Por Ferrer León*
Hacer una buena canción ya no siempre es suficiente. Considerar los diferentes lugares donde alguien pueda escuchar nuestra música por primera vez es ahora parte de nuestro plan de producción.
Propósitos que modifican las producciones
Hubo una época en la que el foco era siempre que nuestra música sonara bien en la radio; posteriormente, el objetivo era otro: que funcionara en TikTok. Actualmente, ya no hay un solo objetivo, sino que hay literalmente decenas de ellos. Y eso, aunque nadie lo diga en voz alta en las sesiones de estudio, está cambiando profundamente la forma en la que producimos música.
No hace mucho tiempo todos apuntábamos a TikTok. Si un track no se hacía popular en segundos, prácticamente estaba muerto antes de siquiera nacer. Muchos productores, y siendo honestos, muchos de nosotros empezamos eventualmente a construir canciones desde el hook, pretendiendo enganchar lo antes posible. El resultado fue un cúmulo de sencillos hechos para los primeros veinte segundos y completamente olvidables después.

Sin embargo, recientemente algo cambió. El ecosistema del descubrimiento musical se fragmentó en muchas partes, lo cual tiene consecuencias que todavía no terminamos de entender completamente.
Hoy se puede descubrir música en el soundtrack de una serie, en un clip de YouTube Shorts donde alguien muestra cómo cocinar, en una recomendación personal por WhatsApp, en la playlist de alguna plataforma de streaming, en el fondo musical de un restaurante o una tienda departamental, o hasta en un videojuego y no como caminos paralelos, sino como caminos principales, y todos estos exigen cosas distintas de la música.
¿Todo esto que implica, concretamente, en el trabajo de un productor?
Una canción que va a funcionar en un videojuego necesita comportarse diferente, requiere una dinámica que no canse tras veinte minutos de estar sonando. En cambio, una canción que será usada en un reel de Instagram tiene que funcionar instrumental, o con la letra muy al frente, en función al tipo de contenido, o una canción que entrará por las playlists editoriales tiene que trabajar de cierta manera en cuanto a tempo y densidad. Si bien, casi nada de esto es nuevo, la novedad aquí es que ocurren de manera simultánea, y es por ello la importancia de que el productor tenga esa información lo más detallada posible, para poder ayudar a crear el tema con un propósito especifico.

Hubo una época en la que el foco era siempre que nuestra música sonara bien en la radio; posteriormente, el objetivo era otro: que funcionara en TikTok. Actualmente, ya no hay un solo objetivo, sino que hay literalmente decenas de ellos.
Decisiones creativas previas
Existe un criterio muy usado en producción musical para evaluar el funcionamiento correcto de las producciones antes de ser lanzadas, y consiste en realizar pruebas en varios dispositivos de diferente tipo y resolución para asegurarse de que puedan funcionar lo mejor posible en la mayoría de estos. Una mezcla que suena bien en audífonos premium podría sonar pésimo en la pequeña bocina del teléfono que usa un alto porcentaje de los oyentes, y esto no es solo un problema técnico de mezcla y master; es también una decisión creativa que empieza desde la preproducción. Sin embargo, para evitar esto, actualmente tenemos que escuchar las mezclas en diez o quince contextos diferentes antes de darlas por terminadas: en el coche, con audífonos, en bocinas pequeñas, a volumen muy bajo, en espacios ruidosos, y más que a manera de control de calidad técnico, es una forma de comprender en qué escenarios vivirá realmente esa música.
Una realidad es que, mientras más opciones de descubrimiento musical existan, se vuelve más complejo construir una identidad sonora coherente como artista o productor.
Si optimizas tu material para TikTok, producirás de una manera; en cambio, si buscas las playlists de Spotify, produciremos de otra forma, y si pretendemos entrar al mercado de sync para series y/o publicidad, lo haremos completamente diferente. El riesgo es terminar produciendo un promedio de todo, que no funciona bien en ningún contexto y que, además, no tiene ningún carácter propio.
La respuesta no es ignorar los contextos, sino ser lo suficientemente claro y flexible para que la producción se adapte a la mayoría de ellos sin diluirse. Estamos hablando de versatilidad.

Esta fragmentación, aunque complicada, también permite democratizar las oportunidades; por ejemplo: una canción que no tiene posibilidad alguna en la radio, ahora puede encontrar su audiencia perfecta a través de una comunidad de YouTube, o una canción instrumental puede convertirse en el audio más usado de una categoría de contenido en redes.
El productor: perfil observador
En el caso de los estudios de grabación, estos contextos son temas importantes por tratar con los artistas; ya no basta con pedir referencias sonoras de a quién queremos sonar parecidos, ya hay que hablar de dónde existirá esta música, en qué plataformas, en qué momentos del día, acompañando qué tipo de experiencias, y no tanto como una concesión al mercado, sino como información creativa genuina.
Ser productor en 2026 requiere, entre otras cosas, de ser un buen observador del comportamiento humano, cómo escucha la gente, dónde y qué hace mientras escucha.
Ante este panorama hay buenas noticias. Esta fragmentación, aunque complicada, también permite democratizar las oportunidades; por ejemplo: una canción que no tiene posibilidad alguna en la radio, ahora puede encontrar su audiencia perfecta a través de una comunidad de YouTube dedicada a un nicho muy específico, o una canción instrumental puede convertirse en el audio más usado de una categoría de contenido en redes.

La música siempre ha buscado a su oyente; lo que cambió es que ahora los caminos son muchos, y el productor que entiende el terreno tiene una ventaja real.
La pregunta ya no solo será si la música suena bien. También se debe conocer dónde y en qué condiciones sonará.
*Es productor musical, ingeniero en audio y músico y cuenta con 25 años de trayectoria en diversas áreas de la producción, participando en diferentes proyectos dentro y fuera de México, que abarcan música regional, pop, jazz, rock y orquestas sinfónicas, así como música para empresas y soundtracks. También está a cargo de la producción de audio en la Dirección de Innovación de la Secretaría de Educación Pública. Es miembro votante de los Latin Grammy y cuenta con su propio estudio de grabación, AntenaStudio, en Guadalajara, Jalisco. Pueden encontrarlo en: ferrer@antenastudio.com y www.antenastudio.com



