Pionero de la informática aplicada a la música en el mundo de habla hispana, Diego Merlo es músico, compositor, docente y fundador de proyectos de difusión como Omnilab y es el creador de Missing Instruments, sistema que censa, registra y permite rastrear instrumentos musicales y equipo de audio extraviado o robado a través de internet. Conozcamos su historia.

El juego de saberes
“Mi instrucción musical empezó a los 16 años y a los 22 ya estaba dirigiendo orquesta, lo que me llevó a dedicarme a la composición sinfónica. Fui a hacer un posgrado en la Universidad del Liceo en Barcelona, donde una circunstancia administrativa cerró la cátedra que iba a tomar, pero lo que ocurrió fue que me dieron la llave del Laboratorio de Informática, donde empecé a descubrir y hacer experimentos de muchas cosas que no tenía ni pensadas”, expone Diego sobre el origen que lo liga a su profesión y el eje informático presente en ésta.

Posteriormente, Diego comenzó su trabajo en TV Española —en post producción de audio— para luego adquirir experiencia en estudios de grabación europeos: “Compañeros como Xavier Perostes y Omar Laos fueron invaluables, siempre compartieron información y así aprendí siendo un novato durante los seis años en TV Española, haciendo la reconstrucción de bandas de películas e íbamos a estudios en Berlín o el de Peter Gabriel para capacitarnos”.

A su regreso a Buenos Aires —en los inicios de los años noventa—, el expertise sonoro de Diego permitió a Diego ser columnista de revistas especializadas e iniciar como docente en su propia escuela y colaborador en consejos universitarios: “Fui uno de los pioneros en trabajar la música con computadoras; trabajé con holofonía (sistema de espacialización sonora), empecé a escribir libros, estuve en la televisión, armé mi propia escuela y su sinfónica de computadoras y en 2001, con unos amigos armamos nuestra primera red para músicos llamada Omnilab, que relanzamos en 2016 como un portal certificado de información con un consejo académico”.

“Hice los planes de estudio de varias universidades de imagen y sonido —la de Quilmes y Villa María en Córdoba, entre otras—. Fue un momento mágico: venía de trabajar en plataforma Mac en Europa y en Argentina la plataforma era PC, coincidí y colaboré con el ingeniero de sonido Cristian Jogendal y Hugo Zuccarelli, el creador del sistema de holofonía. Tuve mis alumnos e impartimos Informática Musical, MIDI y audio digital”, menciona.

En lo profesional, Diego se unió como ingeniero de sonido a ESPN e inició su faceta como asesor de Korg International. Vendría también el desarrollo de sitios certificados: “Pude vivir la adrenalina del sonido en vivo en televisión y el contacto con nuevas tecnologías; luego trabajé como asesor de esta marca porque hago sampleos desde 1992. De hecho, MIDI Lab nació como contrapeso a la moda de las redes que muestra a personas que se dicen expertos y lo único que están buscando es tráfico”, señala Diego.

“MIDI Lab tuvo su primera versión en 2001 y contábamos con veinte mil usuarios registrados. Luego vendimos parte de los contenidos a Hispasonic y cerramos el dominio; en 2016 volvimos con el concepto de tener información certificada por un consejo académico de especialistas que puede impugnar los artículos y, si no se aprueba, no se publica. Estamos en contra de las infodemias, más ahora con la creencia de que copiar un artículo de Wikipedia ya es académico y no es así en lo absoluto; en lo docente nos obligamos a una revisión de la práctica, donde los alumnos cuestionen. Hoy, MIDI Lab tiene la filosofía de certificar sitios que tienen información de manera gratuita y a gente que está dando clases on line, para separar la desinformación de la información”.

