El primer paso para revitalizar el que ha sido un encuentro musical obligado por más de tres décadas, fue convocar a la gente de Música Moderna para integrarse en el staff de producción, toda vez que durante cinco años han sido los encargados de proporcionar el equipo de audio e iluminación. Para esta ocasión el desafío central fue implementar aditamentos de audio y visualización que remozaran un repertorio musical de por lo menos 47 canciones (que van de la balada al ranchero) y que, al ser ampliamente identificables por la audiencia, requerían un trato distinto. Este reto artístico también implicó armonizar a las más de 50 personas (entre coristas, músicos y bailarines) que dieron vida al show del cantante, más la intervención de invitados especiales como Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, Playa Limbo, Moderatto, Aleks Syntek o Ely Guerra, quienes se unieron al recital. Armando Avilés Santaolalla, integrante desde 1991 del staff de producción de Juan Gabriel, resume la propuesta buscada de esta manera: “Lo diferente debía venir desde la música; se cambiaron los arreglos de sus canciones clásicas y se les dio otra vida con el video”.

En esta labor también se encontró Renato de la Rosa, gerente comercial y operaciones de Música Moderna, quien explica la tarea de su empresa: “Reforzamos la producción entregando equipo de video (pantallas y producción de arte y contenido), LEDs e incluso la energía utilizada para los conciertos del Auditorio Nacional. Hemos crecido en otras áreas como resultado de trabajar con Juan Gabriel, por ejemplo en back line, departamento que prácticamente es el bebé de Música Moderna, pero que ya tiene un inventario importante de instrumentos. La estrategia fue usar las mismas marcas que hemos empleado en giras anteriores, como Meyer Sound, Shure y Yamaha, porque nos apoyan con el soporte técnico. Por otro lado nos comprometimos a integrar nueva tecnología, como lo fueron las extensiones de procesamiento de señal digital (DSP) para las consolas que nos permitieron llegar a 96 canales, y utilizar sistemas de video proyección de Barco”.

 
 
La creación sonora del Noa Noa capitalino
La primera petición expuesta en las conversaciones entre la gente de producción de Juan Gabriel y la de Música Moderna fue garantizar que, tanto quien comprase el boleto más caro como el poseedor del más económico, escuchara y sintiera lo mismo en cada concierto. Esto se logró usando un sistema en el que se combinó el uso de subwoofers tanto volados como al piso, que robustecieron la acústica del Auditorio Nacional, tal como lo explica Jorge Soto, miembro de la compañía de diseño sonoro Zero Phase, y responsable del diseño: “Pusimos un line array con cajas M3D, un down fill de MSL4, más subwoofers M3D volados y subwoofers 700HP a piso con un out fill de MSL 6 y MSL4, todo eso en cada costado, y UPAs de front fill, todo de Meyer Sound. La forma en que está distribuido nos dio como resultado tratar con más suavidad el aumento de presión que iba in crescendo, conforme pasábamos del sistema principal hacia las cajas en front fill. También ocupamos las MSL 6 para cubrir la distancia porque son claras y de gran fidelidad”.

La eficiencia de este diseño tuvo su prueba máxima en la operación en sala, toda vez que el espectáculo implicó sonorizar una banda compuesta por batería, bajo, dos guitarras, dos teclados, ocho metales, 20 coros, dos percusionistas (una latina y otra sinfónica), un mariachi que incluyó la actuación de 60 violines y la voz de Juan Gabriel, quien utiliza micrófono alámbrico y no recurre a sistema in ear para monitoreo. Con dos años de experiencia en esta labor, Rodrigo López, ingeniero en sala, devela los pormenores de esta labor: “Es un reto interesante porque hay muchos canales por la cantidad de instrumentos acústicos, y por lo tanto hay muchos micrófonos abiertos simultáneamente. Estuvimos en 94 canales, cuando el mariachi estaba en escena, sin tener secuencia para Juan Gabriel, y controlar todo esto tuvo un alto grado de complejidad”.  
Para mantener la voz por encima de la instrumentación, se ocupó un VCA independiente donde se conectaron todos los instrumentos y así se facilitó el control de la intensidad, que se mantuvo entre los 102 y 108 db. La selección de los micrófonos fue un SM58 de Shure de cable para Juan Gabriel, pasado por un preamplificador Avalon y cuyo desempeño anula la respuesta de feed back. En la parte musical, se ocuparon los Beta 98 para armonías y trompetas, además de los W83 y W84 en los violines, todos de Shure. “Todo el procesamiento lo manejé desde la consola PM1D de Yamaha, que básicamente me permitió acomodar las voces principales en esos canales, si bien no soy fan de usar los delays de las consolas digitales, ocupé todos los multiefectos de ésta y me gustó el resultado porque el sonido se escuchó un poco más caliente, más agradable. A la PM5D le añadí un save card porque utilicé un DSP para meter los violines”, concluye Rodrigo.

