había co-diseñado esos módulos). Es una anécdota muy simpática e ilustrativa”.

Geoff Emerick, otra gran personalidad del sonido, fue atendido en el estudio. “Fue de los sueños que hemos vivido”, estima Francisco; “un gusto enorme tener su visita. Me pidió venir a conocer el estudio porque tenía interés; “se acababa sound:check Xpo y me preguntó si lo invitaba al estudio. Por supuesto lo recibimos, fue un gran placer. Vio nuestros equipos y se fijó concretamente en un limitador Altec como los que él había utilizado en Abbey Road”.

“Estudio 19 inició sus labores con una consola Auditronics, que habíamos comprado a Guillermo Gil, misma que se había usado en los estudios de LaGab. Hicimos algunas modificaciones, consultándolas previamente con los ingenieros de Auditronics en Tennessee. Cambiamos la red de feedback e incorporamos algunas resistencias y algunos circuitos integrados. Hicimos lo que hacía falta electrónicamente, incorporamos transformadores Jensen y el resultado fue excelente”, señala Francisco. “Posteriormente, cuando cambiamos a la consola Amek Angela, algunos productores nos comentaban que extrañaban el sonido de los Auditronics, por lo que hicimos un rack con módulos de 12 preamplificadores/ecualizadores que se parchan a deseo del cliente”, gozando ahora de la alta calidad de sonido y flexibilidad de la Angela.

Mejores tiempos para la música

“Creo que ahora estamos pasando por un bache, como sucedió con el MIDI”, recuerda Francisco Miranda; “pero salimos y volvió la calidad de las orquestas y músicos. Han pasado otras cosas en el medio de la grabación que eran necesarias porque había excesos, pero pasamos por eso, sobrevivimos y aquí estamos”. ¿Alguien predice qué vendrá? “¡No se sabe a nivel mundial!”, menciona. “Platico con gente de muchos lados y no sabemos qué pasará, pero estoy seguro de que nosotros seguiremos grabando y contando con la preferencia de grupos nuevos, no sólo de artistas consolidados. Hemos trabajado con artistas muy jóvenes, como Jessy & Joy, hasta con Alex Lora, que tiene mucho tiempo grabando con nosotros”, finaliza el fundador de Estudio 19.

Fuerza de orgullo

“Realmente Pancho y yo crecimos en la industria”, considera el ingeniero Fernando Roldán; “convivíamos diez horas diarias en los estudios de PolyGram. Él fue a montarlo y yo pasé a ser el gerente del estudio. Una cosa importante que pasó ahí fue grabar a Robert Plant. Alguna vez, él comentó que era el mejor sonido que había logrado en un estudio; en Polygram México. Eso llena de orgullo”.

El 31 de mayo de 1995, el estudio de Polygram cerró sus puertas. “Había quedado trunco un proyecto de Tania Libertad y Armando Manzanero. Entonces, Tania recomendó hacerlo en Estudio 19”. Fernando hace memoria: “Tania ya conocía el estudio y para ese proyecto estuvimos reunidos Pancho y yo con Salvador Tercero. Otras de las primeras grabaciones fueron para la Delegación Coyoacán en vivo: uno era con Orquesta Sinfónica y otro con el Coro Monumental grabado en el Foro Cultural Coyoacanense. Fuimos de los primeros estudios en México en hacer grabaciones remotas. Hicimos el de Lola Beltrán en el Palacio de Bellas Artes, a ocho canales”.

Un plan para crecer. “A mi parecer, Estudio 19 es el mejor estudio de México”, explica Fernando; “es el Disneylandia de cualquier ingeniero de grabación. ¿Qué ecualizador, compresor o reverberación quieres? Ahí está. Tienes para escoger: digitales o análogos. Hace un mes tuvimos una grabación de rockabilly y utilizamos reverberaciones de resorte; era lo que se utilizaba y tenemos dos, con un sonido característico que ninguna máquina digital lo da. Aquí, tenemos la versatilidad de escoger el equipo que queremos, para obtener el sonido que buscamos. De 1995 para acá, estoy al pie del cañón, luchando por proyectos nuevos y trabajando juntos”.

