Esa y otras credenciales, lo llevaron a ocupar un sitio irremplazable en el staff de grupos e intérpretes iconos del movimiento rockero porteño, como lo fue Manal, Vox Dei, o los ineludibles Almendra de Luis Alberto Spinetta y Arco Iris de Gustavo Santaolalla, quienes recién comenzaban sus carreras. Presente en la actualidad como sonidista en vivo de la peculiar banda Los Tipitos, pudimos conversar con este profesional sonoro que no se cansa de explorar el fenómeno acústico.

La nobleza del aprendizaje empírico

Fin de los años sesenta. En Argentina, como en el resto de América Latina, la escena musical del rock estaba en apogeo, gracias a la exposición constante a la que se sometían los grupos en tocadas por todo el territorio. A ellas llegaría Ubaldo, luego de sonorizar las presentaciones de la cantautora María Elena Walsh y ser el soporte que construyó la carrera de Leonardo Favio: “Con ella recorrí todo el país y al terminar me topé con quien lanzaría al entonces actor y director de cine, Leonardo Favio. Hice todos sus discos hasta que dejó de cantar. Después entré de lleno con las bandas de rock; empecé con Almendra hasta que se separaron, y afortunadamente pude conservar un amor musical entrañable con Luis Alberto Spinetta. Es un personaje divino con un talento tremendo”.


“Luego estuve con otro grupos como Manal y Vox Dei, y para ese entonces ya me había llamado un par de veces un cuarteto llamado Arco Iris, para que les hiciera el sonido de su disco, lo cual no se había concretado. Así que fue fortuito el día que me solicitaron ayuda para su primer show masivo y acudieron a mi casa para probar el equipo. Tenían una pinta completamente hippie, y el que traía el pelo como un león era Gustavo Santaloalla. Ahí nos conocimos y todos sus espectáculos los hice yo. Con ellos también creé una amistad muy grande, más allá de lo estrictamente profesional, que sigue vigente en estos días”, continúa Ubaldo.

“Después de Arco Iris me sumé a otra agrupación llamada Alma y Vida, hasta que me cansé de girar. Eran jornadas exhaustivas en las que recorrimos todo el país. Hacíamos cuatro o cinco shows por noche y teníamos pocos minutos para armar y desarmar todo, aunque era una época en la que se usaba menos equipamiento. Contábamos con pocos minutos para desmontar el escenario, cargar la camioneta y salir rápido hacia el próximo destino, muchas veces jugándonos la vida”.

 

“Esa fue mi principal escuela porque en aquella época no existían los monitores ni la manguera (snake), armábamos todo arriba del escenario y en la misma fila que los músicos. Usaba una consolita hecha por mí con los conocimientos que tenía de ingeniería en electrónica. Se construían los equipos porque no existía su venta o renta como vemos hoy”.

 
 

Adaptación al cambio, el secreto para mantenerse vigente

 

La llegada de las nuevas tecnologías en los procesos de producción de conciertos, y concretamente en el audio, no representaron un momento de parálisis para Uberto, quien en ese momento ya era uno de los más experimentados ingenieros de sonido en vivo. “Adopté con facilidad la tecnología a mi trabajo porque indudablemente es una herramienta que me ayuda a depurar mi trabajo. Mi generación vivió esos festivales en los que había 20 o 30 consolas, mesas para todo el mundo, y hoy se arman todas las mezclas desde una sola, gracias al ambiente digital”.

El experimentado ingeniero continúa: “Los cambios son intensos pero los chicos de hoy tienen la ventaja de aprender en un año las cosas que nosotros tuvimos que descubrir por nuestra propia cuenta en mucho más tiempo, ya que no fuimos a la escuela porque no tuvimos opción. Ahora rápidamente puedes aprender cómo usar una mesa de sonido, y lo demás es oreja y gusto, porque indudablemente, aunque se tengan todos los conocimientos, sin este importantísimo ingrediente de tener gusto por hacer sonido, no es posible trascender”.

 

En este periodo también se cimentó la profesionalización de la ingeniería de sonido en vivo, gracias al arribo de espectáculos de corte internacional, en donde toda una generación de técnicos pudo aprender el modelo estadounidense de trabajar la industria del espectáculo, tal y como lo cuenta Ubaldo: “Esta evolución fue en todos los sentidos, tanto en la manera de montar un show como en la parte administrativa. Se tomó nota de cómo se trabajaban las cosas y esa fue una escuela muy grande”.

Lindo despertar, la actualidad de la ingeniería de sonido en vivo

La profesionalización y el reconocimiento del cual ya gozan los ingenieros como parte del trabajo de los artistas, son para Ubaldo Bernal los elementos que permiten vislumbrar un camino de mejora continua para los profesionales y aspirantes dispuestos a consagrar su vida a la magia hecha desde la consola: “El ingeniero de audio de hoy debe buscar el respeto por su libertad para crear, porque si una banda quiere imponer cómo quiere sonar y él no está de acuerdo, no se hace arte. Debe tener la misma libertad de la que goza un músico, y eso te lo da la seguridad que tengan en sus gustos, y su peso como sonidista.”

“El ingeniero es parte de lo que ocurre en el escenario, tiene que ser parte de la banda. No solamente desde lo técnico, sino desde el corazón porque al final, todo el mensaje que ésta quiera transmitir, pasa por sus manos, eres su filtro. El gusto de este profesional pone cada cosa en su lugar, quizá no en la forma técnicamente correcta, pero sí agradable. Por eso mi recomendación es que estudien, porque es la única forma de saber qué pueden hacer con sus herramientas.”


La voz de la experiencia de esta figura del audio concluye: “Además, es importante que los ingenieros de sonido desarrollen su oído y no se queden con un solo estilo, pues cuanta más música escuchen, más se abrirá su comprensión de la misma. Es incluso, una fuente básica de trabajo porque puede ocurrir que se te antoje escuchar una batería de un grupo de rock con un toque de jazz, y con esos detalles se crea un sello distintivo en las bandas.”
   

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