Helo aquí. Nombrada por una argentina, topetitud, del archifamoso prefijo sajón top y el sustantivo psicológico y mercadológico actitud, es una palabra que resume lo que está en boca de muchos por su originalidad y trascendencia. A este concepto está adherida la creación del estudio propiedad de Paco Ayala y Tito Fuentes, quienes desde la década de los años noventa, y en paralelo a la consolidación del proyecto que junto con Micky Huidobro y Randy Ebright enarbolan en Molotov, han puesto cada engranaje de este espacio para la producción sonora.

En Estudio Topetitud la fascinación por el sonido análogo, la insaciable curiosidad por las innovaciones de la era digital y la humildad para aprender, son los elementos que le dan consistencia, más allá de la tendencia que describe la moda de hacer producciones a nivel home studio en la industria de la música: “Está bien tener un estudio propio y registrar ahí todo lo que se te ocurra, pero de eso a que quede bien hay un mundo de diferencia”, sentencia Paco.

“No cualquiera puede grabar, no es algo fácil, por más que tengas todo a la mano y no como antes, cuando era complicado entrar a un estudio. Incluso los que van a una escuela donde ven toda la parte de apreciación técnica, para entender cosas como por qué funciona así tal o cual micrófono, saben que sólo en la práctica se aprende, y de estar abierto a escuchar a los que conocen de esto”, afirma Tito.

 

Con estas reflexiones arrancamos con la visita a este estudio ubicado al sur de la ciudad de México. Un recorrido con puntos equidistantes donde el furor por los equipos vintage permea cada uno de los proyectos que este rincón sonoro ha visto emerger, tanto en la música como en el cine, la publicidad y la televisión.

Gozo poderoso: músico/técnico en formación simultánea
Así como describe el poder sonoro y la irreverencia discursiva de sus letras el sello de la propuesta de Molotov, destacan en el medio el interés de todos sus integrantes por construir espacios propios de experimentación sonora desde que su carrera en la industria se encontraba en ciernes. La faceta autodidacta y la dosis de terquedad que les permitieron ubicarse en el mainstream, son los mismos recursos con los que Micky forjó el estudio SIX SIX SIX (sound:check 123, noviembre 2008), y lo que mantiene el lugar de grabación de Randy en Los Angeles.

“Mi papá es músico y arreglista, e hizo muchas grabaciones para Peerless, Lagab y Musart, a las que yo iba de agregado. Veía todos esos foquitos, escuchaba lo bien que sonaban las cosas y eso me llamaba muchísimo la atención. De chico aprendí a tocar la guitarra sin más formación que la de tratar de sacar las canciones, de oído”, recuerda Paco, y Tito continúa: “En la secundaria Micky me invitó a su banda La Candelaria y palomeábamos para los compañeros de la escuela, él tomaba clase con Fernando Díaz y me enseñaba cosas. (Al tiempo), mi primera experiencia de grabar en un estudio fue en El Cuarto de Máquinas de Luis Gil, quien era cuate de Micky y nos hacía el paro. No nos involucrábamos de ninguna forma, lo veíamos de lejos, sin tener noción alguna de los equipos, ni de nada”.

Paco ratifica la esencia de esta vocación: “En mi caso fui llevado por mi papá a la escuela del Sindicato de Músicos, donde estudié solfeo y esas cosas, pero francamente lo olvidé. En la secundaria un amigo me invitó a tocar el bajo y aprendí medio autodidacta, tratando de sacar lo que escuchaba en los discos y de echarme los clásicos métodos de bajo y armonía. Así me la llevé, tocaba en varias bandas, y en 1995 Molotov me invitó a palomear con ellos y ahí me quedé. Tiempo antes me había hecho de un portaestudio en el que hacía mis demos, allá por 1992, y luego se los llevaba a un cuate que tenía su estudio en el Ajusco. Fue el lugar donde comencé a moverle a los compresores, los ecualizadoresy esas cosas”.

 

La primera experiencia en estudio de los chicos del Voto Latino fue en el año de 1996, con la grabación del track Bohemian Rapsody del disco tributo a Queen que produjera Óscar Cachorro López en los estudios de Sony-BMG; un sueño, como lo describe Tito: “Fuimos la última banda en ser considerada, no teníamos ni disco, mucho menos disquera, así que tampoco pudimos elegir un hit o una de las rolas fáciles. Tuvimos que ensayar mucho y logramos pasar de la estructura original de la canción, a una versión con nuestros cambios. En el estudio hicimos las tomas muy rápido porque resultó que Randy tenía un timing increíble. Esa fue la primera canción que grabamos”.

