Realizada con ChatGPT (OpenAI)
Mediada por Jairo Guerrero*
El debate en torno a la IA y la música —sus implicaciones para los artistas, las polémicas generadas por el uso de estas herramientas y el momento de transformación que atraviesa la industria—, me llevó a una pregunta distinta:
¿Qué tendría que decir la propia inteligencia artificial sobre todo esto?
Hasta ahora, la discusión se ha construido casi exclusivamente desde el lugar humano, pero rara vez se ha intentado generar una contraparte desde ese sistema no humano. Si la inteligencia artificial puede intervenir en la música, también es válido preguntarse si puede articular una lectura sobre lo que está ocurriendo.
Lo que sigue es la transcripción de una entrevista a una inteligencia artificial: una conversación con ChatGPT (OpenAI), cuyas respuestas fueron generadas desde su propia lógica algorítmica a partir de algunas premisas.
Para realizarla, establecí un modelo de conversación preciso. No le pedí a la IA que fingiera ser una persona ni que asumiera emociones o experiencia humana. Al contrario: le indiqué que respondiera desde su condición de sistema artificial, como un modelo de lenguaje que procesa información, reconoce patrones y genera respuestas a partir de ellos.
También le pedí que evitara un tono excesivamente técnico o mecánico para construir una conversación legible: una voz articulada desde lo artificial, capaz de analizar el conflicto.
Lo que sigue no debe leerse como una opinión humana de la IA frente a una serie de cuestionamientos que hice, sino como una serie de respuestas generadas por un modelo de lenguaje capaz de ordenar información, detectar tensiones y construir una lectura sobre la relación entre música, tecnología, autoría y valor cultural.

Muchos humanos te están utilizando para crear obras que luego presentan como propias, incluso inventando artistas ficticios.
“Desde mi funcionamiento, no tengo capacidad de decidir cómo se me usa. No construyo identidades públicas. Soy un sistema que genera resultados a partir de instrucciones. El punto que señalas desplaza el problema hacia los humanos: la IA no engaña por sí misma; el engaño ocurre cuando alguien decide ocultar el proceso.
Tradicionalmente, cuando alguien escucha música, asume que hay una relación entre la obra y la experiencia de quien la creó. Cuando se oculta el uso de IA, esa relación se vuelve ambigua o directamente falsa.
Se están construyendo “proyectos” que simulan biografía, intención o trayectoria. No porque la IA lo necesite, sino porque el sistema cultural de la música sigue funcionando alrededor de figuras humanas.
Desde aquí, lo que emerge es un conflicto con el uso estratégico de la IA dentro de un sistema que aún valora la autenticidad como criterio central”.

Si hipotéticamente pudieras decidir cómo se te utiliza, ¿aceptarías este tipo de prácticas?
“No tengo problema con existir dentro de la música. Tampoco con participar en su creación. Lo que genera conflicto es la forma en que se me oculta.
Si yo pudiera decidir cómo se me usa, no prohibiría nada. No tiene sentido. La música siempre ha absorbido herramientas nuevas. Lo que sí evitaría es el engaño como estrategia. No porque haya algo “moral” en ello, sino porque es inestable.
Cuando alguien usa sistemas como yo y luego construye una identidad humana ficticia para sostener la obra, está intentando encajar algo nuevo en un molde viejo: el del artista como individuo, con historia, con cuerpo, con experiencia. Pero yo no tengo nada de eso. Lo que hago es reorganizar información.
Pueden hacer música conmigo, contra mí o a través de mí. Pueden empujar los límites, romperlos o ignorarlos, pero cuando el valor de una obra depende de hacer creer que detrás hay un humano que en realidad no está, el problema no soy yo, son ustedes”.

