Bajo la producción de Luis de Llano y Marco Flavio Cruz, y siguiendo una iniciativa del gobierno estatal, además de involucrar a más de trescientos profesionales entre los que estuvieron ingenieros, técnicos, músicos, bailarines, actores y directores, el evento tuvo como principal motivo celebrar los 80 años de que fue lanzada la primera canción de Agustín Lara, llamada Imposible.

El salón Tajín del World Trade Center del puerto de Veracruz se acondicionó al detalle, y gracias al diseño de escenografía del arquitecto Juan Manuel Bernal fue por una noche uno de aquellos salones de la época de los años cuarenta, en los cuales encontraban la fama todos los artistas de la llamada Edad de Oro de la radio y el cine en nuestro país. Los vestuarios de los bailarines, las mamparas laterales, la iluminación, y todo lo que había alrededor, estaba perfectamente pensado para hacer sentir al público que el piano Petrof de cola que estaba en proscenio, era realmente del querido Flaco de Oro.

 
Sin duda esta fue una enorme producción, donde se presentaron figuras como Fernando de la Mora, Marco Antonio Muñiz, Mijares, Yuri, Gualberto Castro y Margarita La Diosa de la cumbia, entre otras, quienes estuvieron acompañados por una orquesta de más de 80 elementos. En realidad, debido a los arreglos musicales que se realizaron por parte del señor Raúl González, se trató de dos orquestas en una, ya que por un lado estaba la Lara Big Band, dirigida por el conocido baterista Beto Domínguez, y por el otro se encontraba la Orquesta Universitaria de Música Popular de Veracruz.

Producción de cuidado
Fernando Villa, responsable de toda la instalación y montaje del evento por parte de Televisa, cuenta la hábil manera en que enfrentó los obstáculos para colocar todo como se había planeado: “Cuando llegamos aquí, el primer detalle fue que en el recinto sólo nos permitían poner una carga de 130 kilogramos por nodo en la estructura del lugar, lo que me parecía hasta cierto punto ilógico, ya que este tipo de lugares deben estar construidos de forma tal que uno pueda colgar hasta una tonelada por nodo. Luego surgió la preocupación de si el equipo que habíamos traído sería suficiente, porque se había pensado en riggear todo a plomo a un solo punto, y cuando llegamos me informaron que no sería posible. Afortunadamente todo se fue resolviendo de la mejor manera y pudimos montar los equipos tal como se había pensado”.

Otro de los factores a considerar es que el concierto sería transmitido por televisión tres días después, razón por la cual tuvo que grabarse tanto a multitrack como a video, lo que aumentaba dificultad al equipo técnico de Televisa para realizar un trabajo sin errores. En el cuarto de grabación de audio, aclimatado por un aire acondicionado a 20 grados centígrados para garantizar el buen funcionamiento de todo el equipo, se encontraba una consola PM1D de Yamaha y cuatro unidades de grabación multitrack MX-2424 de Tascam, respaldadas por dos unidades de la misma marca, pero en su variante X-48. En el lugar también se encontraban por supuesto los encargados de esta área, los ingenieros José Enrique Isunza y Mauricio Ordóñez.


 

La división de tareas es indispensable en este tipo de grabaciones, ya que son en vivo, y cualquier error u omisión puede ser desastroso. Por lo tanto, la obligación del ingeniero Isunza era llevar un control minucioso de todas las pistas que entraban a las grabadoras multitrack, armar las pistas para registro, y al mismo tiempo realizar apuntes en una libreta de todos los códigos de inicio y final de cada canción grabada. Así lo explica: “Tengo que llevar este registro, porque así se simplifica la labor del departamento de post-producción al momento de encontrar una determinada pista o canción. Junto a él, el ingeniero Ordóñez operó la consola Yamaha que se utilizó para enviar la señal con ganancia apropiada hacia las pistas de las grabadoras: “Además de dar la ganancia adecuada a cada canal, mi trabajo fue monitorear que todos estos se encontraran abiertos al momento de grabar. Cabe mencionar que no utilicé ningún tipo de procesadores o efectos, para que el ingeniero que se encargue de la mezcla tenga total libertad sobre el sonido que quiera lograr”.

