Galardonado como “Mejor Álbum Cantautor” del Latin Grammy 2021, “Seis” de Mon Laferte es una placa hecha en la parte más álgida de la crisis sanitaria de 2020, para el cual se acondicionó su casa y ahí se hizo la mayor parte de la captura hasta adaptar los procesos de logística, pre, producción y post producción en ese lugar y posteriormente en las sesiones en Estudio 13.

Son los productores Manú Jalil y Sebastián Aracena, además del ingeniero de grabación y mixer de uno de los temas, Eduardo del Águila, quienes relatan el amoroso y desafiante proceso para sacar a la luz este disco.

“La enseñanza para mí es volver a hacer un disco de manera muy cercana al artista, sus productores y músicos. Poder hacer discos de esta manera, rescatar la interacción para hacer música y poder convivir más en el momento en que se está creando un disco o una canción, aunque después se separen y terminen haciendo la música cada quien en su lugar, eso es la tecnología para mí, pero la enseñanza más grande de ‘Seis’ es la buena sensación que me quedó de estar con gente 15 días haciendo un disco”.

Eduardo Del Águila.

Del ímpetu creativo a la preproducción

Con el encierro global marcado por la emergencia sanitaria, la chilena puso las emociones en servicio para componer, siendo Sebastián el primero en recibir el llamado para hacer con esas letras un disco: “Mon comenzó a hacer muchas canciones y el día que decidió que haría “Seis”, quiso que estuvieran dos personas muy importantes para este proyecto, que son Jalil y Lalo Del Águila, que fueron a su casa e instalamos el estudio ahí porque no podíamos salir, era junio de 2020”, recuerda.

Tras ese periodo de composición a tope, llegó Jalil, con quien arrancó el proceso de arreglos musicales y maqueteo en MIDI: “Llevamos los temas a los sonidos que queríamos de mariachi, cuerdas, banda sinaloense, banda itsmeña y muchas cosas que marcaron los arreglos para dirigir la personalidad del disco, que es único, justo porque tiene muchos estilos y colores. Posteriormente llegó Lalo e hicimos las corridas de arreglos, ya teníamos todo, Mon lo escuchó y le encantó, salvo una canción que al final no quedó, pero lo demás ya estaba armado. Lo siguiente fue llevar todo el equipo que necesitábamos: bocinas, amplificadores, micrófonos, preamplificadores y demás”.

“Lalo y yo ya teníamos la experiencia de haber trabajado con Mon en discos y producciones previas, hicimos uno de los discos más icónicos, “La Trenza”, y por eso buscamos mantener el equipo, porque hay buena onda y talento; Sebastián se integró hace algunos años para una gira y ahora también le tocó la producción musical. Mejor equipo no podíamos tener. También integramos otros ingenieros a distancia, como Abelardo Rivera, Gonzalo ‘Chalo’ González, Pepe Navarro y Felipe Castro y algunos músicos y músicos como Daniel Zlotnik, que no pudieron estar por el tema sanitario, pero pudimos mantener los equipos con la distancia social que marcaba el momento; fue aprender a hacerlo de esa manera”, relata el coproductor.

El momento del project studio    

Con los demos y la claridad estética de los arreglos y la personalidad del disco tan claros, el acondicionamiento del sitio en la casa de Mon, donde se grabarían las canciones, así como la selección del equipo para ello, fue la siguiente tarea. Así lo relata Eduardo Del Águila:

“Llenamos los autos con todo lo que Jalil tiene en su estudio, lo de Sebastián, y también pedimos equipos a amigos de marcas, como el caso de los convertidores Burl que Abelardo Yepez, de Solidelectron, nos hizo favor de prestar. Juntamos todo lo que conseguimos y teníamos el reto de hacer un disco de muchos géneros, por lo que grabamos músico por músico, siendo el principal Sebas, quien aparte de producir, fue quien se encargó de arrancar básicamente cada track. Empezábamos con él y después iban desfilando los músicos que se organizaron de una manera muy estricta por todas las medidas sanitarias. Todo fluyó muy bien, estábamos en un lugar maravilloso, con una vista increíble, muy cómodos, con buen clima y arropados por la naturaleza. Todo cuajó y estuvo muy alineado, a pesar de que era complicado organizarlo y hacerlo músico por músico; las sesiones más complicadas fueron cuando se juntaron tres o cuatro músicos al mismo tiempo (las cuerdas y los metales), por todos los cuidados sanitarios que debíamos tener”.

