A punto de lanzar a la luz su segundo disco, después de la revelación que significó su primera producción, del mismo nombre que la banda, León Benavente hace una retrospectiva de su trabajo creativo y sus miembros conversan acerca de sus procesos de creación, grabación, mezcla y masterización, en los que se refleja la experiencia musical de cada uno de sus integrantes. Reunión de talentos, en una sola frase.

Como antecedente, hay que mencionar que en las filas de León Benavente se ubica parte del grupo que acompaña desde hace algunos años al cantante español Nacho Vegas, además de tener cada uno de ellos distintos proyectos musicales: Abraham Boba (voz, teclado Farfisa, guitarras rítmicas); Luis Rodríguez (guitarra principal), Eduardo Baos (bajo, sintetizador), y César Verdú (batería), han formado parte de proyectos como Tachenko, Ornamento y Delito, Schwarz, La Cuarta Trama y Belmonde, amén de que Eduardo y César son también ingenieros de sonido de larga trayectoria.

“La idea de hacer música juntos y grabar nuestro primer disco surgió cuando estábamos de gira con Nacho, cuando los proyectos musicales de cada uno estaban un poco detenidos, y coincidió que Luis y yo somos vecinos de Madrid”, comienza Abraham Boba; “habíamos quedado en hacer algunas canciones, por el mero hecho de hacerlo. A partir de ahí salió algo muy interesante y hablamos con César y Eduardo; así empezó el grupo como tal. Nuestro primer disco así surgió; ya que Luis y yo teníamos las canciones en Madrid, nos juntábamos en el local de ensayo de Eduardo todos, en un pueblo en las afueras de Zaragoza. Todos vivimos en sitios distintos de España y quedamos ahí para trabajar las canciones. En realidad todo fue muy rápido: la primera canción la empezamos en junio y en diciembre ya todo estaba listo para entrar al estudio para grabar”.

“Normalmente la génesis de las canciones suele ser con una base armónica y al mismo tiempo que hago la melodía voy haciendo la letra”, explica Abraham. “En cuanto a temática, lo que estábamos tocando en ese momento también tiene que ver con lo que estábamos viviendo, para decir muchas cosas, pero en vivo ha tomado otra dimensión. No hay ninguna fórmula, pero la actitud del grupo en el escenario y el sonido crudo en vivo tiene personalidad”.

La grabación, en Madrid

Red Bull Studios en la capital española fue el lugar en el que la magia de esta reunión musical que dio lugar a León Benavente tuvo la chispa primigenia, todo a raíz de una convocatoria que el mismo estudio hizo. Luis Rodríguez así lo narra: “Presentamos un proyecto, un demo, y tuvimos la oportunidad de tener tiempo para grabar. Lo hicimos en tres días, porque era un material que ya estaba casi listo. Oswaldo Terrones, ingeniero mexicano encargado del estudio, grabó el disco, que fue producido por nosotros”.

El bajista Eduardo Baos explica cómo se sienten produciendo ellos mismos sus álbumes: “La figura de un productor externo para nosotros no fue muy necesaria porque ya sabíamos lo que necesitábamos; habíamos trabajado bastante en ello. Entiendo que haya quien tenga una visión externa para contrastar opiniones, pero como nosotros ya teníamos concebidas las canciones por completo nos sentimos bien así”.

César Verdú complementa la idea de Eduardo: “Todos venimos de proyectos anteriores y nos producíamos nuestros propios discos, entonces ya sabemos cómo funciona. La otra ventaja es que Eduardo y yo somos técnicos de sonido y así se facilitó bastante la hora de la grabación y la mezcla porque nos comunicamos muy bien con los técnicos de los estudios. De hecho, como antecedentes trabajando juntos, Eduardo y yo grabamos y editamos el reciente disco de Nacho Vegas, junto con Luca Petricca, (productor musical de la escena independiente en España), entonces ya tenemos experiencias colaborando juntos”.

Luis cuenta acerca del proceso de grabación: “Lo hicimos todo por separado, pero trabajamos cada canción de manera diferente. León Benavente tiene una forma de trabajar muy concreta, para que cada cosa tenga su razón de ser, pero eso no quiere decir que en el futuro no grabemos de otra manera”.