La parte de monitores, a cargo de José Luis Pérez El Niño, se resolvió de manera inusual, tal y como relata él mismo: “Prácticamente se hizo una mezcla de sala en side fill especial para Juan Gabriel por la cantidad de músicos que lo acompañan, y con esta balanceamos todo lo que requería. El formato fue raro porque teníamos 96 canales de in put list y el trabajo de cómo adaptarlo y evitar que los micrófonos interactuaran fue un reto mayúsculo”. El método para evitar la retroalimentación fue manipular el volumen de la forma más natural posible, preguntando a los músicos cómo se escuchaban y así, mantenerse por debajo de la mezcla hecha en sala. “Llegamos a una secuencia donde nos pudimos acoplar Rodrigo y yo, me fui sumando a lo que él mandaba para no crear tanto sonido ambiente. Jugamos con la técnica de microfonía, Víctor Martiñón ha depurado varios trucos para resolver lo que este show necesita, y aspectos como el tener in ears para todos los coristas y poner el sistema de gestión de altavoces Galileo de Meyer Sound como line driver para ecualizarlos, me permitieron no depender del volumen para resolver las cosas. La guía era el trabajo con el sonido ambiental”, recuerda José Luis.

Amor eterno, visualizar lo inolvidable
A diferencia de lo hecho en producciones anteriores, para la gira del presente año se ocuparon luminarias y pantallas de videoproyección de LEDs, cuyo resultado revitalizó la interpretación de las creaciones de Juan Gabriel. En este sentido, José Antonio Saucedo, creador del diseño de iluminación, adecuó nuevas texturas al ritmo y los arreglos de cada canción, para lo cual utilizó las MAC 2000 de Martin Professional: “Me gustó el wash uniforme que entregan y fue cómodo controlarlas con la consola Wholehog 3 de High End Systems que nos permitía hacer cambios para no competir con lo que se transmitía en las pantallas de LEDs.”

En la producción visual, la misión de su creador Ricardo de la Rosa Cabello fue hacer una selección de material que empatara con la música, así como encargarse de la post producción. Los efectos visuales se hicieron con una pantalla de videoproyección y dos proyectores de 20 mil lúmenes de Barco, que junto a las columnas de LEDs laterales y frontales (en formato wide screen) dieron una notoriedad especial a los efectos elaborados que, incluso, se podían difundir en varias pantallas de manera simultánea. “Teníamos una gran cantidad de opciones y por eso podíamos variar de un concierto a otro, según lo sintiéramos por la interacción de Juan Gabriel con el público. No había un modelo establecido, trabajamos con la reacción del momento”, compartió José Antonio.

Detrás de la consola para la señal de pantalla estuvo David Martínez, quien a partir de la definición de presets para cada canción, tuvo la encomienda de empatar las imágenes con el sonido. “La consola tiene la capacidad de manejar un sin número de pantallas, hace blending y puedes hacer cosas de manera independiente en cada una, desde recuadros hasta movimientos. Además nos permitió usar varias fuentes, desde un DVD hasta archivos de computadora”, complementa David. De esta manera, la temporada de conciertos en el Auditorio Nacional con la que Juan Gabriel celebró sus 37 años de trayectoria artística, fue la exhibición de que los recursos de todo tipo, tecnológicamente hablando, pero sobre todo humanos, pueden aplicarse para reinventar uno de los recitales clásicos de la música popular mexicana.