Actualmente, es frecuente saber de alguien que usó la computadora para hacer música. Desde la explosión de computadoras personales en la década de los ochenta –con la proliferación de marcas y modelos y una drástica disminución de precios–, surgieron múltiples opciones de software dirigidas al gremio musical. Sin embargo, es algo más difícil conocer de qué manera se utilizó la computadora dentro de una producción musical: tal vez para grabar y editar una interpretación, o para crear nuevos timbres y sonoridades electrónicas o para capturar una partitura orquestal de cien páginas y elaborar sus veintitantas particellas. Cada una de las tareas mencionadas requiere un diferente tipo de programa y conocer cuál se debe utilizar en cada ocasión es de primordial importancia. Por esta razón es que presento mi pequeña guía para el novato, con siete categorías de programas de amplio uso en el estudio o en el escenario.

Las opciones

1. Secuenciador. Este programa puede grabar, modificar, reproducir y almacenar información MIDI que representa una interpretación musical, lo que se realiza conectando un piano electrónico –u otro instrumento MIDI– a la computadora o tableta por medio de una interfaz de este tipo (en ocasiones se puede evitar el uso de la interfaz con un cable directo del instrumento a un puerto USB). Al poner el secuenciador en modo de grabación, todas las teclas que pulsa el intérprete, así como la activación de los pedales y otros dispositivos, como la rueda de inflexión de altura, quedan grabados en forma de mensajes numéricos que describen la pieza ejecutada. Si se cuenta con un sintetizador multi-tímbrico se pueden grabar hasta 16 partes musicales –melódicas o armónicas– que utilizarán 16 timbres diferentes del mismo para crear arreglos y orquestaciones de gran complejidad. Las funciones de edición permiten modificar las notas grabadas –en altura, duración e intensidad–, así como cambiar el tempo, modificar el timbre de cualquier melodía y borrar, mover o copiar desde una nota hasta secciones enteras de la pieza.

2. Notación musical. Hay secuenciadores que pueden mostrar la información MIDI usando notación tradicional; no obstante, aunque permiten crear partituras de cierta calidad, siempre serán limitados al compararlos con programas dedicados exclusivamente a la grafía musical. Los programas de notación también tienen ciertas funciones MIDI del secuenciador –como reproducir con diferentes timbres cada uno de los pentagramas mostrados–, pero su finalidad es la parte visual, más que la sonora: aquí vale más la apariencia de la página –que sea legible, clara, con neumas y signos de buen tamaño para la lectura, con cómodas vueltas de página–, a que los caracteres musicales sean tocados correctamente por la computadora. Por ejemplo, no importa mucho si el símbolo de trino o los trémolos o el cifrado armónico no son sonados adecuadamente por el programa, con que se vean claros en la página impresa es suficiente. Programas dentro de esta categoría son Finale, Musescore y Sibelius.

3. Audio digital. De manera similar a como una imagen es digitalizada con un scanner, una interfaz de audio convierte a números la señal eléctrica que le llega de un micrófono o de un instrumento electrónico conectado a ella –en un proceso llamado sampling–; estos números son almacenados en el disco duro de la computadora y después pueden ser leídos para ser transformados en una señal de audio que a través de un audífono o bocina arribará al oyente. Una de las grandes ventajas del audio digital es la capacidad de modificarlo de diversas maneras: se puede escuchar el sonido del final al principio, se pueden eliminar, copiar y pegar secciones de audio de una manera facílisima –gracias a la visualización de la forma de onda en la pantalla–, y se pueden añadir y quitar a voluntad procesamientos sonoros como ecualización, reverberación, eco, efecto de coro y demás. Si bien existen programas de audio digital muy sencillos, también tenemos las llamadas estaciones de trabajo de audio digital o DAW (Digital Audio Workstation), que añaden el manejo de MIDI a través de la integración de un secuenciador y que pueden incluir también instrumentos virtuales (ver más adelante), así como funciones básicas de notación musical. Ejemplos de DAW son Pro Tools, Digital Performer, Cubase, Logic y Ableton Live.