Ganando Latin Grammys. “Yo tengo algunos”, dice Fernando Roldán sin falsa modestia; “uno por la grabación de Joan Sebastian y otro por el de Kumbia Kings en vivo, en la Arena Monterrey ambos grabados por el equipo de Estudio 19. Otro lo obtuvo por la grabación en el estudio del disco Yo no fui de Pedro Fernández. Hemos hecho muchas cosas juntos, como los aniversarios 35, 40 y 45 de El Tri. El último álbum grabado por nosotros fue en la Arena Ciudad de México. Ese lo mezclamos entre Mintel Alonso y yo”, recuerda.

Saber trabajar en grupo. “Hablando de los discos de El Tri, uno de ellos lo grabó Craig Brock”, señala Fernando; “pero la mezcla la hicimos aquí y cuando lo oyó él, me dijo que se escuchaba el mismo concepto que él había comenzado. Eso fue muy importante para mí”.

Como un matrimonio. “A veces, Pancho y yo hemos discutido, pero somos afines, hasta en nuestros hobbies: los carros. Yo sigo estando aquí y Francisco me sugiere qué probar. Y le sigo haciendo caso, porque mi mejor amigo es él”, reconoce Fernando Roldán al terminar la plática; “hemos vivido muchas cosas durante un lapso bastante grande: 35 años”.

La grabación, una de las bellas artes

Mientras más se registra, mejor queda. “En proyectos de Estudio 19 tuve la fortuna de practicar, por ejemplo, con los compresores”, relata otro de los profesionales de la grabación que ha trabajado innumerables ocasiones en este estudio: Humberto Terán. “Podía usar cualquier equipo, experimentar o llevarlo a sonorizaciones al Auditorio Nacional y usarlo con un cantante. Hace 20 años, tuve sonorizaciones con 25 micrófonos Neumann para la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México. Nadie tenía eso más que Estudio 19. Era un privilegio sonorizar a Ramón Vargas en Bellas Artes con el Neumann KMS 85. Este estudio me dio la oportunidad de trabajar con esos micrófonos. Era un placer sonorizar con lo que tienen aquí”.

De locación. “Estuve haciendo muchas cosas en Bellas Artes, con los directores Enrique DiemeckeEduardo Mata”, continúa Humberto; “también música contemporánea. Con Francisco, tuve pláticas muy fuertes que me hicieron cambiar; no mi arquitectura del sonido, porque eso es de cada quien, pero la vida profesional como debe ser y la estructura administrativa para generar un proyecto, él me la dio. Me sacó de un modelo idealista y me metió en el riel de cómo deben ser muchas cosas”.

Intensos proyectos. “Todos importantes. Aquí estuvimos con muchas personalidades, pero eso era lo normal; en ese tiempo, Luis Miguel nos conectó con el mundo internacional al traer a grandes ingenieros como Benny Faccone y Paul McKenna. Ver cómo trabajaban ellos nos abrió la mente y grabar a esos niveles nos obligó a crecer. Los ingenieros que estuvieron en esos proyectos fueron fabulosos y tener la oportunidad de aparecer en esos créditos definitivamente nos dio linaje”. 

Sin linaje, no hay carrera. “Gracias a Estudio 19 he trabajado en el pop y el rock. La parte sinfónica, la acoplamos aquí, la trajimos y fue fabuloso”, continúa Humberto Terán; “surgieron nuevos valores como Valeria Palomino. Ofreció una infraestructura de trabajo y la certeza de que el equipo estaría a las nueve de la mañana listo para grabar, hace 20 años”.

Certeza que da continuidad. “Sin duda, Estudio 19 significa Francisco Miranda; no va separado”, acredita Humberto. “Hoy cuesta trabajo hacer una empresa de este tipo, estructurarla y llevarla con orden, pero Francisco es fundamental y lo mejor que le pudo pasar a Estudio 19”.