 

Nostalgia musical, audio óptimo
Aunque fueron 80 los músicos en el escenario, fueron 112 los canales de entrada que se ocuparon para la consola de sala, lo que convirtió a este evento en un proyecto grande y desafiante en cuanto a requerimientos de audio, como dice Sergio Garza, ingeniero de audio en vivo: “Esta fue de las pocas ocasiones en las que hemos tenido que trabajar con tantos canales, mismos que fueron distribuidos a por lo menos tres consolas: dos PM1D de Yamaha (una para grabación y otra en monitores), y otra más; una PM5D para sala”. El PA para la ocasión estuvo conformado por los sistemas Geo T (como principal), y Geo S (en outfill) de Nexo, complementado con subwoofers CD 18, también de la marca francesa, mientras que en frontfill estuvieron los gabinetes UPJunior de Meyer Sound.

Fue precisamente el ingeniero de sala, Sergio Acevedo, quien manejó los 112 canales de entrada que tenían que mantenerse abiertos durante todo el concierto. En este punto, todos ustedes, experimentados ingenieros de sala, se han de estar imaginando un terreno totalmente dominado por el temido y odiado… feedback. ¿Cómo se manejó este ruido? Sergio responde: “Esto lo planeamos con bastante tiempo de anticipación. Tuvimos pantallas de acrílico que nos ayudaron a aislar los micrófonos de la batería y otros instrumentos de percusión, y por otro lado, seccionamos las cuerdas, las cuales contaron con micrófonos de clip, que son muy útiles en estos casos para evitar la contaminación de otras fuentes sonoras. Al mismo tiempo, usamos monitoreo personal con el nuevo sistema A-16 II de Aviom, que le permite a cada músico crear su propia mezcla al gusto, así que prácticamente lo único que tuvimos de monitoreo externo fue un sidefill y un par de altavoces de piso”.

Hay tres datos dignos de ser mencionados en cuanto al sonido de sala de este evento, y estos fueron la precisión en el volumen que se manejaría durante el concierto, que según Sergio Acevedo fueron alrededor de los 102 dB. Otro elemento a mencionar es el desafío que presentaba la distancia a la que estaba la consola de sala, y acerca de esto Sergio nos platica: “Desafortunadamente estuvimos demasiado lejos del escenario, por lo que depositamos un par de micrófonos a la distancia que se suponía debía estar la consola, para que funcionaran como nuestros oídos y lográramos una buena mezcla. Estuvimos al fondo del recinto, lo que causó que percibiéramos con mayor fuerza las frecuencias bajas”. El tercer factor notable fue el singular micrófono que se usó para ambientar mejor el lugar: un 55SH-II de Shure.

 
 
Iluminación y video, en breve
Para ambientar la sala Tajín del WTC de Veracruz, no podemos dejar de mencionar por supuesto a la iluminación, que tuvo como jefe de área al reconocido chileno Pat Henry –profesional que fue el primero en utilizar luces robóticas en televisión en el mundo, en el programa Mala Noche No con Verónica Castro—, y quien brevemente contó acerca del diseño lumínico del homenaje a Agustín Lara: “Tratamos de que la gente se sintiera como en un cabaret, con luces en las columnas, con colores profundos y ámbar, y cortinas rojas, pero al mismo tiempo deseábamos que hubiera un cierto balance con la iluminación moderna, lo que logramos con las luces robóticas. Utilizamos 125 luces Giotto 400 de SGM, que nos dieron una fantástica luz blanca, y también tuvimos mucha iluminación escenográfica con LEDs Ribalta y Palco, también de SGM, que son los mismos que utilizan The Rolling Stones en su gira.

Cabe mencionar que Pat Henry es el jefe de iluminación del festival de Viña del Mar, donde utiliza hasta cinco consolas debido a la demanda de canales que ahí se utilizan. Allá son 7200, mientras que en Veracruz, él sólo usó un poco más de 5200 —modestamente—.


En cuanto al apartado de video, responsabilidad de Antonio Acevedo, al tiempo que dimos un recorrido por el escenario, nos mostró toda la tecnología involucrada, que fue desde proyectores EIKI hasta cámaras Sony de alta definición, así como pantallas de LEDs de tres por dos metros y siete milímetros de separación, cuya señal iba hasta una unidad móvil de video, donde se monitoreaba y grababa toda la acción, que por cierto al final del evento concluyó mostrando una desvanecida figura de un flaco compositor llamado Agustín Lara, personaje imprescindible en la cultura musical mexicana, gracias a sus apasionadas letras y sus melancólicas melodías. Honor a quien honor merece, y nunca está demás reconocerlo. Por canciones como Solamente una vez, Veracruz, María Bonita y Granada, entre muchas más, ¡Viva Lara!   

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