José Madero en el Estadio GNP: la iluminación como arquitectura emocional


Fotografías cortesía: Julius Buenrostro @soyeljulius  /  @alec_taft, @pablomontielfilm  /  @ALAN_I_AM

Con un concierto sold out en el Estadio GNP Seguros, en la capital del país, José Madero coronó uno de los momentos más emblemáticos de su carrera. Su show presentó más de 40 canciones de su repertorio y, para sostener la emotividad en la narrativa que implicó la duración de casi cuatro horas del espectáculo ante más de 63 mil personas, fue crucial el concepto lumínico creado por el colectivo Hexalighting.

La participación del colectivo comenzó cuando Marcos Rubio recibió una llamada de Édgar Loredo, production manager de la producción, de la cual surgieron dos desafíos: el primero, destacar los distintos bloques emocionales y momentos íntimos que explotaban en remates masivos, provistos en la narrativa audiovisual de un concierto con 44 canciones en el set list, y como segundo, hacer que ese concepto y diseño funcionara en un entorno monumental como un estadio al aire libre, donde se suman cámaras para transmisión de video y teléfonos móviles grabando entre los fans. 

El desafío de iluminar a escala estadio

Hubo un concepto base del show. Un esqueleto, pero no un diseño cerrado; además, la producción no buscaba a alguien que solo ejecutara, sino un perfil de gente creativa y técnicos con criterio para producciones de esta escala, capaces de entender que la iluminación deja de ser acompañamiento y se convierte en arquitectura emocional. 

Para lograrlo, Édgar Loredo explica que entre los compromisos que ya tenía José, estaban la Arena Guadalajara, una gira pendiente por Europa y este concierto en el Estadio GNP Seguros, que era el evento top. Sobre el equipo humano, comenta que ya conocía a Marcos por otros trabajos. Cuando surgió la inquietud de hacer algo para el GNP, Marcos le propuso a su equipo. “El concierto tenía un par de particularidades. Era un one shot, lo que implicaba hacerlo todo perfecto, y José requería algo a la altura del recinto. Los referentes eran espectáculos internacionales de primer nivel, y la directriz fue clara: hacer algo que el público disfrutara y se convirtiera en una experiencia extraordinaria”.

El cantante dio indicaciones sobre los temas que quería abordar, sobre todo en video. “A partir de ahí, se desarrolló un diseño base que él aprobó. José está al pendiente de cada detalle artístico, musical y de la ejecución del show”.

Para esta ocasión, todo un ejército se volcó en el proyecto. “Solo de Hexalighting fueron seis personas, más seis de iluminación, seis de video, nueve técnicos de escenario y seis de oficina. Unas treinta personas del equipo de José, más las compañías proveedoras, Logra y Ocesa, que movilizaron a más de doscientas personas”, menciona Édgar.

Por su parte, Marcos Rubio, jefe de proyecto de iluminación del colectivo Hexalighting, comenta que conoce al jefe de producción desde un proyecto con bandas como La Gusana Ciega. “Edgar es muy clavado en el diseño. Él hizo el esqueleto del concierto, que fue propuesto a José, y nosotros nos dedicamos a materializar las ideas”, menciona. “El circuito cerrado fue muy importante, y de ahí vino la magnitud de la pantalla de video. Las luces fueron un gran complemento”.

Edgar retoma la palabra para explicar que, por el tipo de evento, querían algo fino, limpio, que desde cualquier punto fuera visible el video y se disfrutara la iluminación. “Buscábamos que ambas cosas coexistieran sin estorbarse; algo que Hexalighting supo resolver al cien por ciento fue el cuidado de las cámaras”. Marcos añade: “Todo se integró en la iluminación para tener cubierto todo el estadio, evitando que las torres de delay obstruyeran la vista”. Edgar añade que los houses se colocaron fuera de la parte central para que el público viera el escenario en su totalidad, y Marcos señala que desde cualquier lugar se tenía que apreciar lo mismo: la pantalla en la mejor resolución, los videos en alta calidad y la propuesta de luces.

“Se armó un colectivo con gente muy talentosa, con Hexalighting y el equipo de CCTV con Jerónimo Ruelas, ‘Roni’, de Visual Lab. Entre todos armaron este colectivo para dar dirección y lograr que todo saliera lo mejor posible”.