Dejó la visión romántica. “Grabar para mí era natural”, concluye Humberto, “porque le decía a Francisco: ‘tengo este proyecto, hagamos el input list con este pre amplificador y estos micrófonos’. Llegaba la realidad y nadie me condicionaba nada. Él nunca se metió conmigo ni me cuestionó. Me ha dado sus opiniones, pero nos amoldábamos a los puntos estéticos. Mezclábamos en un ambiente muy agradable, aislado y de respeto. Lo sintetizo así: Estudio 19 ha logrado mucho éxito y por supuesto lo merece”.

El trabajo en equipo ayuda al crecimiento

Salvador Tercero cursó su carrera en el Instituto de Investigación de Audio (IAR, por sus siglas en inglés), de Nueva York. Cuando regresó a México en 1985, traía el consejo del maestro Albert Grundy para acercarse a Francisco Miranda en el Estudio Crystal de PolyGram. Aunque no pudo contratarse inmediatamente ahí, la temporada que pasó en Discos Gas le sirvió para conocer de cerca el quehacer de los ingenieros de grabación. De ahí, siguió a operar la sala del Centro de Espectáculos Premier, donde fue su reencuentro con él.

“Estaba pensado en ti”, le dijo Francisco Miranda; “para ver si te interesaba un proyecto; vamos a grabar a Angélica María y si quieres freelancear, puedes quedarte”. Salvador Tercero renunció al Premier ese mismo día, fue por su maleta y tomó un nuevo rumbo. Francisco y Fernando Roldán se habían ido a una convención de Audio Engineering Society y el Estudio Crystal se quedó sin ingenieros de grabación.

“Vete al estudio, para que te digamos cómo está el asunto”, le apuró Francisco Miranda. Llegó el productor español Honorio Herrero y creo que me fue muy bien”, rememora Salvador; “la grabación duró tres semanas. Regresaron Francisco y Fernando del evento de AES, me quedé con el tercer turno como freelance y aprendí el concepto de trabajo en equipo, ya que Fernando y Pancho tenían proyectos en los que empezaba a las diez de la mañana y terminaban a las diez de la mañana del otro día. Así estuve un año”.

Salvador entonces partió a Cancún, a un proyecto de instalación en hoteles. Al volver, conoció la incubadora de Estudio 19. “Ya estaban en el edificio de Algeciras, había llegado el equipo y Humberto Terán estaba muy presente, haciendo el transfer del catálogo de BMG a DAT, trabajando como si fuera un cuarto de copiado, pero todavía no había estudio de grabación. Pancho empezó a hacer la colección de las joyas que hay aquí y surgieron proyectos en vivo”.

Su primer encargo a 24 tracks fue la grabación de Luis Miguel en el Premier, a mediados de 1989. “Originalmente nos rentaron la máquina porque venía a grabar Benny Faccone”, detalla el ingeniero; “bajamos la grabadora desde el séptimo piso, llegamos al lugar y nos dio la instrucción de conectarla y empezar a grabar. Él ecualizó. Me quedé toda la noche conectando y así fue cómo empezamos a diseñar formalmente las grabaciones en vivo. A partir de ahí, se generaron muchas cosas”.

En los años noventa, cuando todos los equipos empezaron a mudarse al predio de San Jerónimo, Salvador Tercero ayudó a llevar las cosas y armar el estudio, de acuerdo al diseño. “Era un bodegón; se organizó un proyecto y en lo que se construyó, arrancamos dando servicio arriba, en el cuarto de edición digital; con el equipo Studer-Dyaxis”.

