Por Javier Paniagua*
La industria de los conciertos en México atraviesa uno de los momentos más interesantes. Lejos de desacelerarse, el apetito por la música en vivo no deja de crecer. Hoy, ir a un concierto no es solo asistir a un show: es vivir una experiencia, formar parte de una comunidad, sentir energía colectiva que difícilmente se replica en otro formato. El público mexicano, con intensidad y entrega, se ha convertido en uno de los más valorados del mundo, y eso ha transformado al país en una parada obligatoria para artistas.
En medio de este crecimiento, la figura del promotor también ha evolucionado. Hoy, el promotor es estratega, creativo, negociador y, sobre todo, arquitecto de experiencias. Es quien detecta oportunidades, asume riesgos y convierte una idea en una realidad que moviliza a personas. Y dentro de esta nueva generación que entiende la industria desde una perspectiva integral, uno de los nombres que comienza a destacar es el de José Carlos Morales, mejor conocido como JC Mora.
El promotor es quien primero tiene la idea y, sobre todo, las ganas de hacerla realidad. Su trabajo se sostiene en tres pilares. las relaciones, la visión y el equipo humano.

Su historia no responde a una fórmula tradicional. Con formación en finanzas y con experiencia en consultoría de negocios, JC encontró en el emprendimiento una forma de acercarse a la industria desde múltiples frentes. Desde comerciar con productos siendo muy joven hasta trabajar en logística y operación de eventos, su recorrido ha sido una construcción progresiva de conocimiento práctico.
Durante la pandemia, cuando la industria entera se detuvo, él aceleró. Lanzó MUTE, un proyecto enfocado en generar experiencias dentro de los eventos a través del formato silent disco. Más que un negocio paralelo, le permitió entender el entretenimiento en vivo desde otra perspectiva: como creador de experiencias que conectan directamente con el público.
Con el tiempo, JC entendió que para desarrollar nuevas experiencias, era indispensable conocer cada una de sus áreas, desde la producción y la logística, hasta los costos y la relación con artistas y managers. Hoy, esa visión integral la aplica en su trabajo dentro de Apodaca Group, donde forma parte del área de promotoría, colaborando de cerca con Óscar Flores en la creación y desarrollo de conciertos y festivales. Pero lo que realmente lo distingue es que, más allá de ser promotor, JC Mora también está abriendo la conversación. En una industria que ha operado con poca transparencia hacia el público, ha decidido generar contenido a través de su cuenta @soyjcmora siendo pionero en compartir su experiencia para explicar cómo funciona un concierto: desde los costos invisibles, las decisiones estratégicas y los riesgos que existen detrás de cada show. No es solo un ejercicio de transparencia; es la construcción de una nueva relación entre la industria y sus audiencias.
Veo una industria en México que va a profesionalizarse a una velocidad que no hemos visto antes. Los costos crecen, el público es más exigente y el margen de error es cada vez menor. Eso obligará a que los promotores seamos más cuidadosos”.

