¿Cómo fueron tus inicios?
Entré a este negocio en el mes de abril de 1988 con el licenciado Enrique Pérez (director de Música Moderna) cuando la empresa sólo tenía dos tiendas, mi labor era atender a las personas que iban y querían probar los equipos. De hacer eso nació mi inquietud por entender cómo operaban, y por iniciativa propia les metía mano. Mi formación en esto fue completamente empírica, y empecé a sonorizar y ajustar los equipos de grupos que tocaban en bodas y fiestas de XV años.

Luego conocí a un ingeniero haitiano de un grupo de reggae que tocaba en el Salón Riviera, fue él quien me enseñó términos técnicos y me dio la oportunidad de ponerlos en práctica cada fin de semana cuando se hacían las fiestas antillanas en el lugar. Me soltaba la consola para grupos de calipso, merengue y salsa. Los fines de semana se me iban en estar en el salón y en los domingos culturales que organizaba el gobierno del Distrito Federal en la Alameda Sur, allí me adiestré. Recuerdo que la primera vez que usé una consola, no sabía cómo hacerle, así que fui probando y lo saqué con pura lógica. En esa etapa trabajé con grupos como Indio y Los Terrícolas. Así me convertí en operador de audio.

 

¿Quién te permitió involucrarte en un evento de grandes dimensiones?
Nuestra primera incursión profesional al mundo del audio, fue con Alberto Vázquez. Con él fue la primera ocasión que hice monitores y sala. Después hicimos el audio en vivo e iluminación para el programa Cántale de TV Azteca, y poco a poco teníamos más clientes, a incrementar nuestra cartera con gente como Armando Manzanero, Ana Bárbara, Magneto, Timbiriche, Kabah, Garibaldi, la Maldita Vecindad y los Hijos del 5º Patio, Caifanes, Ritmo Peligroso, entre otros.

Para ese momento, mi labor era hacer de todo: la cotización, sonorizar, conectar el equipo, hacer labor de venta, planear la logística de vuelos y demás. Como llegó un momento en que no podía hacerlo todo, me dediqué a ampliar la cartera, teniendo como principal meta brindar un servicio integral que combinara calidad en el trato, con los productos más avanzados tecnológicamente disponibles.

De todos los cambios técnicos que te ha tocado vivir, ¿cuáles dirías que han tenido más impacto en la industria?
Sin duda la transición a digital de las consolas, dejar de usar los botonzotes para los crossovers fue impresionante. Además, en esos días nadie pensaba en los line array o los in ears que hoy son de mucha ayuda para los músicos y para los ingenieros. Sin embargo, creo que la adopción de la tecnología está supeditada a qué quieren ofrecer los artistas y sus productores. Hay quienes les preocupa mucho la calidad de sus espectáculos y hay otros que no les importa y eso define cómo se van dando las cosas en nuestro país.

 

Desgraciadamente, el factor dinero sigue siendo un criterio mal aplicado en este sentido, porque todavía hay quienes prefieren ocupar equipos pirata con tal de ahorrarse algo. Tenemos que trabajar en cambiar esa parte, en saber que si quieres ocupar lo mejor en cuanto a tecnología se refiere para crear una producción diferente, debes invertir.

A la par de incorporar la tecnología, debimos y debemos ocuparnos de cambiar esta percepción. Para nosotros en Música Moderna, la estrategia que nos permitiría conseguirlo es subir la calidad del servicio, dar más atención al cliente, lograr que los productores se casen con nosotros y responder al compromiso artístico que asumen gente como Iñaki Marcos o Dante Gudiño, ambos productores, que te obligan a dar el máximo porque tienen la certeza de que tu servicio sabrá responder a sus expectativas.

  ¿De qué te has valido para conseguir un mejor servicio?
En ofrecer a quien nos llama lo que necesita sin excusa. Se ha invertido mucho para tener los instrumentos y equipos líderes de la industria y cuando no es así, se compran porque eso nos permite dar satisfacción y capacidad de respuesta. Para Juan Gabriel en el Auditorio Nacional nos pidieron un contrabajo electrónico que no teníamos y lo conseguimos. Es una regla y cuando el cliente ve eso, lo valora, es un plus que pocos les pueden dar. Incluso esto nos ha permitido desarrollar una buena relación con marcas como Nexo, Shure, Yamaha o Meyer Sound, que nos permite contar con su apoyo en cuanto a soporte técnico. Esto se hace en todas las áreas, audio, iluminación y recientemente video.

¿En qué momento está la valoración de la relación costo beneficio por parte de los productores y los artistas?

Estamos lejos de tener una cultura del espectáculo que reconozca la importancia de esto, y claro, una mejor economía. Cuando hablo de cultura me refiero a tener más conocimiento de lo que implica crear una producción de altura, por ejemplo, que es necesario formar mejor a los técnicos. Tener titulares y de banca, como dirían en el futbol. En este momento tenemos gente muy capaz, que sabe conectar y operar incluso, muy trabajadores, pero que si se les llega a presentar un problema, difícilmente saben resolverlo y eso no puede pasar. Pero, hacer esto cuesta y quienes estamos en el medio, debemos entenderlo.

Es curioso porque de este lado también hay un mal entendido. Son pocos los técnicos que quieren estudiar, o no falta el que quiere ser ingeniero de audio, se prepara con cursos e incluso carreras, y cuando termina quiere llegar e ir directo a la consola, sin ensuciarse, no quieren poner un micrófono ni nada. Se ponen en plan de que son más que el artista y eso en lugar de hacernos avanzar, nos lleva para abajo.

¿Cómo vislumbras el futuro inmediato del espectáculo en México?
Somos afortunados porque este negocio es noble, de alguna manera te regresa lo que inviertes en él. Hay que pronunciarnos contra la piratería, mejorar nuestras formas de administración, mejorar los procesos de formación de los técnicos y diversificar el espectro de trabajo. De momento lo corporativo está dejando buenos dividendos porque las marcas tienen más comprensión de lo que implica pagar por este tipo de servicios. Si se van cumpliendo estas cosas, la dinámica será otra porque veríamos estas acciones como un valor agregado, y lo antepondríamos como principio de trabajo en beneficio de todos.

Figura conocida por la familia del espectáculo en México, Jorge se ha granjeado la confianza y amistad de muchos, gracias a su constancia y sobre todo por el enorme gusto hacia su trabajo. A todos ellos, que conoce desde hace muchos ayeres, Jorge agradece y se despide con su famosa frase: ”¡Saludos banda, abur!”.