“Mi aprendizaje esta vez fue la capacidad de adaptación con los recursos que teníamos debido al tiempo mundial que tocó. Respetamos al artista lo más posible, en su sonido y sus arreglos; estar compaginados y tratar de traducir de la mejor forma lo que tiene en la cabeza. También destaco la convivencia que nos permite tocarnos como músicos, artistas, productores y escucharnos juntos, convivir… Esa magia se está perdiendo y hay que rescatarla”.

Sebastián Aracena.

“Llevamos unos 16 convertidores para tener entradas múltiples para la batería, además de un set de micrófonos que fuimos cambiando de un lugar para otro (elegidos antes de empezar, según los instrumentos que se iban a grabar). Básicamente fue eso, más 12 o 14 preamplificadores, 12-14 entradas hacia la computadora, 12-14 micrófonos y con eso fuimos haciendo todo. Como no había muchos músicos al mismo tiempo tocando, sabíamos lo que necesitábamos usar y de ahí íbamos rolando de un instrumento a otro. También estuvo Joel Orta, stage manager de Mon, un personaje muy importante en la grabación que nos estuvo asistiendo con todo lo técnico y los instrumentos para tenerlo listo cuando se necesitaba”.

“El cuarto donde grabamos resultó naturalmente con muy buena acústica después de haber colocado unos grandes telones que Mon tenía. Joel tapizó el gran cubo que era ese espacio y quedó un lugar muy bueno acústicamente. Hicimos unas pequeñas divisiones con unos páneles, pero una vez que acabamos de grabar lo que reproducíamos, se podía oír perfectamente. La acústica que quedó fue un sonido como más muerto, muy apagado el cuarto, pero nos ayudó perfectamente a hacer el disco y a no tener la inquietud de si acústicamente se estaba capturando algo que no se necesitara”.

Con el marcado de las canciones y sus arreglos, la logística caminó: “Sabíamos qué, quiénes y cómo iban a ser las sesiones; somos muy organizados, así que fluyó, pero tuvimos que apurar la grabación, en particular del tema que sería el primer sencillo, “Que se sepa nuestro amor”, la canción con Alejandro Fernández. Uno de los primeros retos fue terminarla y sacar todas las que fueran con formato mariachi. Ya teníamos todos los papeles muy bien escritos, así que la gente llegaba a tocar una, dos, tres veces el tema y terminábamos. En un día teníamos la grabación terminada de tres temas, por así decirlo, porque ya estaba todo bien planchado: los arreglos, las partes que iban a tocar y llegaban los músicos a grabar”.

“La grabación más extensa que tuvimos fue para ‘Calaveras’, que es con orquesta completa, al igual que ‘Amado mío’; otra con cuerdas, que fue ‘Aunque te mueras por volver’ y también hubo canciones para las que necesitábamos tener a los ocho músicos juntos para que sonara a lo que queríamos. Esa fue la grabación más complicada. Luego fuimos a Estudio 13, donde ya hemos hecho muchas, y nos dieron la oportunidad de realizarlo, porque ellos también estaban con las restricciones a tope. Fueron dos días allá con las cosas muy bien organizadas, cubrebocas todo el tiempo…fueron condiciones de grabación muy extrañas por todo ese tema, pero lo logramos”, destaca Jalil.

Las voces se grabaron en cuatro días, repitiendo sesiones para temas como “La mujer” y “Se me va a quemar el corazón”, marcando horarios para minimizar el ruido ambiental u otras modificaciones que la intuición y emoción de la intérprete dictaran: “Mon siempre dice que quiere tener el disco dos meses antes de grabar voces para aprenderse perfectamente las canciones, pero al final llegaba al estudio y decía que quería grabar voces en un rato, así que preparábamos todo y grabábamos, comparte Jalil.

“A Mon le gusta hacer mucho tomas continuas porque para ella la energía y la emoción son lo más importante. Estábamos a merced de que si sonaba algo (en particular del entorno de la naturaleza en el estudio montado en su casa), había que limpiarlo, pero no íbamos grabando pedacitos, sino que hacíamos toda una gran toma; lo escuchaba y hacía sus notas para corregir o dejarla así, si le gustaba”, añade Sebastián. 

El disco quedó grabado en 14 días. “La crisis sanitaria nos enseñó a hacer una producción muy larga y detallada, donde no había tiempo de improvisar en el estudio, entonces teníamos que checar todo dos veces. Mon es una artista muy visceral y para ella, la emoción es lo más importante. Nosotros como productores y Lalo como ingeniero, tenemos que estar muy preparados para ese momento. Todos los tipos de trabajo son válidos e increíbles; específicamente con Mon fue así, todo preparado para que ella se sumerja en su estudio, que fue su casa, y pueda hacer la magia y poner la emoción que ella quiera”, destaca Sebastián.