Missing Instruments: el censo instrumental y de equipo profesional
Tras detectar el problema severo en la industria musical relacionado con la pérdida y robo de instrumentos, y que la información en las grandes redes sociales se pierde muy rápido, Diego Merlo ideó junto a un grupo de personas expertas en bases de datos, programación y redes, una red de instrumentos perdidos, llamado Missing Instruments.org: “Se trata de una base de datos para indagar en el mercado ilegal de la compra-venta de instrumentos. Lo que hacemos es un seguimiento de su historia y ahora estamos en la fase de pruebas con geolocalización”, expone.

¿Cómo funciona Missing Instruments? Diego explica: “El sistema implica dar de alta todo el equipamiento de forma anónima y oculta; sólo sale a la luz lo que se pierde (los datos del modelo, serie y fotos), sin nombre del dueño: “Deben contactarlo vía la plataforma. Es una base de datos que sirve de consulta y estamos cerrando tratos con fabricantes para que los productos salgan con el carnet de identidad de Missing Instruments”.

“Hoy tenemos un mercado de procedencia dudosa”, menciona Diego; “y no lo vamos a sanar pronto; por ahora es un buen momento para hacer un inventario del equipamiento que se tiene; es anónimo y gratis de por vida para los primeros cien mil usuarios registrados. También es un servicio gratuito para instituciones educativas, de gobierno y orquestas”.

Diseñado en su arquitectura digital por el equipo de Cantera Digital, de Morelia, Michoacán, en México, se trabajó a fondo para garantizar la privacidad desde la programación, diseño y contenidos, así como la experiencia del usuario. “Otro de los problemas más difíciles de abordar fue que todos somos conscientes de la importancia de nuestro equipamiento, pero no estamos dispuestos a sacar una foto para subirla a la base de datos. ¿De qué sirve que estés dado de alta si no subes el equipamiento? Hemos tenido mentoría con abogados informáticos y el acuerdo de privacidad es muy específico al respecto”, acota Diego como un llamado a la confianza y tranquilidad de los posibles usuarios.

En su segunda fase, Missing Instruments explora la geolocalización del instrumento y de equipamiento de grabación. Ya se están gestionando alianzas, como la hecha con Rodrigo Pérez Lavequia, presidente de la Cámara de Empresarios de Espectáculos de la Argentina, y se tienen conversaciones para brindar el servicio a todas las empresas en gira. Después, se hará un banco de instrumentos donde, en enlace con medios como MIDI Lab, se detectará a músicos que requieran un instrumento y no lo puedan tener. Se podrán dar estos en adopción y Missing Instruments becará a quien se le asigne para llevárselo.

La plataforma es multilingüe porque existen diferentes problemáticas: “En Estados Unidos, los músicos olvidan el instrumento, mientras que en América Latina hay robo con distintas modalidades como en México; en Argentina y Chile, las tiendas no venden usado, por el tema del mercado negro, lo mismo en Colombia y Perú. Otro problema son los instrumentos sinfónicos porque son hechos por lauderos y ya estamos trabajando con ellos para que pongan, además de su firma, un número de serie, un código único asociado al DPN (Digital Pin Number), y así tener las marcas artesanales y referencia de los instrumentos”.

Desde su apertura el 22 de noviembre de 2019, Día de la Música, se han recabado diez mil registros. Ya hay pactos con escuelas y se buscará la difusión presencial en diversos foros, además de la labor vía redes sociales.

“La relación del técnico y el músico con su instrumental de trabajo crea un vínculo amoroso, de personalización de la cosa. Uno se hace a su hardware y a sus pertenencias; por eso, en ocasiones no alcanza con volver a comprarlas. De ahí que debemos tomar conciencia y protegerlas. La unión hace la fuerza y estar juntos nos facilita el flujo de información, acerca de lo encontrado o perdido. Debemos aprovechar que existe ahora esto y que es gratuito de por vida para quienes deseen colaborar”, concluye con acierto el músico y compositor, con la confianza de que los músicos e involucrados en la industria de la música y el espectáculos se integrarán pronto a esta opción en su beneficio.

Entrevista: Nizarindani Sopeña / Redacción: Marisol Pacheco