“Apoptosis” es el nombre del cuarto disco de la banda de garage- rock Inner Wave, proveniente de Los Angeles, Estados Unidos, placa cuyas canciones son temas reflexivos sobre lo que nos dejó esta pausa forzada, un reflejo de lo que acontece tras largo tiempo de estar a solas, la relación entre la naturaleza y lo artificial, en un mundo que se siente artificial y digital. Grabado en el primer trimestre del año, la producción significó un ejercicio que elevó la exigencia en su proceso de creación, sonando al unísono en el estudio True Sound.

“Comenzamos a hacer este disco a finales de 2020 porque no había shows y teníamos un deseo inmenso de tocar juntos. Nos fuimos a True Sound y grabamos con equipos de cinta de los años 70; estuvimos dos semanas grabando todo lo que pudimos y terminamos el disco en febrero de este año, haciendo la mezcla entre marzo y abril”, comparte Pablo Sotelo, guitarrista y vocalista de la banda.

Los cuidados que por la crisis sanitaria se debieron tomar hicieron que el proceso de composición se apegara a una planeación más rígida y al final, ello sumó para mantenerlos enfocados en la grabación: “Con esa intención más enfocada tuvimos la energía para crear e ir a donde a veces no se llega tan fácil. Anteriormente nos grabábamos en el cuarto donde ensayamos, pero esta vez teníamos más confianza, el proceso de hacerlo en el garaje de casa te deja cometer errores e ir armando una personalidad e identidad con el grupo y crear un estilo que ahora se nos puede reconocer como banda”, detalla Pablo.

El paso de Jose Cruz como ingeniero en vivo del grupo a tecladista de la banda los llevó a grabar en True Sound, donde además se hizo la mezcla: “Jose ha sido nuestro ingeniero de sonido en vivo y el año pasado se unió al grupo como tecladista. True Sound es el estudio que fundó con su amigo Arturo Zavala y por eso entramos a grabar ahí. Estuvimos dos semanas de lleno y para la mezcla, Pablo y Jose tomaron la dirección: Pablo hace las mejoras y pone las cosas a cierto nivel y Jose es ese segundo oído que hace expandir el sonido. Los demás damos comentarios, pero Pablo es como el filtro del sonido y toma la última palabra de cómo va a sonar, con la opinión de los demás”, comentan.

Los principales instrumentos que se ocuparon para la sonoridad de “Apoptosis” fueron: un bajo Crucianelli 70’s, teclados Yamaha CP30, Roland SH-1 y Prophet, 6 entre otros, capturados con una consola Behringer Wing equipada con preamplificadores Pultec y Neve, además de una capturadora de cinta Fostex de 16 canales: “Nos tomó mes y medio la mezcla porque fuimos escogiendo las mejores versiones de las canciones; editamos   mucho”, detalló Pablo. 

Para la masterización, dejaron la misión en manos de Brian Lucey en Magic Garden Mastering: “Fue también la primera vez que trabajamos con él, en esta idea de hacer cambios y explorar nuevas técnicas. Ha trabajado en discos que nos gustan mucho de Arctic Monkeys, The Black Keys, Royal Blood y como tiene equipo análogo, se selló ese sonido viejo y análogo que tuvo toda la producción. Cuando lo mandó, teníamos la disposición de escuchar, sentirlo como la primera vez que oyes algo”, relata Pablo.

Con el álbum presentándose ya en plataformas digitales, la gran lección de este periodo y adaptación para la banda ha sido valorar aquello que dábamos por sentido y vivir las cosas como si pasaran por primera vez: “Fue un periodo muy largo de no ver a la gente, así que será muy emocionante volver a tener esa conexión, sentir esa chispa renovada, más pasión y un significado distinto al tocar”, concluye el guitarrista y vocalista.