4. Instrumentos virtuales. Estos programas son sintetizadores y samplers que evitan toda la parte física de los instrumentos –teclado, pedales, ruedas, botones y demás–, y se enfocan en recrear en la computadora al generador de sonido de los mismos. Pueden existir en forma independiente (stand-alone) o como plug-in que se hospeda dentro de un secuenciador, DAW u otro tipo de programa.

5. Acompañamiento automático. A partir de una progresión armónica que se les proporciona –tecleando su cifrado con los símbolos usuales de C7, Dm, Gm7b5 y demás–, estos programas crean varias pistas de acompañamiento a una melodía, consistentes en una base rítmica de bajo y batería, partes armónicas con piano y guitarra, cuerdas y otros instrumentos más. El usuario elige el estilo musical –jazz, bossa, rock, reggae, balada, etcétera–, así como el tempo y los instrumentos, puede cambiar a placer la tonalidad y determinar la estructura de la pieza con gran detalle –con o sin introducción, el número de repeticiones de cada sección, las casillas y la ejecución de leves variaciones sobre el estilo seleccionado–. Los arreglos así obtenidos pueden exportarse como archivos MIDI o de audio para que el estudiante de música o el instrumentista profesional puedan tener una pista sonora de calidad que acompañe su interpretación. Programas muy conocidos de esta clase son iReal Pro y Band in a Box.

6. Editores y bibliotecas de patches. Aunque es muy grande el número de sonidos –llamados, técnicamente, patches–, que almacena en su memoria un sintetizador digital, puede llegar el momento en que sea necesario mandar esta información a una memoria externa y así tener espacio en el instrumento para un nuevo grupo de timbres. Un programa de biblioteca de patches puede recibir vía MIDI el conjunto de timbres del sintetizador y guardar todo el grupo (o banco) como un archivo, de forma que se pueden tener distintos bancos de sonidos para diferentes proyectos musicales o formar un nuevo banco con selecciones individuales de patches de otros bancos. Si bien pueden existir de forma separada, es muy común que las bibliotecas se incluyan con los editores de patches, programas que permiten modificar los timbres del sintetizador con representaciones gráficas de los parámetros del sonido en la pantalla de la computadora, haciendo este proceso más intuitivo, fácil y rápido. Las bibliotecas de patches pueden ser genéricas –esto es, que pueden usarse con instrumentos MIDI diferentes–, pero los editores son específicos, ya que cada uno de ellos sólo funcionará con un modelo en particular de sintetizador.

7. Lenguajes de programación para música. Cuando de estudiante aprendía solfeo con el libro de Georges Dandelot (1895-1975), me imaginé la posibilidad de tener una versión computarizada del mismo: un programa que presentara en pantalla notas aleatorias sobre un pentagrama, a las que el usuario respondería pulsando en un teclado electrónico las teclas correspondientes; además de tener las tres etapas de aprendizaje de dicho método, podría añadírsele la medición del tiempo de respuesta y una modalidad donde existiera una alternancia entre dos claves cada cierto número de notas. Por supuesto que era imposible encontrar una aplicación así, basada en un método tan específico como el Dandelot, por lo que me di a la tarea de programarla con el lenguaje Basic que venía incluido en una computadora Commodore 128 que me prestaban en la escuela. Para este tipo de tareas tan especializadas que puede requerir un músico es que se utilizan lenguajes de programación como Csound, SuperCollider y Max/MSP, los que a través de comandos e instrucciones dirigidos al manejo del sonido permiten al educador, compositor, intérprete o investigador musical el diseño y escritura de programas que nunca encontrarán en el mercado.

¡Hasta el próximo artículo!

*Licenciado en órgano por la Facultad de Música de la UNAM y profesor del Conservatorio de Música del Estado de México. Después de ser tecladista del grupo de rock Iconoclasta, en 2009 funda su agrupación GOVEA, con quien ha producido dos discos compactos y un DVD. Ha compuesto obras para orquesta de cámara, cuarteto de cuerdas, orquesta Big Band, y su pieza “Subliminal” (para cello y electrónica) fue grabada en 2019 por Jeffrey Zeigler (ex-integrante del Kronos Quartet). Escribe sobre análisis y apreciación del rock progresivo en su blog www.salvadorgovea.com