Esta experiencia marcó también el inicio de la sociedad con el sello Surco, donde el trabajo de Gustavo Santaolalla y Aníbal Kerpel, como productores, y Tony Peluso, como ingeniero, expondrían una primera vertiente de aprendizaje del trato sonoro, al cobijo de estudios como The Ocean en Canadá, y Sunset Sound Music Factory en los Estados Unidos. Vivencias de la vieja escuela, cuando grabar un álbum implicaba encerrarse tres meses, visitar diferentes estudios e intercalar procesos hechos en cinta o digital.

 

Una fuente de enseñanza alterna fue la enmarcada por la labor de Mario Caldato Jr. (productor e ingeniero que también había trabajado con bandas como Beastie Boys), quien les heredó la búsqueda de diversas herramientas con las cuales depurar, o establecer un diseño de sonido: “Cuando grabamos Apocalypshit nos gustó mucho lo que hizo Mario, fue el segundo ingeniero (el primero era Robert Carranza) y tenía esta onda de comprar pedazos de consolas, usar pedales extraños y aparatos rarísimos, nomás para inventar sonidos. Él nos inculcó eso”, afirma Tito.

Metodología expansiva que, por supuesto, implicaba la pesquisa por tiendas inhóspitas o clásicas; la oportuna presencia o dato con alguien poseedor de alguna joya sonora, así como el uso de equipos, instrumentos musicales y novísimas herramientas de creación digital para hacer música tanto en la comodidad de la casa, como en la convocatoria de un ensayo en patio (o mejor dicho) estudio ajeno.   

El disco Dance and Dense Denso certificó el proceso de aprendizaje, pues cada uno de los Molotov grabó por separado y con sus propios equipos (por caso está Frijolero, que fue grabada en casa de Paco junto con Randy, sólo para ser llevada al proceso de mezcla final y masterización):  “Para ese entonces ya nos habíamos comprado cosas y teníamos más o menos un estudio casero, adquiríamos cosas que podían complementar lo que hiciéramos juntos en el estudio: por ejemplo, yo tenía dos Telefunken y un micrófono y ya; Paco una interfaz y un compresor, así que no teníamos broncas. Luego la onda fue comenzar a coleccionar y descubrir cómo funcionaba cada cosa”, remembra Tito.

 
 

La manufactura de Con todo respeto se hizo en su totalidad en casa de Micky con un estudio en el que cada integrante de la banda puso algún equipo, dejando la mezcla en manos de Robert Carranza; Eternamiente (el más reciente trabajo de la agrupación) se grabó de la misma manera: Paco, Tito y Randy en Estudio Topetitud; Micky en SIX SIX SIX y todo se mezcló en el estudio de Robert en Los Angeles. Este esquema de producción es aderezado con el atinado aporte de ingenieros externos que brindan ese toque extra con el que la banda espera escuchar sus canciones, gente que ha sido cómplice y que técnicamente sabe cómo dar vida al sonido de Molotov.

Sonoridad vintage, el sello de la casa
Fanáticos del sonido análogo, el equipamiento de Topetitud irradia una colección de equipo de antología auditiva, en armonía con aditamentos digitales. “Sin duda, lo análogo nos late mucho, pienso que todos los avances tecnológicos de los que disponemos actualmente son para hacer más práctica la labor porque finalmente, notas que los progresos de estos son para generar un buen sonido, al punto que lo logran”, afirma Tito.

“De repente puede resultar más práctico hacerte de tal plug in y conseguir lo que buscas sin tanto rollo; sin embargo, pensamos que invertir en el equipo físico es mejor inversión, porque con los otros te tienes que actualizar constantemente. A veces es mejor lo viejo y agregarle cosas”, apunta Tito, y Paco detalla: “Sin duda hay que adaptarse a la tecnología, no quedarse atrás pero respetando el principio básico: con tubo siempre generarás una onda sonora distinta a la digital”.

“Hay gustos para todos, por ejemplo los White Stripes que están en el mainstream, usan puro análogo, equipo lo más vintage posible, y es una cuestión de gustos y estilos musicales. Hay gente que sigue escuchando a los Beatles porque está fascinada con ese sonido, pero también es padre toparte con cosas híbridas, e incluso con piezas bien armadas con puro digital. Son mundos diferentes y el rollo es poder apreciar ambos, porque siempre habrá gente que lo valore como nosotros, diría que le apostamos a eso”, concluye Tito.

