Por Juan Carlos Flores
La pasión incansable del editor, productor y mánager parisino Philippe Plá lo ha llevado por diversos senderos dentro de la industria de la música, no sin aprovechar hábilmente los diversos entronques que se le han presentado en el camino. Hijo de españoles, pero nacido en Francia, ha trabajado con grandes nombres del mercado europeo y su rol más reciente se ha enfocado al management, guiando las decisiones profesionales del combo afrolatino Sergent García, banda con la que ha realizado diferentes giras en tierras mexicanas.
Trabajábamos en estudios parisinos, aprovechando horarios nocturnos para acceder a mejores equipos a bajo costo. Fuimos evolucionando de grabaciones sencillas con equipo Telefunken y pocas pistas, hasta estudios profesionales con 24 y 36 canales y cintas de una pulgada, lo que mejoró mucho la calidad sonora”.

Interconexiones
Philippe relata su historia familar: “En España, mis padres cruzaron la frontera por la guerra civil, y llegaron a asentarse en Francia. Mi padre estudió Matemáticas Superiores cuando estuvo allá, sacó excelentes notas y una gran parte de su vida viajó por el mundo arreglando estaciones espaciales. No aparentaba haber nada de música en la familia, hasta que mi abuela un día me contó que su primo hermano fue autor de más de 500 coplas. A mis 11 años, mi hermano y yo escuchábamos discos de Genesis y Pink Floyd, y un día me llevó a ver a Carlos Santana en vivo. Este fue una experiencia tan intensa que me estremeció. También asistí a conciertos de Pink Floyd, Genesis, Yes, Bob Marley, Frank Zappa y Max Roach. Cuando llegó el new wave, me fasciné con Bauhaus, Joy Division y The Cure. A los 15 años ya tocaba guitarra rítmica y grabábamos ensayos con equipo Telefunken. Las primeras maquetas eran modestas, registradas en directo en el local de ensayo, y llegamos a intentar que las radios las transmitieran. El dueño de la sala de ensayos y nuestro compañero músico, Roger Saint Paul, baterista excepcional, terminó tocando con Weather Report tras estudiar en Berklee”.
Philippe prosigue su narración, con sus primeros contactos con la industria, derivados de sus propias inquietudes: “De estudiante iba de vacaciones a España y me preguntaba cómo era posible que la música española no llegara a Francia. Además del cantautor Paco Ibáñez, no se escuchaba nada más. Yo empecé a aprender más castellano con los discos de grupos de los ochenta que me traía de España: Radio Futura, El Último de la Fila, Seguridad Social, Duncan Dhu, Luz Casal. Siempre he tenido la tendencia de difundir cosas que la gente no conoce”.

El primer intento exitoso de Philippe para ingresar en la industria musical a través del área editorial fue gracias a la banda Mano Negra: “Al ver que tocaban rock en español, mandé un telex –anterior al fax– a la de Interpretaciones Artísticas de Valencia, para colocar los discos de Seguridad Social, un grupo de Valencia. Así empecé a saber lo que era una editorial. Me apeteció conseguir la subedición de las obras para colocarlas en un sello discográfico de Francia. Esa fue la manera en la que pude ingresar en la industria musical. Todavía como estudiante, colaboré con artistas españoles y africanos en grabaciones, trabajando con mi intuición con los aspectos técnicos y artísticos. Trabajábamos en estudios parisinos, aprovechando horarios nocturnos para acceder a mejores equipos a bajo costo. Fuimos evolucionando de grabaciones sencillas con equipo Telefunken y pocas pistas, hasta estudios profesionales con 24 y 36 canales y cintas de una pulgada, lo que mejoró mucho la calidad sonora. El entorno multicultural en París fomentó la creatividad y la colaboración, especialmente con grupos que cantaban en español, como Chihuahua y Mano Negra, fusionando estilos y culturas en cada sesión”.
La infraestructura francesa de audio siempre nos sorprendió: llegabas a una sala con tu artista y todo estaba equilibrado, listo para trabajar. Si llevabas a tu técnico, solo se tenían que ajustar detalles mínimos. El famoso ‘ruido rosa’ casi no se usaba, porque el sonido era impecable desde el principio”.


La isla cuántica
Un viraje definitivo se dio entonces en la carrera del ejecutivo: “Justo al día siguiente de mi último examen en la Sorbona, entré a trabajar en Island Records. El hijo de Claude Pascal, que era un gran editor francés, me invitó a trabajar con él, ya que sería el director de Island Records Francia. De repente cumplí uno de los sueños de mi vida: trabajar en el sello de Chris Blackwell, el descubridor de Free, Traffic y Bob Marley. Yo trabajé en el departamento editorial de la empresa desde 1989 y hasta 1991, año en el que Blackwell vendió la empresa a Polygram, que luego se convertiría en Universal. Durante esos tres años no paramos de ir a estudios, y cuando Blackwell vendió me fui a España y me empecé a dedicar más a intentar producir conciertos y al management”.
La perspectiva de Philippe Pla sobre la evolución de las salas de conciertos y estudios de grabación en Francia y España es el siguiente punto por abarcar: “La infraestructura francesa siempre nos sorprendió: llegabas a una sala con tu artista y todo estaba equilibrado, listo para trabajar. Si llevabas a tu técnico, solo se tenían que ajustar detalles mínimos. El famoso ‘ruido rosa’ casi no se usaba, porque el sonido era impecable desde el principio. En España, la situación fue mejorando en los años ochenta, sobre todo con la llegada de marcas como Meyer Sound y Martin Audio, además de algunos equipos canadienses que se empezaron a importar”.

“En cuanto a la música grabada, en España se empezó a desarrollar tecnología propia, pero todos leían revistas especializadas y soñaban con tener el equipo para lograr ese sonido analógico tan buscado. El salto a lo digital revolucionó todo: con buenas tarjetas de sonido y software, muchos podían montar un home studio. Aun así, todos los que se interesan por la calidad sonora asisten a masterclasses y leen manuales para entender bien el funcionamiento de los equipos”.
“En España, grupos como Radio Futura pusieron mucha atención en el sonido, cuidando cada detalle en sus discos cuando otros no sonaban tan bien. Es justo reconocer el esfuerzo que se hizo para mejorar la calidad y profesionalización de la producción musical. Francia, por ejemplo, estaba tan avanzada que hasta los Rolling Stones iban a grabar ahí, ya sea en estudios de París o en castillos equipados con equipos impresionantes”.
Philippe Pla finaliza con una reflexión: “El avance técnico, la calidad de los equipos y el conocimiento de quienes los manejan han sido determinantes para la evolución de la producción musical en Francia y España. La historia de estos cambios está llena de anécdotas sobre marcas, tecnología y personas apasionadas por lograr el mejor sonido posible”.



