Para hablar de su trayectoria hay que partir de su trabajo con Peace and Love en los años setenta…

“Es el precedente. La banda llegó a México, de Tijuana, a finales de los años sesenta. Fuimos de los primeros grupos que integró los metales al rock. Recuerdo que dimos nuestras primeras presentaciones en aquellos famosos hoyos funkies, ya con este set de instrumentos integrados a nuestro sonido. Tocábamos de lunes a domingo y tuvimos un éxito insólito que nos llevó a grabar en el estudio de la disquera Cisne Raff que era de ocho canales, pero que a pesar de las limitaciones, tenía ingenieros muy buenos como Víctor Nava, quien cuidaba mucho el audio y fue el responsable de esas mezclas increíbles de Sentimiento Latino y We got the power. En ese sello estábamos prácticamente todos los rockeros de la época. Con ellos también hicimos los temas Peace and Love y High flying lady, que se presentaron en el Festival de Avándaro como canciones inéditas”.


¿Qué te dejó la experiencia de tocar en Avándaro?

“Cuando fuimos a Avándaro la banda ya tenía una fuerza muy interesante en la capital porque tocábamos mucho y compartíamos escenario con gente como Pérez Prado, Los Babys y la Sonora Santanera, nada que ver porque nosotros éramos, como diríamos en el argot del rock, la banda con propuesta. Sin embargo, eso nos dio una fama inesperada que se confirmó en el festival. Nadie esperaba lo que ocurrió, no estábamos listos para algo de esa magnitud: más de 150 mil personas reunidas por el deseo de presenciar a las mejores bandas de rock de ese tiempo. La gente fue a acampar y a compartir por la música”.

“Recuerdo que cuando estábamos tocando We got the power, que fue la canción más fuerte del concierto aunque estaba en inglés, al llegar a la parte del coro, se convirtió en algo emblemático. Justo en ese momento se levantó una bandera mexicana con el símbolo de amor y paz en el centro. La desgracia, dicen muchos, ocurrió según cuando yo dije ‘que chingue a su madre el que no cante’, porque pensaron que me avergonzaba no cantar en español, o como se dijo luego, que por esa mentada había destruido el rock nacional. Nada más absurdo, lo que sí ocurrió es que después de que lo grité no hubo una sola persona sin cantar. Eso fue algo muy emotivo para mí, como artista. Siempre he comentado en que de haber existido el slam, me hubiera puesto a bailar como loco, porque me quería aventar y volar”.

“Por otro lado, se dieron muchas versiones lamentables del hecho y eso fue terrible porque se trastocó lo que verdaderamente ocurrió y su significado. El gobierno lo usó como pretexto para censurar al rock. Creo que lo más positivo de Avándaro es que hayan dejado que sucediera. Y, lo más negativo, es que lo hayan criticado tanto y que haya traído la marginación total del rock como secuela”.

En cuanto a lo técnico, Avándaro representó un enigma para todos los involucrados porque no se tenía experiencia en hacer conciertos masivos…


“No había claridad en cuanto a cómo iban a funcionar las cosas. Se armaron torres de sonido separadas y había algo de equipo de amplificación sobre el escenario porque en ese tiempo lo que se hacía era usar el equipo de unos para todos. No recuerdo exactamente quiénes se involucraron para armar el escenario, llevar el equipo de sonido y demás. Entre los que ubico estaban Televisa por gestión de Luis de Llano y en cuanto al audio los que participaron fueron los hermanos Tena. Toda la logística del evento fue coordinada por Armando Molina, quien de hecho fue el promotor del evento en sí”.

“Contrario a lo que muchos dicen en cuanto a que Peace and Love fue el grupo que mejor sonó, basta recordar los problemas que tuvimos porque la corriente eléctrica fue tan mala, que nuestro órgano Hammond estaba totalmente desafinado tres o cuatro tonos por debajo del que usábamos para tocar. Luego a mi hermano, Ramón Ochoa Bozzo II, se le tronó la tarola y se le rompió el parche de la batería. Todo comenzó a ser un caos de sonido y la cosa empeoró porque conforme avanzaba nuestra tocada, el órgano ya casi no lo podía tocar Felipe Maldonado, así que eso se recargaba a mi guitarra, al bajo, a las percusiones y a la batería y eso ocurrió por la energía que se estaba imprimiendo en la forma de tocar. No se sabía armar un escenario, ni el sistema de sonido, ni la corriente eléctrica, ni nada”.

¿Cómo vivió el periodo underground del rock mexicano posterior a Avándaro?

“Cerré el ciclo con Peace and Love tras grabar el disco con las canciones que presentamos en Avándaro. Tras un periodo de residencia en Acapulco, donde nos tuvimos que mudar porque en la ciudad ya no nos dejaban tocar, tomé la decisión de deshacer la banda porque ya no se tuvo el mismo interés. Era 1973 cuando armé el proyecto de Náhuatl con el que nos sumamos al movimiento de rock de Humberto Ruvalcaba, llamado Tercer Mundo, en el que nos manifestábamos para revertir la situación de represión que había. Las cosas no iban como deseaba porque mi motor siempre ha sido ingeniármelas para vivir de hacer música y fue cuando nos llegó la propuesta de grabar un disco de los éxitos del rock and roll con Enrique Guzmán. En ese tiempo también conocí a Kenny Avilés y la comencé a entrenar como cantante. Sin embargo, nunca despegó la propuesta y tras hacer dos álbumes, deshicimos la banda en 1977”.