Para la parte de masterización, el grupo escogió a Ángel Luján, ingeniero de audio de Vetusta Morla. César comenta: “La masterización se hizo en el mismo estudio donde se hizo la mezcla (Reno)”. Eduardo continúa: “En nuestro caso, la idea era que el disco se escuchara cálido y con potencia. Hicimos retoques a algunas partes y nos dimos el tiempo para escucharlo en todas partes, hasta que quedó como queríamos”. César regresa y culmina la idea: “Creo que hay mucha gente que sigue escuchando la música en buenos equipos, no sólo en computadoras o celulares, y tal vez no sea el público que nos escucha a nosotros, pero de cualquier manera los discos se tienen que oír bien en todos lados”.

Abraham tiene su opinión al respecto: “Al final, cuando has acabado de terminar la masterización y le has dado muchas vueltas al sonido, tienes que pensar en que el público lo va a escuchar de muy diversas maneras”. Eduardo Boas sigue: “Inclusive, cuando se escucha con audífonos se puede apreciar la buena producción, pero sabemos que hay diferentes maneras de escuchar la música”.

A pesar de vivir en distintas ciudades españolas, los miembros de León Benavente han encontrado una manera de trabajar a larga distancia y cuando están reunidos en los ensayos procuran tener tiempo de calidad. “Esto lo hemos logrado porque hay mucha amistad y experiencia y ponemos lo que cada uno tiene en la mesa”, menciona Luis.

Para los conciertos, el hecho de que Eduardo y César sean sonidistas por supuesto influyen para dar un sonido particular a la banda: “Siempre estamos en las pruebas de sonido y monitoreo, lo que nos ayuda mucho, además de llevar siempre a nuestro técnico”, explica César. Por su parte, Abraham comenta: “También se nota el trabajo de ellos directamente en nuestro sonido y ya es parte de lo que hacemos, porque realmente el músico solamente se centra en su instrumento y hace falta que también tenga una visión más técnica de su sonido, así como es bueno que el ingeniero tenga idea musical”.

Dentro de la explicación que León Benavente da a su sonido, están los instrumentos que cada uno domina. Abraham es el primero en explicar sobre su ejecución: “Cuando empezamos no teníamos tan definido el tipo de instrumento que tocaríamos. Así fue como César, que tenía un órgano Farfisa antiguo, lo llevó a los ensayos, lo empecé a tocar y lo hemos desarrollado de manera que realmente le ha dado personalidad al sonido de la banda”.

Luis Rodríguez continúa: “Yo tengo poco tiempo tocando la guitarra, porque toco el bajo con Nacho Vegas. Cuando empecé con León Benavente empecé con una guitarra Fender y luego la gente de Gibson en España empezó a facilitarme guitarras como la SG que uso ahora, con amplificador Hywatt”.

Por su lado, Eduardo comenta: “Siempre busco que el sonido del bajo tenga personalidad y que tenga posibilidades de más sonidos; uso un bajo Fender Precision Bass y amplificador Hywatt con un Ampeg 4 x 10, además de un sintetizador Roland System 1; esto lo combino en vivo con el bajo para dar más variedad de sonido.

César explica lo que lleva su batería: “Mi batería es del 68 en el bombo (Ludwig), y del 70 los toms (Gretsch). Los platillos son Zildjian y también llevo una tarola que me hicieron en Barcelona, de arce 14 x 675. Llevo parches rugosos blancos e intento llevarla siempre bastante apagada de armónicos, que es seco, pero que también funciona con ritmos muy acelerados, para que no se genere feedback”.

Pertenecientes a una generación que ha vivido en años posteriores a la movida madrileña de la música en los años ochenta e inicios de los noventa, León Benavente tiene otras cosas que decir y otras formas para hacerlo. En sus letras, que hablan desde la desesperanza que reina en estos tiempos, hasta las aventuras de una pareja singular, es de notarse un trabajo y pulimento hasta quedar satisfechos y dar esa misma satisfacción al escucha, que responde con fuerza y honestidad, lo que en tiempos como estos es de agradecer.

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