La noticia del cumpleaños número diez de sound:check Magazine me hizo recordar cuántos cambios han surgido en nuestra industria en estos años y de qué manera influyen en nuestro trabajo diario. Sólo por nombrar los más resonantes, hice una lista de los indicadores (buenos y no tanto), de la transformación que vivimos durante esta primera parte del milenio:


1. Internet y la distribución global de la música en forma instantánea

Creo sinceramente (a riesgo de ser exagerado), que ningún invento en la historia moderna ha sido más revolucionario que internet, no sólo por lo que significó hasta ahora, sino por lo que permitirá de aquí al futuro. Para la industria musical (tanto artistas como ingenieros, productores y sellos discográficos), la posibilidad de que un músico independiente haga pública su música de manera gratuita e instantánea a todo el mundo ha permitido romper con todas las barreras y preconceptos acerca de cómo debe ser distribuida la música. Para algunos esto es el fin de un gran negocio (el de la distribución física), y para otros es el sueño hecho realidad de no depender de intermediarios y comisionistas para hacer que su proyecto artístico tome forma. En otras palabras, como diría Nicholas Negroponte, “transportemos bits y no átomos”.

 
Así también, muchos discos reconocidos mundialmente han sido realizados a distancia de miles de kilómetros, sumando aportes de músicos que nunca llegaron a verse las caras. Desde mi lugar como ingeniero de masterización, sólo puedo decir que internet multiplicó mis posibilidades de trabajar en proyectos remotos, de los cuales no hubiera tenido ninguna referencia hace diez años. Hoy, más del sesenta por ciento del trabajo que hacemos en el estudio proviene de distintos países de América Latina, cuyos músicos y productores nos envían las rolas a masterizar vía internet y reciben el resultado de nuestro trabajo de la misma forma.


2. El MP3 y la carrera por el máximo volumen: la degradación del audio como nuevo estándar de calidad

La característica más apreciada hoy en la música es sin dudas la portabilidad. Eso explica que millones de personas en todo el mundo hayan elegido el MP3 como principal formato de reproducción musical a pesar de la reconocida degradación que implica en cuanto a calidad de audio. Los que trabajamos en pos de la mejor calidad posible de terminación de un proyecto musical nos encontramos a diario con este obstáculo difícil de superar: el músico utiliza como referencia válida el audio absolutamente comprimido de otros grupos para buscar su propio sonido. En este caso compresión hace referencia a dos características comunes actualmente: en primer lugar quiere decir que la música está habitualmente falta de dinámica y con volumen promedio muchísimo más alto que hace diez años. En segundo lugar, quiere decir que la información ocupa menos espacio porque se le han quitado partes que supuestamente no son audibles para que sea más liviana y por lo tanto transportable a través de internet o de memorias portátiles de baja capacidad. La realidad es que estos detalles que la compresión del MP3 le quita a la música no son recuperables y hacen una diferencia importante a la hora de evaluar la diferencia entre un buen audio y uno mediocre.


En ambos aspectos, mi sensación es que hemos retrocedido en esta década: mientras que un disco bien grabado de los noventa tenía un volumen promedio entre -12 y -14 dB RMS, muy rápidamente la carrera por el volumen elevó el promedio a -8 dB RMS e incluso -6 dB RMS, provocando un cansancio prematuro en el oído humano y haciéndose muchas veces casi inescuchable debido a la compresión excesiva. Por otro lado, mientras que tenemos formatos de súper alta calidad como el DVD-Audio y el Super Audio CD que no han sido en absoluto masivos, la compresión de datos hace que la música ocupe su mínima expresión en el memory stick, el disco duro, el DVD o el MySpace de cualquiera de nosotros.
3, La tecnología barata, portátil y súper accesible

Otro cambio fundamental en esta década pasada tiene que ver con la posibilidad masiva de acceso a la tecnología de grabación. En las exposiciones de la Audio Engineering Society de hace algunos años, la mayoría de los booths eran de gran tamaño, para poder albergar importantes consolas de grabación, compitiendo entre sí para ofrecer la mayor cantidad de canales. Hoy en día, la gran mayoría de los espacios rentados en las exposiciones son pequeños y albergan computadoras personales o accesorios para éstas. Este cambio ha sido altamente beneficioso para los músicos y en consecuencia para la música en general. Es sabido que actualmente hay más música que nunca, aunque las compañías discográficas y los grandes estudios estén en crisis. Sin duda se está terminando rápidamente la era de los dinosaurios, en la que sobrevivían los más grandes y pesados, y llega la época de supervivencia de los más ágiles y rápidos. Hoy todo el que lo desee puede, con mayor o menor esfuerzo, grabar su disco en forma casera o semi-profesional. Será cuestión entonces de hacer valer el talento por encima de los dólares y el conocimiento por encima de los grandes equipos, para que el único recurso aún no reemplazable siga siendo válido: el recurso humano. Porque es también sabido que de nada valen los millones invertidos en equipamiento si quien lo maneja no sabe lo que hace y, viceversa, hemos escuchado excelentes grabaciones salidas de entornos no muy confiables.

