Por Javier Paniagua*
Si hay un artista en México que ha sostenido una evolución constante y honesta, sin duda es José Madero. Su carrera, como la de todo artista que toma riesgos reales, genera adhesiones y rechazos. Pero hay algo que se vuelve evidente con el paso del tiempo: la manera en que ha construido su camino, el cuidado con el que trata a su público y el respeto hacia el equipo que lo rodea. Todo eso —oficio, canciones y visión— encontró su resultado natural en “Érase una bestia”, un concierto que quedó marcado como uno de los momentos clave en su trayectoria.
El Estadio GNP Seguros, antes Foro Sol, es ese lugar donde las carreras dejan de contarse en discos y empiezan a medirse en la capacidad de mover a una multitud, de convertir concreto, gradas y pantallas en un solo pulso. Ahí recuerdo a Molotov, a Café Tacvba, a Zoé y a Panteón Rococó haciendo historia con conciertos que no se aplauden: se recuerdan. Y dentro de esa misma línea de tiempo, la noche del 24 de enero de 2026 quedó marcada como el momento en el que José Madero cruzó ese umbral y se volvió parte de esa historia.
El Estadio GNP Seguros, antes Foro Sol, es ese lugar donde las carreras dejan de contarse en discos y empiezan a medirse en la capacidad de mover a una multitud; de convertir concreto, gradas y pantallas en un solo pulso. Y dentro de esa misma línea de tiempo, la noche del 24 de enero José Madero cruzó ese umbral y se volvió parte de esa historia.
Éramos más de 60 mil personas mirando el mismo escenario, pero cada uno cargando su propia historia con las canciones que José nos ha venido entregando como solista desde hace prácticamente diez años. Más de 40 temas, casi cuatro horas de concierto, no como una lista que se ejecuta, sino como un recorrido que se atraviesa. No fue solo un show largo: fue una declaración de catálogo, de resistencia, de esfuerzo y de oficio. Un artista sosteniendo un estadio no desde el ruido, sino desde la conexión. Desde la capacidad de mantener a una multitud atenta, presente, emocionalmente involucrada, durante el tiempo que normalmente se le exige solo a los que ya no tienen nada que demostrar.
Las estadísticas lo dicen, son pocos los cantantes que logran primero hacer historia con una banda y, después, salir de ahí para volver a construir algo propio que conecte con la misma fuerza, convoque a la misma gente y sostenga —o incluso supere— ese nivel de éxito. No es solo seguir tocando canciones: es levantar otro catálogo, empezar desde cero y ganarse otro lugar frente al público. Esa mesa es muy reducida. Hasta donde me da la cabeza, ahí se sientan solamente figuras como Gustavo Cerati, Enrique Bunbury, León Larregui y Leiva. Y, de manera indiscutible, el 24 de enero de 2026, José Madero se ganó oficialmente un lugar en esa mesa.
Otro aspecto que merece destacarse es la evolución técnica tanto de José Madero como de su equipo de trabajo. No han escatimado en tomar riesgos ni en apostar por elevar, concierto a concierto, la experiencia del público. En el Estadio GNP Seguros, lo que más llamó la atención fue la magnitud de la pantalla, la propuesta de iluminación y la calidad de los visuales.
Antes que cualquier estrategia o estructura, hay algo en José Madero que, en lo personal, no le he visto a otro artista con la misma intensidad: un talento natural y una conexión genuina con su público que es difícil de explicar y fácil de sentir; es impresionante cómo la gente se reconoce en sus canciones y las hace propias. A mi entender, su éxito es el resultado de ese vínculo emocional sumado a un esfuerzo natural, colectivo y a una apuesta sostenida a lo largo de los años. En ese camino, vale la pena subrayar el trabajo de dos actores clave: Class Music, liderada por Memo González, y Universal Music México, encabezada por Alfredo Delgadillo, dos estructuras distintas con un mismo objetivo: acompañar una carrera que no se construyó desde la prisa, sino desde la constancia. Ha sido un proceso largo, de escenarios pequeños a recintos gigantes, como el propio José lo dijo esa noche: “Empezamos en un lugar para 200 personas hace casi diez años, y aquí estamos”.
Otro aspecto fundamental en la evolución de José Madero ha sido la complicidad musical que ha construido tanto con Flip Tamez, quien ha participado como productor desde su álbum “Psalmos”, como con la Doble V, la banda que lo acompaña en vivo, un grupo de músicos con los que José ha encontrado una conexión profunda en el escenario, conformado por: Zaira Jabnell, Muela, Gerardo Arizpe, Germán Gallardo, Rulo García y Bucho.
Tuve la oportunidad de presenciar el concierto de esta misma gira “Sarajevo” en el Auditorio Nacional en 2024, y otro aspecto que merece destacarse es la evolución técnica tanto de José Madero como de su equipo de trabajo. No han escatimado en tomar riesgos ni en apostar por elevar, concierto a concierto, la experiencia del público. En el Estadio GNP Seguros, lo que más llamó la atención fue la magnitud de la pantalla, la propuesta de iluminación y la calidad de los visuales, elementos que terminaron por consolidar una puesta en escena a la altura del crecimiento de su carrera.
Como reflexión final, José Madero es un ejemplo claro de la importancia de construir un catálogo sólido y bien trabajado. Si bien su nombre siempre estará ligado a PXNDX, banda en la que fue el principal autor de su repertorio y que marcó a toda una generación, también es fundamental subrayar que, en su etapa como solista, ha sabido desarrollar un sonido propio y una identidad en constante evolución. A lo largo de los años ha edificado un repertorio con canciones que ya se han vuelto clásicas para su público, confirmando que su oficio no se detiene en el pasado, sino que se renueva con cada proyecto.
*Músico, productor, director musical y consultor en la industria de la música. Ha compuesto para más de 450 proyectos en televisión, cine y radio, incluyendo el Mundial de Qatar 2022, los Juegos Olímpicos de Tokio y el Abierto Mexicano de Tenis, además de campañas para Marvel, NFL, BBC y Apple. Es host del podcast “¿Qué es la música?”, uno de los espacios más influyentes de habla hispana sobre creatividad e historias de la industria musical.



