Nueve meses de residencia en Canadá dieron a Natalia Lafourcade el tiempo y la sensibilidad para crear su cuarto álbum, placa en la que viejos conocidos de la músico y compositora, como Emmanuel del Real (Café Tacvba), Marco Moreno, Ernesto García y Tony Peluso hicieron la compleja tarea de delimitar en la misma caja una propuesta sonora concebida con letras surgidas de la nostalgia que, envueltas en melodías llenas de fantasía, bien podrían ser el soundtrack de un cuento de hadas. Estos son los pormenores detrás del que la intérprete define como un disco “muy juguetón y absurdo”, tal como lo expresa el nombre de éste: Hu Hu Hu (Sony-BMG, 2009).

Tierra de por medio, un recurso para reinventarse
“Lo que estaba componiendo se empezaba a hacer repetitiva, valiéndome de los mismos recursos; fue cuando me di cuenta que necesitaba exponerme en otra situación, tener un espacio que me diera, no nuevas herramientas para componer, sino libertad y tranquilidad para hacerlo”, describió Natalia al relatar la situación que le llevó a refugiarse en tierras canadienses para romper con el modus operandi de la industria a la que se había subido, y que entre otras cosas, marcó la decisión de continuar con su carrera de manera solista y la interrogante de cambiar de manera definitiva o temporal su lugar de residencia. 

El tiempo y la convivencia con nuevas personas en Canadá, músicos en su gran mayoría, trajeron como beneficio para Natalia un periodo productivo en el que, con el apoyo de un piano, la intérprete de éxitos como En el 2000 y Amar te duele encontró la chispa para encausar la concepción de un nuevo disco: “Estaba en un momento raro, fuera de mí misma (por lo que irme de México) me ayudó mucho porque conocí gente y música que no había escuchado. Llegué a ese país con la música que oía aquí y que ninguno de mis nuevos amigos conocía, entonces comenzó un intercambio muy bueno, en el que todos me mandaron cosas muy distintas, las cuales me influyeron y me ayudaron a hacer mi disco”.

 


Al componer: bienvenida la tristeza, sin perder la compostura

“Soy de etapas. A veces llegan unas muy fuertes donde las cosas me salen rápido y claro, y son las mejores, pero para llegar ahí tengo que pasar por un amargo tramito donde hago y hago canciones de las que no me gusta ninguna. Luego sucede que armo algo y me agrada, y de ahí me apoyo para recuperar elementos. Casi siempre llegan estos últimos cuando no tengo mucho que hacer, pero sufro cuando tengo esas épocas en que pasan ocho meses y no surge nada”, comenta Natalia.

“(En este disco) muchas canciones las compuse cuando estaba sumamente triste. Es el caso de Ella es bonita (el primer sencillo del disco); la escribí al piano, fue una vivencia que no quería exponer y al final, decidí convertir lo triste de la letra en un pasaje como de circo”.

El armado de un rompecabezas, una producción multidimensional 
De concepción agridulce, Hu Hu Hu pretende exhibir un sonido pop digerible, con armonías dulces y letras en tonos amargos y tristes, que con la intervención de la música inviten al escucha a construir, casi de manera instantánea, un mosaico visual con las imágenes que corresponderían al video de la canción. Natalia agrega: “Quería que el disco tuviera un sonido muy orgánico y ponerle un toque de cuento de hadas y fantasía. Por eso grabé muchos instrumentos, con ayuda especial en aquellos que no domino como el bajo y la batería, con toda la intención de asegurar que no iba a ser el sonido perfecto, sino uno muy natural, generado de manera espontánea. Este es un disco muy juguetón en ese sentido”, expuso la ganadora del Grammy Latino 2006 por el disco Casa.

Por la importancia de lograr plasmar esta ejecución espontánea en el sonido, el set de instrumentos incluyó, además de la guitarra como la base, piano, vibráfonos, armonio y percusiones, hasta cascabeles, sartenes, ollas, tablas, cajas y teclados vintage Casio. El complemento clave fue la microfonía Telefunken, en esencia, además de los preamplificadores Avalon.

 

La preproducción del disco tuvo su fase principal en el trabajo instrumental de las canciones, el cual duró aproximadamente medio año. Posteriormente, sucedió el proceso de entrega de demos a la compañía discográfica y la tarea en paralelo de tocarlo en vivo para conocer la respuesta de la gente. El trabajo fuerte de producción, con Meme y Marco Moreno, consistió en hacer lo que Natalia describe como el corte y pega de las canciones.

La mezcla se hizo mayoritariamente en el estudio y en el project studio de Marco Moreno, además de un espacio provisto por los tacvbos: “A la hora de grabar nos fuimos a una casa en Cuernavaca y nos llevamos todo lo que pudimos de instrumentos: teclados, cajas, bajos, guitarras, vibráfonos, en fin, todo un arsenal, y al terminar teníamos 150 tracks de una misma canción, así que el trabajo de depuración fue minucioso. Aquí me di cuenta de lo necesario que es tener una visión externa, aunque muchas canciones no cambiaron casi nada, sólo mezclamos y ya. Hubo una canción que mezcló Tony Peluso (Cursis melodías), en el estudio de Café Tacvba”.


Mención especial merece el trabajo de masterización, para el cual Natalia se dio a la tarea de buscar a un ingeniero del que se declara fan: Greg Calbi, quien en su haber ha tenido el acierto de trabajar en los discos de Interpol, Cat Power, Travis, Blonde Redhead, David Byrne, Brian Eno, The Rasmus, Sonic Youth, Dave Holland, Branford Marsalis, Norah Jones, Erasure, Moby, Lila Downs, Enrique Bunbury, Aleks Syntek y Los Amigos Invisibles, entre otras bandas.

Así, instalada en la exploración de algo que suena como el género toy music, la propuesta que hoy entrega Natalia Lafourcade es tanto una invitación, como un recordatorio de que se puede ganar al soltar las riendas del confort, para dejar entrar el nervio inherente de experimentar con algo que no se domina del todo. Sin duda un nicho de creación al que vale la pena regresar, como si de un juguete nuevo se tratara.

Hu hu hu tuvo su presentación en sociedad durante un concierto en el teatro bar El Vicio, al sur de la ciudad de México, donde la intérprete convocó a sus seguidores a zambullirse en su propuesta de sonoridad excéntrico-lúdica, haciendo un repaso por los temas que la han ubicado en el gusto del público joven y en el oído de cineastas como Fernando Sariñana y su tocayo de apellido Eimbcke, quienes constantemente musicalizan los guiones de sus películas con su propuesta.