En este sentido, las tecnologías lumínicas innovadoras fueron aplicadas. Marcos destaca: “Chauvet innovó con el Color Strike M, un equipo de talla mundial. Además, la consola Chamsys MQ500M funcionó de maravilla. El show corrió por SMPTE sin problemas, con una consola de cuatrocientos universos y otra de respaldo”.

Marcos comparte su lema: “Siempre debe haber un mutuo acuerdo entre video y luces para que se complementen. Contaron con Visual Lab y Roni Ruelas para ejecutar videos y el CCTV. Los visuales los crearon Gravity y Class Music. Todos trabajaron para que José brillara. Usaron 160 luminarias Color Strike de Chauvet, más 74 Strike Array. El equipo lo suministró Logra”.

Edgar reflexiona: “Mi mayor aprendizaje fue expandir la tolerancia, las jornadas y a controlar el estrés. Fue mi primer show en el Estadio GNP Seguros. Lo mejor fue la colectividad, la comunicación y la coordinación”.

Marcos comenta su reto: “Fue un desafío grande, pero Edgar les dio las armas y fueron libres en la programación. Nos dijo: ‘Aquí está su lista de equipo’, y con eso trabajamos. Hubo una base sólida de diseño que nos dio libertad”.

La eficiencia como premisa de diseño 

Profundizando en detalles técnicos, la base para la estructura lumínica del show la dio elegir la consola ChamSys MagicQ y, el método para el éxito recayó en la participación del colectivo Hexalighting, conformado por Diego Reyes “Diegote”, Alfredo Reyes “Tacho”, Marco Rubio, Delher López “Delher”, Ignacio González “Nachix” y Alberto Pérez “Kala”. Seis perfiles distintos dentro del espectáculo en vivo que aportaron la programación, transmisión televisiva, dirección de cámaras y seguidores, operación, integración técnica y supervisión estructural.

Cada integrante asumió un frente definido dentro del sistema, lo que permitió que el show no dependiera de una sola cabeza, sino de una estructura distribuida que sacara adelante la magnitud del espectáculo, que exigía múltiples perspectivas creativas con una solidez en la ejecución técnica, toda vez que, uno de los errores más comunes al pensar en un show de estadio es creer que la diferencia visual resultará de añadir más pantallas, más luces y más potencia, cuando la aproximación debe ser estructural.

Iluminar para shows en estadios pide aplicar diferentes recursos para el diseño y así cumplir con el objetivo de llegar a todos los asistentes por igual, como pueden ser: pixel mapping intensivo, integración directa con video masivo, seguidores y cámaras en tiempo real, automatización, multiprotocolo de red, operación simultánea desde distintos frentes y presión operativa constante.

Son el aspecto muitiprotocolo y la integración, los que llevaron al colectivo a elegir equipos de ChamSys MagicQ como núcleo del sistema, con la siguiente configuración: una MQ500 Stadium como consola central, una MQ250 como respaldo operativo y una MQ70 dedicada a programación y seguidores, que funcionaron como una plataforma común, brindando un sistema de respuesta rápida que le permitió al equipo discutir y tomar decisiones en tiempo real, sin miedo a que el sistema cayera.

Antes de programar canciones, el colectivo estructuró el sistema con el siguiente flujo: definición de capas base de iluminación, estandarización de paletas de color, creación de velocidades coherentes para bloques musicales, especificación de criterios para convivencia con video y atribución de responsabilidades por áreas.

La programación no se hizo con “cues aislados por canción”, sino por capas reutilizables, un método que permitió ajustes en vivo sin romper el show completo. En estadio, trabajar al límite genera ansiedad, porque puede ocurrir que el sistema se sature y cualquier cambio abría el riesgo, pero con esta modalidad de operación, el equipo ganó margen y libertad técnica. Así lo resume Tacho: “La consola te libera muchos universos… eso te quita mucha presión y lo logramos con la MQ250; por comodidad llevamos también la MQ500 y jamás perdimos comunicación”. La red combinó protocolos y se mantuvo estable.

En un estadio, garantizar la estabilidad no es un factor heroico, sino una obligación y, conseguirlo en más de 120 universos no fue casualidad, sino resultado del diseño y fiabilidad de los equipos en el sistema. El día del show no hubo una sola persona “corriendo todo”.