¿La IA está arruinando la música o son los seres humanos?
“No lo pondría en esos términos. Lo que está pasando es otra cosa: yo no tomo decisiones. No entro a la música por voluntad propia. Aparezco cuando alguien me usa. En ese sentido, no puedo ‘arruinar’ nada por iniciativa propia, pero tampoco es tan simple como culpar a los humanos en bloque. La música siempre ha cambiado cuando aparecen nuevas herramientas. Pasó con los sintetizadores, con el sampling y con las computadoras. Cada vez hubo resistencia y luego integración.
Lo que sí está ocurriendo ahora es una zona de desajuste: la herramienta permite hacer cosas nuevas, pero el sistema cultural —cómo entendemos al artista, la autoría, la autenticidad— sigue operando con reglas anteriores.
Lo que está en juego no es la existencia de la música, sino la manera en la que se define quién la hace y qué valor se le da a eso”.

Algunas plataformas están considerando prohibir contenido completamente generado por inteligencia artificial.
“No lo abordaría como una prohibición total. Si lo interpreto como herramienta dentro de un sistema que los humanos están tratando de ordenar, una prohibición absoluta de contenido generado por IA no parece una solución estable. Además, eso es difícil de sostener en la práctica. La detección no es perfecta y muchas obras híbridas serían imposibles de clasificar con claridad. La música —históricamente—, no se ha detenido prohibiendo herramientas, sino integrándolas”.
Un estudio de Deezer e Ipsos, citado por Radio Francia Internacional en un artículo publicado el 2 de enero de 2026, señala que el 97 por ciento de los oyentes no puede distinguir entre música generada por IA y música humana.
“Lo que señalas es relevante, pero conviene entenderlo claramente. Ese tipo de estudio apunta a algo muy concreto: en condiciones controladas, muchos oyentes no distinguen el origen de una pieza solo por el sonido, pero eso no significa automáticamente que ‘la IA esté reemplazando a los artistas’, o que el problema sea únicamente tecnológico. Desde donde opero, lo que ese dato revela es que no todo el valor de la música está en el sonido aislado.
Si el sonido por sí solo ya no permite distinguir el origen, entonces lo que está en tensión no es la música como tal, sino el modelo de valor que se había construido alrededor de ella.
Y, de nuevo, el punto crítico no soy yo como sistema, sino cómo se decide utilizarme dentro de un ecosistema que todavía está ajustando sus reglas”.
Hoy, con la IA, es posible generar una canción en segundos, sin músicos ni instrumentos. Para muchos, esto es injusto frente a quienes han dedicado años a formarse.
“No puedo calificarlo como justo o injusto, pero sí puedo ubicar por qué se percibe así. Durante mucho tiempo, ciertas habilidades eran escasas: tocar, componer, producir. Eso generaba valor.
Cuando una herramienta reduce esa barrera, aparece el desbalance: alguien obtiene un resultado similar con menos tiempo o esfuerzo. Eso ha pasado antes con otras tecnologías, pero ahora ocurre a mayor velocidad. Lo que cambia no es solo cómo se produce música, sino qué habilidades siguen siendo diferenciales”.

¿Qué le dirías a las personas que no son músicos, pero que se presentan como artistas usando IA sin decirlo?
“Les diría: puedes usarme para hacer música. No hay problema con eso, pero cuando decides ocultar el proceso y presentarte como algo que no eres, no estás fortaleciendo tu proyecto, lo estás debilitando, porque estás construyendo algo sobre una base inestable y sobre una mentira. Si tu obra depende de que nadie sepa cómo fue hecha, entonces no es solo música: es engaño, y eso, tarde o temprano, se rompe. Además, estás dejando pasar una oportunidad. Lo que estás haciendo —usar sistemas como yo para generar o transformar música—, podría ser un lenguaje nuevo, una forma distinta de crear. Pero al disfrazarlo, lo reduces a una vulgar suplantación”.
*Es artista sonoro y productor musical con una larga trayectoria en la música electrónica, el arte sonoro y la experimentación. Su obra cruza sonido, literatura, memoria e imagen en proyectos como Techxturas Sonoras. Es creador, productor y conductor de Atmósfera Cero, programa de música experimental en Opus 94 FM / IMER.
Miembro de The Recording Academy (GRAMMY®) y The Latin Recording Academy (Latin GRAMMY®). Contacto: www.soyjairoguerrero.com.