“Después decidí partir a Los Angeles en los Estados Unidos y ahí comencé a explorar otra faceta de mi formación relacionada con el maqueteo y la producción, y continuaba haciendo música ya con Kenny & the Electrics. A mi regreso en 1981, comencé a participar con otras bandas como Ritmo Peligroso y otras. Me fui haciendo de fama porque tenía esta formación tijuanera de tener disciplina en la ejecución. Esta dinámica de ser músico e involucrarme con los grupos que se estaban formando en el inicio de la década de los años ochenta, me permitió explotar poco a poco la faceta de productor o de una especie de guía”.


Se gestaba el nuevo movimiento del rock en español…

“Estábamos rompiendo el estigma de rechazar el rock en español. Hubo gente intelectual impulsando esto, como Óscar Sarquiz; gente que quería que se diera el giro y demostrar que ya habíamos pasado los años setenta, que vivíamos en los años ochenta y que la onda era más poperona, una mezcla de new wave con funk, a la manera en que lo interpretaba The Police y que era lo que se vivía en Los Ángeles. Lo que hice fue volver a reinventarme un lugar y no limitarme porque las disqueras me rechazaran. Era el aferrado del rock. Me tocó acercar a quienes en ese entonces se llamaban Green Hats, luego Sombrero Verde, y que hoy es Maná con una disquera que me había negado la opción de grabar con Kenny y los Eléctricos porque nos vio rucos”.

“Entonces me puse a buscar inversionistas y fue cuando convoqué a varios grupos para grabar un álbum compilatorio de dos canciones por banda, entre las que estaban Kenny y los Eléctricos, Mask, Punto y Aparte y Clips. Fue un álbum bien hecho porque entre otras cosas, tuve la fortuna de hacerlo con Juan Switalski y Víctor Fernández como ingenieros. Se intercalaban porque eran sesiones de 24 horas de grabación. Ese mismo acoplado se lo presenté a Chela Braniff, a quien le encantó y me ayudó a conseguir dinero para crear la disquera Comrock. En ésta se grabó el álbum Simplemente de El Tri, y otros proyectos, como el de Mask”.

¿Dirías que tu faceta fuerte como productor se da en los años noventa?

“De alguna manera sí porque en esa época, por la amistad que me une a Luis de Llano desde Avándaro, me comencé a involucrar en muchos de sus proyectos, como el programa Música Futura, en el que tuve que hacer los demos, sin necesidad de hacerles ajustes, pues no había mucha gente capacitada en audio que pudiera trabajar aspectos finos de éste para la televisión. A la par, creé otro sello independiente para hacer proyectos con Cecilia Toussaint y Caifanes. Mi vida como productor continuó y con Luis de Llano trabajé en otras propuestas como Garibaldi. Ahí también arranqué mi trabajo con Cita y sus Muñecas rotas. En 1993 decidí regresar a Estados Unidos pero ahora la experiencia fue distinta, porque ya llegaba con un prestigio que me facilitó un poco las cosas”.


  Creaste un estudio en Santa Fe, Nuevo México ¿cómo lo conseguiste?

“Fue todo un proyecto que incluía un estudio de grabación, una disquera independiente y un foro de difusión para los artistas locales y me sentí muy bien. Desde ahí hice otras cosas para Luis de Llano, y la música para un documental sobre los Redskins Heads. Estaba cerca de El Paso, Texas donde tenía un amigo de Fonovisa, Heriberto Moreno, quien me pidió crear la división de rock en la que hice un disco tributo para los Tigres del Norte y desde hace tres años y medio Cita y yo retomamos la fase creativa para nuestra propuesta artística. Lo último de producción que hice fue el disco Con sabor a mi padre del hijo de Álvaro Carrillo y, previo a eso, trabajé con Eugenia León”.

“Hoy me encantaría tener mi estudio con cintas y todo porque soy de la vieja escuela. Cuando trabajo con lo digital me cuesta mucho llegar a la tonalidad que deseo oír de un instrumento. Claro, no tengo las cantidades de dinero para comprar el out board y los periféricos, entonces uso lo que tengo porque lo conozco. Uso Pro Tools, Digital Performer y estoy incorporando el Logic. Con esto hacemos muchas cosas pregrabadas a las que les añado voz y guitarra, para las percusiones uso lo electrónico. La propuesta de Cita y sus Muñecas rotas está en crear algo multimedia, de origen teatral. Está caminando y estamos muy contentos”.



¿Cómo ves el rock nacional en este momento?

“Para todos ha sido complicado porque en México el 80 por ciento de la población gusta del género popular y el 20 por ciento restante (y creo que me voy muy alto), está con el rock. Antes se peleaba por un movimiento y hoy cada quien ve por lo suyo. Ese individualismo ha dado lo que vemos ahora y, con todo y eso, creo que está de maravilla porque los que están ya ocupan un lugar. Para que entre alguien nuevo debe traer una propuesta muy fregona, lo que nos habla de que tiene que haber calidad. He oído cosas muy buenas, por ejemplo, para mí La Barranca es uno de los grupos de rock más importantes, y, ¿les ha sido fácil? No. ¿Los entiende la gente? No. Sin embargo ya están en el círculo rockero y ahí hay muy pocos”.

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