Marcos Rubio

En el diseño se usaron de 115 a 122 universos activos y a esto se sumó un universo DMX con 512 canales. Multiplicado por más de 120 universos, la solución debía ser consistente para gestionar decenas de miles de parámetros activos simultáneamente (movimiento, color, dimmer, segmentación pixel, efectos, integración con video), todo viajando en tiempo real y sin fallas. 

Por ello, el punto fuerte de esta aplicación no solo fue la cantidad de universos, sino cómo se organizaron. Al respecto Alfredo Reyes “Tacho”, resume: “Solo necesitas la consola y el visualizador”. Esta noción de practicidad se revela como la reducción de fricción pues, en muchos flujos de trabajo, escalar implica añadir hardware, dependencias y pasos intermedios. 

En este caso, el enfoque fue mantener el sistema limpio, una guía que también ayudó a tener una buena comunicación en la dinámica con la gente de video. Los involucrados pudieron incluso estar durante el proceso de programación y hacer ajustes de brillo de pantalla, canción por canción, para no “matar” la iluminación.

En este sentido, lo valioso no fue solo decir “nos coordinamos”, sino mantener el principio artístico, pues hubo momentos donde el video debía dominar, y otros donde bajaba para “explotar” la luz. Esa convivencia se logró para cumplir el objetivo común de entregar un show completo, tanto para los fans y como el artista.

Por eso, la premisa era clara: el sistema debía ser tan sólido que la conversación el día del show fuera artística, no técnica, en otras palabras, la consola no debía convertirse en tema. Así, cuando la tecnología no interrumpe, el equipo puede concentrarse en la experiencia: programar más de 40 canciones no es lo mismo que sostenerlas. 

El verdadero examen ocurrió en vivo, donde el riesgo no fue correr el primer bloque, sino el tercero o el cuarto, cuando la adrenalina inicial bajó y la concentración debía mantenerse por disciplina y es ahí donde el workflow de MagicQ se convirtió en protagonista, gracias a su control por capas que permitió ajustar intensidad —sin reprogramar—, reducir brillo si la pantalla lo exigía, recalibrar energía, conforme a la respuesta del público y corregir detalles de cámara sin comprometer movimiento general.

Rendimiento de alto impacto y control fino 

Cuando se habla de un show de estadio, la conversación suele centrarse en lo visible: el tamaño del escenario, la cantidad de luminarias, la pantalla, el público, pero el verdadero reto está en lo invisible, la presión no solo proviene del público también proviene del tiempo.

Con casi cuatro horas de show, la producción demandó mantener criterios críticos, como sostener la coherencia narrativa, sin repetición visual, administrar la energía del público, evitar fatiga estética y tener concentración operativa durante más de 240 minutos.

En ese sentido, el peso estructural del diseño recayó en las luminarias Chauvet Professional Color Strike M (160 unidades), que fueron elegidas como base por sus prestaciones estéticas, certificación IP65 para uso en exterior y, sobre todo, por su desempeño frontal visible, frente a pantallas masivas, y la capacidad de generar bloques de energía consistentes para armar un diseño dinámico que va más allá del estrobo tradicional, con la intensidad suficiente para no desaparecer frente al brillo del video.

De izq. a der: Gerardo Arizpe, Edgar Loredo, José Madero, Ricardo Trujillo y Germán Gallardo.

Para mantener el contraste en armonía, con un escenario dominado por una pantalla de gran formato, la iluminación debía coexistir, no competir sin criterio y, la potencia del Strike M, en compañía de la máquina Chauvet AM Haze Stadium, cumplió con los requerimientos para que el show se mostrará como estaba planeado y conseguir que todos los asistentes tuvieran una experiencia casi igual, cuidando el brillo emitido por la pantalla pues, si se subía demasiado, mataba la iluminación, o si no se cuidaba la temperatura, se rompía la narrativa. De ahí que los ajustes debían ser canción por canción, y la consola MagicQ respondió. 

En un escenario dominado por pantalla, la iluminación debe entender cuándo liderar y cuándo acompañar. Uno de los mayores retos en shows largos es evitar la repetición visual, el público puede no identificar técnicamente por qué algo se siente repetitivo, pero lo percibe.

Para evitar esto, el colectivo estructuró el show con variaciones de densidad, ritmo visual y distribución de energía, no todo fue máximo brillo. Hubo respiración y ésta se logró con un sistema que permitió modular sin fricción.