 

4. El aumento indiscriminado de la piratería

Como uno de los males casi inevitables de esta época, la piratería llegó a la música para quedarse. Miles de intentos casi siempre infructuosos para desterrarla no han logrado modificar su condición de plaga mundial. Desde hace algunos años aporto regularmente mi tiempo a organizaciones locales como la CAPIF (Cámara Argentina de Productores de la Industria Fonográfica) en la Argentina, desde donde trabajamos para educar acerca del valor de una producción discográfica. Creemos que es la mejor manera de que las nuevas generaciones conozcan todo el trabajo que implica llegar a producir un disco, cuánta gente se ve involucrada desde la grabación hasta la replicación y cuánto dinero cuesta. Como política, parece ser más efectiva en el largo plazo que la confiscación de las copias piratas, que brotan como hongos en cualquier mercado en vías de desarrollo. De todas formas, no hay que echar a la piratería la culpa de todos los males: creo que la industria estaría en crisis de todas formas por no haberse adaptado rápidamente al cambio de hábitos del consumidor, aunque sin dudas esta crisis sería menos notoria si la gente sólo consumiera originales, en lugar de piratería.


5. La aparición de un reconocimiento válido para los músicos de Latinoamérica

En casi todos los países de América Latina la costumbre es mirar hacia el Norte en lugar de mirar lo propio, tomando como ejemplo lo que pasa en Europa y Estados Unidos e ignorando nuestras propias raíces musicales. En los últimos años, la Academia Latina de las Ciencias y Artes de la Grabación (LARAS) ha venido trabajando silenciosa y constantemente para implementar el Latin GRAMMY ® como premio confiable, otorgado entre Latinos y reconocido en toda la región. El primer obstáculo de LARAS fue superar la desconfianza de la industria en cuanto a la transparencia de los premios: yo personalmente he sido invitado a participar de un comité de selección en el cual ocupamos dos días enteros trabajando voluntariamente con la máxima rigurosidad sólo para determinar si los discos postulados estaban en la categoría correcta. Puedo asegurar después de esa experiencia que la seriedad con la que se toma cada nominación al Latin GRAMMY es máxima. No se descuida ningún detalle que pueda afectar la transparencia ni la imagen del premio y se buscan todas las posibilidades existentes para beneficiar a los artistas: creación de nuevas categorías “a medida”, facilitación del envío de las postulaciones, invitación personalizada a distintos representantes de la industria para que participen del proceso, etc. Como en toda industria, el reconocimiento a los mejores de cada rubro sirve para estimular y dar impulso a todos. Para la música latinoamericana, el Latin GRAMMY (también próximo a cumplir los 10 años de vida) es una palmada en la espalda otorgada por los colegas y especialistas.


6. La revolución de las producciones independientes

Sumado a todo esto, o quizás por estos mismos motivos, ha habido en esta década una verdadera revolución de las producciones independientes. Hace diez años, el setenta por ciento de mis masterizaciones tenían como cliente a una gran compañía discográfica. Hoy en día, apenas el veinte por ciento. Esto sin dudas significa algo importante: los artistas han encontrado sus propios caminos para hacer las cosas y descubrieron en muchos casos que les da más libertad editar su material en forma independiente. En muchos casos, la sola dificultad de acceder a los altos ejecutivos de las discográficas multinacionales ya hace que los músicos pierdan las esperanzas de lograr un respaldo y se lancen al arduo pero prometedor camino de la edición independiente, con resultados muy diversos: existen quienes saben explotar la difusión viral de internet y logran hacerse relativamente conocidos, obteniendo beneficios directos y sin tener que rendir cuentas a nadie, y existen otros que no logran éxito en su autogestión y quedan a la espera de que alguien los descubra.
fer Muchos artistas independientes han venido a masterizar su material con nosotros con la necesidad de encontrar respuestas sobre el camino a seguir: si deberían presentar un concepto más pop o más rock, si las baladas los favorecen o no, si el disco debería mostrar todo el espectro de posibilidades musicales del artista o si debería ir en una única dirección, si los cortes de difusión deberían ir todos al principio o repartidos a lo largo del disco para que no decaiga la atención y demás. Es allí donde más se nota la falta de la figura de un productor que no tenga dudas del camino a seguir (tanto en lo técnico como en lo artístico) y es quizás uno de los derivados más notables de esta revolución de producciones independientes que vivimos.

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