La de Jason es la historia de un chico que desde la infancia sucumbió al encanto de la música por herencia familiar. Creció en el Nueva York y Los Ángeles de los años sesenta, entre el bullicio del punk y el hard core, géneros a los que por destino ha estado ligado. Pero no sólo eso: pegado a su fascinación por los vericuetos técnicos que hacían posible la grabación de estos sonidos ácidos. “Fui y sigo siendo un geek de primera, siempre me la pasé buscando gadgets y aparatos que me permitieran crear un sonido diferente. Mientras mi padre tocaba yo lo seguía a todas partes, incluidos los estudios de grabación y de sólo ver y moverle a las cosas, aprendí”.

Así formó su oído Jason Carmer, quien ha trabajado en las placas de artistas como Korn, Run DMC, Billy Idol, The Donnas, Live, The Peels y Los Amigos Invisibles; y hoy es el nuevo aliado en el proceso de mezcla del sello Diablito Records. Su primera intervención fue dar el toque fino al álbum de lanzamiento de la banda Candy y, so pretexto de ello, interrumpimos su labor en el estudio SIX SIX SIX para conocer los pormenores de su formación y su gusto por los proyectos de rock latino.
 
¿Cómo surgió tu interés por la grabación de audio?
“Mi padre tocaba en una banda, así que siempre tuve contacto con la música, los seguía a todos lados. A principios de los años sesenta les ofrecieron grabar su demo y fuimos a Los Angeles al estudio de Capitol para hacerlo, yo pegado a él como siempre. Aprendí a tocar y a los 15 años grabé mi primer disco, sin otra formación que la de ver cómo hacía las cosas la banda de mi papá”.

 
   “El primer estudio donde grabé fue Inner Ear, que aún existe y está en el mero corazón de Washigton, DC. Hicimos muchas cosas de punk y hard core, me tocó ver esta efervescencia por el género, en definitiva ahí nació. Yo producía algunas cosas y, bueno, tan sólo tenía 16 años, no era como para tomárseme muy en serio, ¿cierto? ¡Pero ya era productor! Ese fue el comienzo. Luego me mudé a San Francisco y el primer estudio que me dio la oportunidad de trabajar ya en forma fue el Toast”.

El grueso de tu formación fue autodidacta, ¿de qué recursos te valiste para mejorar y no rezagarte conforme se dieron los cambios tecnológicos?
“No fue algo complejo porque siempre fui un clavado de la tecnología, y tuve la fortuna de estar frente a las consolas desde niño, así que fue un proceso muy natural, pero claro, sí tomé cursos de grabación de audio en la California Recording Arts. Pero la realidad es que todo lo aprendí estando en el estudio. Además, fue clave que en esa fase de inicio en Toast, tuviera el privilegio de asistir a gente como David Bianco, que grabó a músicos como Ozzy Osbourne y Mick Jagger, y que también ha trabajado con bandas como AC/DC, The White Stripes, My Chemical Romance y muchos más. Le aprendí muchísimo. Con él hice consciente el proceso de fijarme que haciendo las cosas de la manera en que ellos lo hacían, el resultado era mucho mejor al mío, y eso fue valiosísimo para mí”.

Hoy se dice que cualquiera puede hacer su propio disco. ¿En realidad es así de sencillo?
El principio es que tienes que adaptarte. En el pasado las cosas se hacían de otra manera, a mí me tocó trabajar en buenos proyectos, en estudios de primera y recibir buena paga, pero hoy es absolutamente diferente. Actualmente la base son las propuestas indie, y claro, lo puedes hacer con los recursos que tienes, tú solo, pero el asunto también es que cuando trabajas con un productor, ingenieros, vaya, con otro profesional, en general el resultado será mejor porque tienes a alguien que ve las partes con más  detalle. Le tienes que invertir a tu banda y a tu proyecto para convertirlo en algo mejor, para que llegues al punto en que tu disco y tus presentaciones en vivo suenen increíble. Hay que invertir y esa es una condición que no ha cambiado aunque hoy tengas más recursos técnicos que te permiten hacer el disco en casa”.

¿Tienes alguna consola favorita?
“He aprendido que más que tener una consola o equipo favorito, la selección de estos depende siempre de la situación específica. En general mezclo con algo como esto”, y señala la consola Solid State Logic 6000G del SIX SIX SIX). “Tiene que ser un escritorio real, con este tipo de adecuaciones y una plataforma intuitiva que me facilita el trabajo y me hace sentir más cómodo. Para mí el factor determinante es que hay que darle su propio sello o sazón a cada proyecto, así que debes tener en mente que puedes valerte de una consola análoga o una digital para conseguirlo”.

 
“Por ejemplo, en este caso en particular con Candy, Diego Aguirre, el productor e ingeniero de grabación del álbum, usó una consola con 24 canales para cada track, que es mucha máquina. El sonido quedó increíble, además de que puedes llevar la cinta a lo digital y depurar ahí todo. Esa es mi labor en este caso, la mezcla que viene al final de todo el proceso. Es realmente más fácil cuando mezclas o editas, juegas con los ecualizadores, los loops o la velocidad. Eso grandioso y es lo que busco”.

¿Cómo surgió tu interés por las propuestas latinas?

“De entrada deben saber que trabajé muchos años en un club de salsa”, recuerda Jason entre risas, “y por obvias razones, grabé mucho ese género. Si a eso le añades que California es básicamente una extensión de México, bueno, la cosa es inevitable. Y, claro, ya no grabo ritmos como la salsa, pero es imposible no tener curiosidad por lo que tiene la cultura latina; lo cubano, por ejemplo, también es algo que permea mucho. Disfruto este tipo de ritmos como el que hacen Los Amigos Invisibles, y considero que se están haciendo cosas muy interesantes en América Latina, en especial en México. Me interesa mucho quedarme por acá y ver qué puedo hacer con los artistas de esta escena”.
“Conocí a Micky Huidobro (Molotov), conversamos y me dijo de su estudio y el sello que poseen. De inmediato me ofrecí a tomar parte del juego, a hacer cosas en conjunto porque quiero seguir descubriendo este tipo de propuestas como Candy. Supe de esta banda metiéndome a su myspace y me fascinado; y es lo que siento que hay aquí, talento que puede hacer discos de gran calidad y sacar el máximo provecho de estudios como éste”.

¿Cómo defines el sonido que buscan las bandas?

“Creo que el proceso de mezcla es una interpretación. Es un asunto completamente de feeling, donde lo único que haces es confiar en tu oído, sentirte a gusto con el sonido que estás creando. Yo escucho y reacciono a eso de manera instintiva. Esa es la guía y claro, hago partícipe de esto a la banda para saber cómo se sienten ellos. Es un asunto de afinidad y de entusiasmo mutuo”.