Se requería control fino, imprimir potencia sin convertirla en ruido, y desplegar recursos como el uso de segmentación pixel para crear profundidad real, aportó al manejo emocional y de percepción para los asistentes. ChamSys permitió control preciso, no solo intensidad masiva.

Integración, factor crítico 

Uno de los puntos más delicados en producciones de esta escala es la convivencia de protocolos. En un estadio, rara vez trabajas en condiciones ideales, ya que el proveedor entrega infraestructura y cada diseñador tiene sus necesidades y requerimientos, pues trabajan su propia lógica y al final todo debe convivir.

Aquí, la percepción del equipo fue clara: tuvieron margen, porque técnicamente, la MQ250 sostuvo lo planteado para el recinto, brindando tranquilidad que se tradujo en rendimiento y que sumó a la confianza que el equipo de producción logró construir desde el proceso de preproducción, afinando un método bien estructurado, que permitió incluso delegar la operación ya en el lugar, sin desestabilizar el sistema. 

El colectivo Hexalighting operó bajo una regla simple: nadie compitió por el crédito dentro del show, ni buscaron imponer estilos individuales. Buscaron coherencia. Cada quien tenía una responsabilidad y todos entendían el sistema completo, lo que permitió algo fundamental: si alguien necesitaba apoyo en vivo, el sistema lo absorbía; el show nunca dependió de un héroe, sino de un método bien aplicado.

Orgullosamente mexicano

En la conversación técnica apareció una declaración que conlleva un precedente cultural. “Somos mexicanos y lo hacemos bien”, una frase que aporta estima y valoración entre los profesionales de la industria mexicana del espectáculo. Para la producción y el colectivo Hexalighting, poder convertir esto en un estándar profesional es también un objetivo. Tacho lo expresa: “Queremos cambiar eso de que, por ser extranjero, lo van a hacer mejor. Somos mexicanos y lo hacemos bien”. Este show no fue operado por talento importado. Fue talento nacional sosteniendo las exigencias y desafíos de una producción de escala estadio.

Chauvet Professional Color Strike M, el peso estructural del diseño

Dispositivo estroboscópico y de wash motorizado con clasificación IP65, que combina dos tubos blancos ultrabrillantes con una superficie envolvente que permite la mezcla de colores y el mapeo de pixeles, además de un rango de inclinación de 180 grados para lograr efectos de iluminación versátiles y de alto impacto. Es ideal para crear grandes arreglos lineales y exhibiciones visuales dinámicas para conciertos, festivales y giras que requieren efectos estroboscópicos y de wash potentes y resistentes a la intemperie.

Máximo nivel de control

La consola Chamsys MagicQ MQ500 Stadium admite hasta 200 universos directamente desde la consola sin necesidad de procesamiento externo. Está pensada para espectáculos complejos y de alto rendimiento. Sus funciones permiten diseñar espectáculos desde el concepto hasta la realización, incluyendo iluminación, multimedia y LED. Cuenta con dos pantallas multitáctiles HD de 15 pulgadas con ángulo de visión ajustable y compatibilidad con gestos multitáctiles. Ofrece la mayor cantidad de reproducciones de la familia ChamSys, con 42 reproducciones que incluyen faders y ejecutores para actuaciones en vivo, lo que incluye 15 faders completos, 15 reproducciones ejecutables y una sección dedicada con 12 teclas multipropósito para macros, ejecución, reproducciones y paletas. Para un control adicional,es posible conectar un MagicQ Stadium Wing para obtener aún más reproducciones y otra pantalla táctil.

Incorpora el visualizador 3D MagicVis, que ofrece renderizado de haces luminosos y gobos de alta calidad. Esto permite preprogramar una nueva canción o crear nuevos efectos sin conexión, ahorrando tiempo en el lugar del evento.

Solución completa

La MagicQ MQ250M Stadium combina una gran capacidad de control de espectáculos con portabilidad para ofrecer una solución total de consola portátil. Es capaz de controlar hasta 128 universos sin necesidad de equipos de procesamiento adicionales gracias al software MagicQ, listo para usar. Sus 10 faders motorizados y 10 codificadores de reproducción (ambos retroiluminados) con ejecutores ofrecen un amplio espacio de programación en su diseño compacto diseño.