SIN BANDERA
EN EL AUDITORIO NACIONAL

AUDIO PARA RECORDAR


El pasado, la introspección constante

¿Cómo hacer imborrable de la memoria una despedida? El hecho en sí mismo, no pareciera requerir de mucho, en especial si aquello que vemos partir nos dejó una huella indeleble. Ese es el sentimiento, y el principio creativo que parece invadir a Luis Quiñones, Rudy Rosales y Gustavo Zertuche, los cómplices acústicos que Leonel y Noel encontraron en el camino para hacer de su música el recurso que les permitiera conectarse con las emociones de la gente, sin importar la región y, claro, las banderas.


“En este momento llevo más de 500 conciertos con ellos y es curioso el nivel de entendimiento que hay porque ya sé todo lo que hacen sobre el escenario y fuera de él. Eso definitivamente te deja huella”, comparte Rudy, uno de los responsables de parte de Zero Phase en lo que respecta al monitoreo.

Al evaluar lo ocurrido en este tiempo, la vorágine con la que llegaba el éxito del dúo —en su segundo año de vida ganaban el Latin Grammy ® al mejor álbum de dúo o grupo vocal— constituyó un primer detonante para evolucionar la ejecución de su sonido: “El proyecto creció muy rápido y fue cuando comenzamos a pedir marcas que sabíamos cómo se comportarían. Los cambios comenzaron con traer nuevos equipos para audio y PA, que era donde debíamos hacer modificaciones drásticas. Luego iniciamos ese proceso para la parte de monitoreo porque, al principio, el PA de la banda sólo eran las dos voces de los chicos y un percusionista, lo que hacíamos era tocar con lo que hubiera o emplear marcas artesanales”, describe Rudy, uno de los elementos más veteranos del staff.

 
 
“Posteriormente pudimos darnos el lujo de traer bocinas amplificadas, y se compró microfonía para la voz de los chicos. Recuerdo que lo primero que se compró fueron los in ears y todo esto se dio por la necesidad de atender el crecimiento musical y técnico del proyecto. Todo tenía que crecer, incluido el crew y fue cuando tuvimos la necesidad de traer un ingeniero de monitores que era indispensable. Para eso llamamos a Rodrigo López, que estuvo a cargo un rato y luego nos mandó a Gustavo, que surgió del anonimato porque estaba en un estudio de grabación”, complementa Rudy.


El futuro, la demostración de madurez

El escenario actual sin duda es otro. Para los conciertos en el Auditorio Nacional, la gente de Zero Phase dejó en Jorge Soto el diseño de audio, el cual se depuró con la ayuda de Rudy y Luis. A éste último se le dejó el análisis y la optimización del sistema; mientras que la operación corrió a cargo de Gustavo y Rudy.


El diseño de PA para esta ocasión se hizo con un sistema Meyer Sound que se empleó como sistema principal para cubrir la mayor parte del foro. A éste se añadieron otros subsistemas que permitieron la cobertura de los balcones que se encuentran a los costados del recinto. “Hay gente que pensaba que al tratarse de un grupo de música pop y baladas, el asunto era ofrecer algo acústico, y todo lo contrario. La banda y los chicos tocan en vivo y desarrollan un sonido muy energético. Entonces, se requiere de una buena capacidad para manejar esa dinámica, sobre todo porque tienes que tener un sistema que privilegie al mismo tiempo la voz y tenga la capacidad de cortar los gritos de la gente”, explica Luis.

Por esta razón, se usó un arreglo cardioide de subwoofer vertical cuyo objetivo era lograr que se contaminara lo menos posible el escenario y, al mismo tiempo, mantuviera la señal de origen con limpieza. “Colocamos nueve subwoofers 700HP de Meyer Sound y usamos su analizador SIM 3 para hacer todo el ajuste. El control del sistema se hizo con el SIM y un procesador Galileo que al mismo tiempo, funcionó como switchera, lo que nos permitió tener mucho control a la hora de hacer las mediciones de todo el sistema y los procesadores”, relata Gustavo.
 
El presente, la certeza de saber qué hacer

La armonía que Sin Bandera y sus músicos logró desplegar por los escenarios, permitió a los integrantes de Zero Phase trabajar en un ambiente de calma y apertura. “No hubo peticiones especiales respecto a la mezcla de sonido porque, afortunadamente, los chicos tienen una formación musical sólida que les facilitó integrarse a cualquier género; para ellos era importante que la banda disfrutara sobre el escenario y si eso ocurría, se adaptaban sin problemas. Así que me bastaba con cuidar los niveles de la mezcla, porque ellos se incorporaban solos sin que yo tuviera que hacer alguna modificación radical de la misma”, señala Rudy.

Algo similar fue lo que vivió Gustavo como ingeniero de monitores, quien pudo aplicar sus conocimientos de mezcla en estudio para adaptarlos a los requisitos de un concierto en vivo. “Cuando llegué ellos ya empleaban los in ears y eso implicaba un reto porque al tener un sonido libre de contaminación acústica, tenía la opción de hacer una mezcla más panorámica. Me pude involucrar más en la ecualización para sacar las cosas y ponerlas en un punto o espacio, en el cual podía crear o imaginar un concepto de audio. Ellos comenzaron a vivir conmigo ese cambio cada día y hemos crecido juntos en cuanto al sonido. Siempre se sintieron cómodos con las ondas raras que hice y eso fue bueno para ambas partes.”


Para darse estos gustos de experimentación, la gente de Zero Phase se cobijo a la convicción de controlar lo más que se pudiera, cierto aspectos de sus proyectos, como fue procurar tener siempre las consolas PM5D de Yamaha para el monitoreo y el diseño de sonido porque, como cuenta Rudy y Luis, “las conocemos bien, sabemos cómo funciona,n y nos sentimos cómodos para resolver los dilemas que se nos presenten.”


Al final, el conocimiento acumulado de la experiencia de ver nacer y partir el proyecto de Sin Bandera, dejó en los integrantes de Zero Phase lecciones fundamentales: asumir con entereza el compromiso con la propuesta que llegue, con las exigencias que ésta demande, además de estar dispuesto a aprender, como lo fue para Rudy; y por otro lado, a involucrarse en las circunstancias que suceden de manera activa con la intención de disfrutarlas y saber por qué ocurren, como le pasó a Gustavo. Si aunado a esto se goza de una relación de amistad entrañable con el artista, lo que queda por hacer es decir un hasta luego, en lugar de exclamar un adiós.