Por Mikel Hernández
En la carrera contra la obsolescencia y el deterioro físico, pocos conocen el arte de rescatar el sonido del pasado. Kelly Pribble es uno de esos magos del audio. En esta conversación realizada durante la Pan-American Audio Educators Conference, paralela a sound:check Xpo, el restaurador revela los secretos de su oficio, la urgencia de su misión y el valor de las cintas analógicas para la historia.
El arte de rescatar el sonido
Para Kelly Pribble, preservar el conocimiento sobre las cintas analógicas no es solo una cuestión técnica, sino una urgencia histórica. “Estamos perdiendo a la gente que usaba este formato”, explica, “y la degradación actual está dañando las cintas, lo que puede hacer que se pierda material de datos, video y música importantísima”. Su proyecto más emblemático fue la restauración de dos cintas de Bob Dylan de los años 80, “The Imperial Burlesque” y “Knocked Out”. Logró restaurarlas y presentar el proceso en la Biblioteca del Congreso en 2018, donde alguien lo vio y lo contactó. Desde entonces, lo entrevistan casi cada año sobre ese proyecto. “Es como un regalo que sigue dando”, dice con orgullo.

Sobre el síndrome Sticky Shed (deterioro químico), que afecta a cintas de dos, una y un cuarto de pulgada, Kelly aclara que este comenzó a manifestarse sobre todo desde los ochenta, debido a un cambio en la manufactura a principios de los setenta. En cuanto a la famosa compañía de archivo de medios Iron Mountain Magic, su reconocimiento surgió a raíz de un artículo en el diario New York Times. El periodista preguntó en la Biblioteca del Congreso si conocían a Kelly, y respondieron que sí, que lo llaman “el mago” porque parece capaz de arreglar cualquier audio o recuperar material de cintas.
Cuando se le pregunta si recomienda transferir analógico a digital o volver al formato físico, Kelly menciona: “Es una excelente pregunta. Aunque lo digital a 192 kHz solo captura la mitad efectiva (96 kHz), la cinta analógica contiene un tono de bias (polarización) que puede ir de 150 mil a 400 mil Hz. Capturarlo es clave, porque, en 10 o 20 años, algún investigador podría usarlo. Existe el Plangent Process, que rastrea y elimina las inconsistencias de velocidad y pitch inherentes a las máquinas de cinta, pero para capturarlo hoy se necesitaría grabar a 384 kHz, algo poco viable. En cambio, con cinta analógica se puede grabar hasta 9 dB por encima del nivel original, reduciendo el ruido a unos 90 dB. Sigo pensando que el proceso analógico a analógico es el preferido”, afirma, “porque captura ese tono de bias que el digital no puede”.


Sobre sound:check Xpo, la Pan-American Audio Educators Conference y la Ciudad de México, Kelly se muestra entusiasmado: “Probablemente, es uno de los mejores eventos de la industria a las que he asistido en mucho tiempo”. Dimos una charla en una universidad, y poder decirles a los profesores que esta es una carrera profesional desconocida fue muy importante. “Somos muy pocos en el mundo los que hacemos esto”, señala, y tras su presentación varios estudiantes se acercaron sorprendidos de que existiera esa opción. Necesitan nuevos archivistas, nuevas generaciones que se interesen por la historia del audio, el video y el cine, porque el material se degrada rápido y cada año es peor. Las máquinas más nuevas de cinta analógica tienen 40 años, y ya casi no hay refacciones ni técnicos. “Esto no es culpa de nadie”, aclara, “es el proceso natural de degradación, cambios químicos”. Y sentencia: “Es literalmente una carrera contra el tiempo. Y estoy tratando de liderar ese esfuerzo”.
El sonido del pasado no se pierde por casualidad, sino por falta de acción. La labor de Kelly Pribble no solo restaura cintas, sino que siembra la urgencia en nuevas generaciones. Porque la historia siempre nos dirá cómo hacer sobrevivir los mejores audios.