“Mi experiencia en este proyecto fue rescatar la cuestión de la salud mental que pegó en el confinamiento, pero que también trajo la fortuna de tener a estas personas cerca, gente muy querida, y poder hacer música con cariño y amor, porque pocos equipos pueden hacerlo. Es una de las grandes magias de este disco: se oye el amor con el que fue hecho; es como un abrazo y me quedo con eso, con el equipo de trabajo inmejorable que lo hizo posible. No le quitaría nada, no le pondría nada. Fue simplemente perfecto para mí”.

Manú Jalil.

Oídos aliados: mezcla y masterización

Además de Eduardo del Águila, quien mezcló dos tracks del disco, se convocó a expertos en los géneros que dieron alma al álbum:. Así lo cuenta él: “Este disco está muy bien planeado desde la producción hasta la idea de Mon de tener tantos géneros, y por ello había que involucrar a gente que supiera muy bien de ellos. Jalil y Sebas fueron muy audaces y listos, junto con la cantautora, para buscar a las personas que mezclaron esos tracks; así, Abelardo Rivera hizo muchos, porque hay varias canciones de mariachi, mientras que Chalo González, desde Chile, ha masterizado todos los discos de Mon y obviamente hizo la de este nuevo álbum”.

“En mi caso, mezclé los temas más rockeros en mi estudio; Jalil y Sebas me los mandaron ya limpios y revisados, no los vi a ellos ni a Mon para hacer mi trabajo; ésta es una forma que vengo trabajando con ellos y otros desde hace tiempo, pero también extraño el método de antes, cuando  me reunía con la gente para escuchar. Lo que hago a veces es por lo menos tener una videollamada para saber lo que pasa con las canciones de los grupos en cuestión. Sí incorporo la tecnología y trato de rescatar lo que necesito para poder hacer el trabajo. En este disco no era necesario vernos, porque ya veníamos de trabajar juntos por 14 días y estaba todo muy claro desde el principio de la grabación”, menciona Eduardo.

Intercarlar la estética y métodos de los mixers de las canciones con invitados, fue otro importante desafío, como comentan Jalil y Sebastián: “Todos los discos de Mon, después del ‘Volumen 1’, los ha masterizado Chalo González, prácticamente todas las canciones, salvo ‘Norma’, pero sí, él es un miembro del equipo desde hace siete años.

“Respecto al trabajo con otros ingenieros de mezcla, tuvimos que trabajar de otra forma, porque cuando hacemos colaboraciones con otros artistas deben tener la aprobación de otras personas”, comenta Jalil, y Sebas añade: “En este caso, se juntaron dos formas y estéticas de trabajo muy distintas; Jalil y Lalo se conocen perfectamente y todo estuvo muy claro”. 

Con tres fechas sold out en el Teatro Metropolitan en la Ciudad de México, el disco “Seis” de Mon Laferte se ratifica como un álbum cuyo proceso amoroso, creativo y de adaptación es preciso mirar para quienes tienen el concepto del disco como un camino y desafío. Orgullo que se haga con talento latinoamericano.

Entrevistas: Nizarindani Sopeña / Redacción: Marisol Pacheco

 

“Seis”, de Mon Laferte: grabación en casa

Computadora

  • (1) Macbook Pro

Monitores

  • (2) Focal Trio 11b

Superficie de control

  • (1) Avid S1

Convertidores

  • (1) Burl Mother Ship 8X8, (1) Burl B2 Bomber
  • (1) Universal Audio Apollo X8P

Preamplificadores

  • (2) Neve Shelford
  • (1) Chandler EMI TG2
  • (1) Universal Audio LA610 MKII, 1 Universal Audio 4 710D
  • (1) Avalon 737
  • Equalizadores y compresores
  • (1) Equalizador API 5550
  • (1) Compresor API 2500
  • Microfonía
  • (2) Coles 4038
  • (2) Royer 122
  • (1) Neumann M149
  • (1) Soyuz 017Series
  • (1) AKG D12, (1) AKG451EB
  • (1) Beyerdynamic D M201, (1) Beyerdynamic D M88, (1) Beyerdynamic D M160
  • (1) EV R20
  • (3) Sennheiser 451, (3) Sennheiser 421

SFX

  • (1) Roland Chorus Echo 501
  • Audífonos
  • (1) Beyer DT990
  • (1) Sony MDR 7506