Javier (J): ¿Cómo entraste a la industria de la música?
José Carlos (JC): “Todo empezó en 2017, casi por accidente. En los festivales existe una posición llamada runner, donde eres el host del artista en la ciudad. Básicamente, cuando son artistas que vienen de fuera, les facilitas la vida. Y tu misión más importante es que el artista esté en tiempo y forma arriba del escenario”.
“Yo seguía estudiando en ese entonces. Estaba en clase cuando me llamó quien hoy es mi esposa y me dijo: ‘Voy a entrar a trabajar a Pa´l Norte y necesitamos a alguien que nos ayude con un artista’. Tenía 21 años, todavía no me graduaba, y la verdad es que sin pensarlo le dije: cuenta conmigo. Ese mismo día fui a una junta, y así, de un momento a otro, fui runner de MXPX un día, y de Drake Bell al siguiente”.
“Así fue como arranqué. Sin un plan, pero con toda la disposición. Las oportunidades llegan cuando menos lo esperas.
J: ¿Cómo definirías el trabajo del promotor en la industria de los conciertos?
JC: “El promotor es quien primero tiene la idea y, sobre todo, las ganas de hacerla realidad.
Su trabajo se sostiene en tres pilares. Primero: las relaciones. Construir y mantener vínculos sólidos con artistas, managers y agentes. Segundo: Visión. Tener criterio para crear experiencias que conecten con el público, ya sea un show convencional o un concepto completamente nuevo. Y el tercero es el equipo: rodearte de las personas correctas, porque sin ellas, el evento no funciona.
A eso se suman decisiones estratégicas que definen cada proyecto: qué artista, qué recinto, qué formato, si es una fecha única o una gira, qué experiencia quieres que viva el público. Y una vez que el evento avanza, su principal responsabilidad es resolver problemas, sin importar de que área, cuidar la relación con el artista y su equipo, y respetar el presupuesto que él mismo definió.
Al final, nosotros vemos cada evento como un negocio independiente. Con su propio riesgo, sus propias finanzas y su propio equipo. El promotor es, en ese sentido, el empresario de cada show”.

J: ¿Estamos viviendo una burbuja en los conciertos o un crecimiento real?
JC: “La burbuja sí existe; no está en los conciertos, sino en los artistas. Las redes permiten que crezcan artistas muy rápido, pero esa velocidad no siempre viene acompañada de un proyecto sólido. Llegan al escenario sin una propuesta clara y, así como suben, bajan. En conciertos sí hubo una burbuja postpandemia. Hoy, el público es más selectivo, los boletos son más caros y la gente ya no puede ir a todo. Eso obliga a que cada evento justifique su valor. Además, México es una parada obligatoria para artistas; no encuentras un público como el de aquí en otro parte del mundo.
Entonces, más que una burbuja de conciertos, hay más oferta de talento y un público cada vez más exigente”.

J: ¿Hacia dónde va la promotoría en México en los próximos cinco años?
JC: “Veo una industria que va a profesionalizarse a una velocidad que no hemos visto antes. Durante mucho tiempo se ha operado con mucho instinto y poca estructura, pero eso está cambiando. Los costos crecen, el público es más exigente y el margen de error es cada vez menor. Eso obligará a que los promotores seamos más cuidadosos”.
“También veo más promotores locales compitiendo con las grandes compañías internacionales. Hoy hay talento y conocimiento en México para hacerlo. El público ya no se conforma con solo ver a un artista. Quiere algo que recordar. Los eventos que no piensen en eso van a quedarse atrás”.
J: ¿Cuáles son los costos invisibles que generalmente nadie considera para un concierto?
JC: “Más que invisibles, son costos que no dimensionas hasta que los vives. Montar un escenario desde cero para una sola noche tiene un costo muy grande detrás. Pero los que podemos definir como ‘invisibles’ son los porcentajes. La renta del recinto muchas veces va sobre taquilla, derechos de la Sociedad de Autores y Compositores, y los impuestos. Antes de vender un solo boleto, ya perdiste entre el 25 y 30 por ciento de la taquilla. A eso, hay que sumar que el artista se lleva entre el 35 y 40 por ciento, y todavía queda sumar costos de producción, operación, logística, marketing y demás. Cuando lo ves todo junto, entiendes por qué este negocio es tan complejo y por qué no cualquier evento termina siendo rentable”.
*Músico, productor, director musical y consultor en la industria de la música. Ha compuesto para más de 450 proyectos en televisión, cine y radio, incluyendo el Mundial de Qatar 2022, los Juegos Olímpicos de Tokio y el Abierto Mexicano de Tenis, además de campañas para Marvel, NFL, BBC y Apple. Es host del podcast “¿Qué es la música?”, uno de los espacios más influyentes de habla hispana sobre creatividad e historias de la industria musical.



