Concebido como un recorrido desde la fragilidad humana hasta la regeneración, “El Antiguo Esplendor” articula música, literatura, pintura y tecnología. Fernando Ortiz Pallares “FOP”, autor del álbum, explica cómo organizó canciones e interludios, trabajó los arreglos, eligió los estudios, exploró Dolby Atmos y abrió el proyecto a colaboradores musicales y visuales que enriquecieron esta experiencia artística integral y profundamente personal.
La narrativa del álbum
La construcción narrativa de “El Antiguo Esplendor” comenzó antes de entrar al estudio. Para articular 10 canciones y tres interludios como un recorrido de la fragilidad a la regeneración, “FOP” definió primero el hilo general del relato: “Lo primero fue tener una idea general de lo que quería contar y madurarla. Después diseñé la estructura del disco mediante un itinerario con los temas que debían narrarse. Con eso listo, me puse a componer. El proceso enfocó mi esfuerzo y, para mi sorpresa, terminé las canciones en aproximadamente un mes”; menciona.


La arquitectura conceptual del álbum se alimentó también de la literatura y la pintura, cuyos textos, imágenes y símbolos detonaron pasajes concretos del álbum. “FOP” comenta: “En literatura recurrí al Génesis, los Salmos y, especialmente, los Midrashim: interpretaciones de antiguos rabinos que, mediante relatos sorprendentes, profundizan en las Escrituras. En otra canción busqué un texto más poético y lorquiano, con matices flamencos, como homenaje al sonido Echegaray del Barrio de las Letras de Madrid. En pintura, un ejemplo es “La Mesa de los Pecados Capitales, de El Bosco, en el Museo del Prado. En su centro aparece un gran círculo semejante a un ojo, con Cristo saliendo de la tumba y la leyenda Cave cave dominus videt: ‘Cuidado, cuidado, Dios está mirando’. Esa imagen del ojo que todo lo ve —el ‘Eye in the Sky’ de Alan Parsons— la utilicé en ‘El Jardín Perdido’, primera canción del álbum”.
Con las composiciones definidas, la preproducción convirtió las ideas en arreglos ejecutables. Fueron decisivos Pablo Vamer, en producción y arreglos, y el Cuarteto Arcano, en las cuerdas.
“Con Pablo trabajé durante toda la producción. Es un músico excepcional y con una gran cultura musical; mi tarea fue transmitirle el fundamento de cada canción, para que sonara como había sido concebida. Además de amigo, es un gran intérprete de mis ideas. Con el Cuarteto Arcano pulimos las partituras de cada instrumento y ordenamos todo para facilitar la ejecución. Son músicos de primer nivel; en ese contexto, la planificación es clave y deja poco espacio para improvisar”, recuerda “FOP”.
La grabación en dos estudios
La búsqueda sonora llevó el proyecto a OOX Studio y Valenzo Studios, dos espacios complementarios donde se combinaron precisión, grabación por capas y un tratamiento más orgánico. “OOX está enfocado en la producción: allí hicimos los arreglos y aterrizamos los conceptos musicales. También grabé ahí mi primer disco, “Geografía Particular”, y encontré gran sintonía con Pablo Vamer, Claudio Trejo y Patricio Notholt. Trabajamos por capas, con cuidado y precisión. Sin embargo, algunos tracks requerían un sonido más orgánico y poderoso, por lo que fuimos a Valenzo Studios. Su excelente live room, sus ingenieros, un piano Steinway perfectamente afinado y la posibilidad de sonorizar con detalle la batería de Claudio Trejo enriquecieron el resultado. Las opiniones de varios ingenieros ayudaron a realzar los temas y confirmaron la ruta elegida”.
“Las últimas sesiones, dedicadas a la voz definitiva, fueron las más especiales. Cuando las canciones ya están terminadas, grabar la voz significa aportar la emoción necesaria para cerrar el ciclo iniciado con una idea. Siempre es un momento emocionante y satisfactorio”.


La mezcla abrió una nueva dimensión. Con Patricio Notholt, Dolby Atmos permitió replantear el espacio sonoro y asignar a cada instrumento, interpretación y silencio, un lugar dentro del relato.
Las interpretaciones de los músicos y la elección de sonidos generaron una materia prima rica y diversa. “Con ella creamos atmósferas que relatan la historia de forma envolvente. Dolby Atmos nos ayudó a dar el lugar adecuado a cada instrumento y silencio, para que el oyente sienta esas atmósferas con mayor intensidad y experimente el álbum de manera más íntima”, señala “FOP”.

Interludios y colaboración con Daniel Torres
Los interludios en “El antiguo esplendor” enlazan estados emocionales y preparan el tránsito entre canciones. La colaboración con Daniel Torres, fundador y líder de DANTOR, aportó una pieza especialmente significativa. “Daniel, fundador y líder de DANTOR, es un músico excepcional, pionero de la musicoterapia en México, maestro y amigo. Colaboró con enorme generosidad: interpretó el bouzouki de ‘El Jardín Perdido’, instrumento griego de sonido brillante y metálico, y compuso el interludio ‘La Caja del Tiempo’. La pieza enlaza las dos baladas principales mediante un puente sereno que desacelera las pulsaciones y prepara al oyente para el estado emocional de la siguiente canción”, recuerda “FOP”.
El relato sonoro del álbum continúa en la imagen. Valeria Pazos, César Sandoval, Marina Kálcheva y María Fernanda Gobera ampliaron el concepto mediante videoclips, visuales y obra gráfica.
“Los videos complementan las canciones y, en la era de las redes sociales, las imágenes tienen un lugar central”, explica “FOP”; “César, con quien ya había trabajado, diseñó los visuales del espectáculo y realizó dos videoclips de gran calidad a partir de mis ideas; él hiló y desarrolló las historias. Marina, artista ucraniana, y Valeria, artista mexicana, tuvieron total libertad creativa. Tras algunas conversaciones iniciales, conocí prácticamente sus obras cuando estaban terminadas; ambas complementan el concepto del disco. María Fernanda Gobera, quien me acompaña desde el inicio en el diseño de portadas, creó la del vinilo con escenas en cenotes. Estas evocan el inframundo del que se emerge hacia la luz y subrayan que el álbum fue realizado con talento cien por ciento mexicano”.
Una obra para escuchar con todos los sentidos
“El Antiguo Esplendor” nació de una visión cuidadosamente trazada y creció mediante el diálogo entre músicos, ingenieros y artistas. Canciones, interludios, mezcla inmersiva e imágenes confluyen en él para acompañar al oyente por la caída, la pausa y el renacimiento. Es un álbum mexicano en el que cada detalle forma parte esencial de un relato pensado para escucharse, imaginarse y sentirse plenamente.