Los años maravillosos. “El esquema de trabajo, la gente que entraba y salía era de altísima importancia”; describe Salvador Tercero; “llegaban a México las primeras reverberaciones AKG y los samplers. En ese sentido, Estudio 19 siempre ha sido para llegar y ver qué dulce voy abrir. Y me ayudó a entender el sonido del instrumento. Estudio 19 así se concibió y así sigue; no le falta un fierro. ¿Hay otra forma? concluye el hoy fundador de la escuela de audio y estudio de grabación Sala de Audio”.

Futuro tras el cristal

Mintel Alonso compraba sus propios discos desde los siete años. Gracias a su padre y a Francisco Miranda, se acercó a la tecnología en los estudios de PolyGram siendo todavía un pequeño.

Ahí, “me tocó saber qué era un runner” (los asistentes en los estudios de grabación), después me tocó conocer Estudio 19 desde que era un terreno y hasta la fecha no dejo de aprender lo maravilloso y complejo que es el audio profesional”, recuerda; “en especial la fortuna de tener a los mejores mentores (Francisco, Humberto, Fernando, Salvador), buenas lecciones. Así aprende a ver lo importante que son algunas producciones y a admirar todo tipo de música. Me enseñaron cómo todos los trabajos tienen el mismo peso profesional y cómo hacer las cosas: bien y a la primera. No hay segundas oportunidades. Otra parte muy importante de mi formación es gracias a Carlos Montaño, Hugo Villanueva, Raúl Durand, David Bojorges y José Luis Pichardo; gente invaluable del equipo de Estudio 19, con quienes he vivido incontables proyectos y maravillosas experiencias.

Para mí, trabajar en Estudio 19, simplemente no lo puedo considerar trabajo, sino toda una aventura de vida; es mucho más que un estudio de grabación: es un espacio creativo, un lugar donde suceden historias, donde nacen proyectos, talento, buena música, y claro: muchos juguetes para grabar”, finaliza Mintel.

Nuevas presencias con toque femenino

Una grata sorpresa. “Desde el momento en que conocí al staff del Estudio 19, me di cuenta de que en México hay profesionistas totalmente dedicados a su carrera”, valora la joven ingeniera de audio Michelle Desachy; “después de regresar de estudiar en Estados Unidos supe que aquí hay una calidad impresionante y que estoy en el lugar correcto”.

Michelle estuvo trabajando en Las Vegas, cubriendo el back stage de los Latin Grammys. “A través de las Jornadas Educativas AES en sound:check Xpo, conocí a Francisco Miranda”, recuerda; “hubo un acercamiento. Le conté sobre mí y le dije que Estudio 19 era de los mejores del país, no sólo por los discos que han hecho, sino por su conocimiento. Él me invitó a venir y en el momento que entré, me di cuenta de lo que había detrás: el esfuerzo, los años de trabajo, la inversión y sus logros. Para mí, fue saber que quería ser parte de esto a un nivel más profundo y aprender”.

Primero venía a las sesiones. “Prácticamente como colada”, sonríe Michelle; “ayudaba en lo que se pudiera, hasta que fui ganando un lugar. Mi primera labor grande fue con Alex Lora, haciendo mezclas para el álbum 45 años de El Tri. Conocer a un artista como él fue muy aleccionador: me di cuenta de lo que conlleva una carrera artística de 45 años, el trabajo con los productores y su confianza en Estudio 19. Si él está depositando su nombre en este estudio, claramente es por algo. Esa experiencia con Alex fue muy especial y derivado de ella, he estado participando en mezclas, haciendo rutas, parcheos o en lo que se me permita asistir”.

Legado sonoro. Estudio 19 cumplió veinte años de abrir sus instalaciones y 35 como concepto al servicio de los profesionales. Líder en las grabaciones mexicanas, sus fundadores Francisco Miranda, Yuriria Robles y los ingenieros cómplices de su aventura han marcado un alto nivel de calidad, ejemplo para las producciones musicales en nuestro país. Con trabajo en equipo y valor agregado, los éxitos aquí producidos todavía siguen sonando. Su secreto es simple: amor por la música.

Redacción: Víctor Baldovinos