De un lado a otro del escenario, y pendiente de ultimar cualquier detalle para la gran cantidad de espectáculos por producir, Guy Chevriet se toma algunos minutos para responder algunas preguntas acerca de su función en este importante festival, que lleva a los amantes del jazz hasta la ciudad francófona de Montreal, en Canadá.

 

¿Cómo se concibió lo ocurrido sobre el Scène General Motors?

 

“Lo más importante, para todo lo que acontece en el festival, es la preproducción, porque es la parte donde se planea, junto con el artista, lo que se hará en su presentación. Debemos conocer sus necesidades, y previo a su actuación, le hacemos saber el nombre de cada equipo que tendrá en el escenario. Me desempeño como el jefe de control o first director, y tengo un equipo básico de seis a diez personas, que estamos para atender la programación regular del festival, la de los escenarios principales. El objetivo que nos planteamos es conseguir que nuestro trabajo sea invisible para que el artista se sienta a gusto”.

 

 
 

¿Qué actividades ejecutó este equipo base?

 

“Durante el show hay un sonorizador del escenario y su asistente. Tenemos al jefe de instrumentos o backliner, quien también controla los amplificadores. Luego tenemos al encargado de audio en sala y, finalmente, el iluminador. Cuando termina la presentación, en el cambio de espectáculo, se suma a este grupo un equipo adicional que llamamos volante, cuya misión es desplazarse de escenario en escenario y participar en todas las transiciones requeridas”.

¿Cómo se conformó el rider técnico?

 

“La consola de monitores fue una SM24 de Soundcraft equipada con side card, que es una ampliación para tener un poco más de entradas. En front of house se utilizó una Heritage 3000 de Midas, y en cuanto a la microfonía, tuvimos de todo; dispusimos de Shure, Sennheiser y Audio-Technica, entre otros. Insisto, la intención era tratar de cubrir lo que necesitó el artista y con esta disponibilidad de equipamiento, pudimos negociar y así poder establecer límites”.

 

¿Qué equipos usaron para el sistema de sonido?

 

“El PA estuvo conformado por seis subwoofers de L-Acoustics de cada lado. Ubicamos también ocho gabinetes V-DOSC, también de L-Acoustics, y además se instalaron otros altavoces en un área abierta que daba a la calle Jeanne-Mance, para dar cobertura total y que la gente pudiera desplazarse por toda la plaza sin perder inteligibilidad del concierto. El sistema fue diseñado para escucharse desde muy lejos”.

 

 
 

¿Cuál fue el gran reto de sonorizar más de un escenario a la vez?

 

“Creo que con la cantidad de equipo de la cual se dispuso podíamos hacer cualquier cosa y entonces lo que cuidamos fue la manera en que dimos cobertura. No teníamos problema en preparar dos violines u ocho baterías, la diferencia radicaba en el trabajo con la consola, en el tratamiento sonoro en sí, porque eso dependía de la capacidad de la persona que la operaba, en ver qué mezcla podía realizar con lo que se le daba. Nuestro sistema estaba hecho para recibir artistas con acordeones, un pianista, un trío de jazz o un cuarteto de rock.

 

¿Qué significó coordinar el escenario principal del Festival de Jazz de Montreal en su edición número 29?

 

“Primero tengo que decir que fue un privilegio trabajar con un equipo de 2500 personas. Me encanta el jazz y todo lo que le rodea, creo que este festival es una gran vitrina en el mundo y fue maravilloso estar ahí, y escuchar solamente esta música durante 11 días. Para mí, cada año que pasa es concretar un sueño y eso me llena el espíritu”.

 

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