Así las cosas, la base para adquirir nuevo equipo la dictan las necesidades de grabación de los visitantes de este estudio, y claro, la fascinación de sus propietarios por hacerse de cosas “raras, viejas, que hagan sonidos extraños y te desmadren la música”, como bien resume Paco.

Todo se puede, si es premium   
Básicamente, la construcción del estudio la marcó la cantidad de equipo y experiencia en su manejo que Paco y Tito acumularon mientras desarrollaban los discos de Molotov, y luego de probar en las instalaciones de un cine y una casa carente de referencia acústica, dieron con el lugar que hoy resguarda su espacio. El primer paso fue acondicionar el lugar acústicamente, tarea encargada a la sapiencia y expertise de John Gibbe, con un diseño que implicaba ajustar varios espacios extra, donde además de proyectos musicales, tuvieran cabida propuestas para cine, televisión y publicidad o incluso, la realización de aspectos en particular como la grabación de voces o instrumentos en particular. A esta diversidad responde la edificación del Welcome to the jingle, una pequeña empresa en el mismo lugar con su propio cuarto de estudio, Pro Tools y cabina, especialmente diseñada para el quehacer publicitario, coordinada por Camilo Froideval.


 

El personal base en el estudio lo compone un grupo de amigos, capacitados para “entrarle a todo y aportar” cuando los proyectos lo necesitan, como John Gibbe, Camilo Froideval, Julián Plascencia (cuyo fuerte es Pro Tools), Job Vázquez (experto en batería), Daniel Goldaracena y Melesio Fuentes.

“Desde el principio tuvimos esta idea de armar algo multifuncional, donde grabaras, mezclaras o hicieras jingles. El detalle está en la selección, buscar cosas que valgan la pena, que trasciendan”, destaca Paco y amplía Tito: “La manera de trabajar que aprendimos de la gente con la que hemos trabajado nos permitió tener esa confianza para experimentar, para decidir cómo grabar a las bandas que nos gustaran; la práctica nos ha dado el callo para saber cómo hacerle”.

 
Esta visión ha hecho de Estudios Topetitud la morada de proyectos tan variados como la producción de la música de la serie televisiva Capadocia y el soundtrack de la película Rudo y Cursi hecho por Felipe Pérez Santiago; el tema del documental JC Chávez de Diego Luna; la reversión de la rola Adicto, para la película de Botellita de Jerez; y la grabación de un inusitado ensamble de instrumentos de cuerdas o vientos. “Eso es lo interesante de este espacio, no estamos casados con la idea de hacer una sola cosa musicalmente hablando. No tenemos el cliché de que por ser de Molotov sólo produciríamos rock. Le entramos a todo porque la onda también es aprender”, expone Paco.

Joyas auditivas
La mayor parte del equipo de Topetitud proviene de Nueva York y Los Angeles, así como de auténticas sucursales dignas de la nostalgia auditiva ubicadas en México. La colección incluye piezas como preamplificadores Telefunken B76 de transistores, así como ecualizadores, micrófonos de bulbos RCA, Neumann, y uno de la BBC. No es tan fácil conseguir este tipo de equipo, muchas cosas las compramos en los años noventa, cuando aún no eran clásicos ni estaban de moda. Hoy sí tiene su chiste hacerse de estas joyitas”, relata Paco.

La parte digital de Topetitude la cubre la consola Digidesign D-Command, que funge como interfaz física para trabajar con Pro Tools HD, y de la que se ocupan los faders para el trabajo de edición de lo grabado. En un proceso de post producción se gestionan los plug ins, el tracking se hace outboard y luego se pachea a ecualizadores, monitores y preamplificadores. La D-Command nos parece una buena superficie digital para trabajar, especialmente la mezcla. Nos gusta cómo opera porque nos permite hacer un trabajo de grabación más análogo”, añade Paco.

“Usamos plug ins que cada día avanzan más y se acercan más a lo análogo, pero claro, siempre es padre tener las perillotas de una superficie más grandes”, ahonda Tito.

La infalible comercialización: publicidad de boca en boca
Los interesados en crear con los estándares y recursos de Topetitud han de confiar en la recomendación de quienes han sido sus clientes. Una maravillosa red de contactos producida por las redes sociales en internet de bandas de la escena underground local y foránea (incluido por supuesto el de Molotov), el reguero de pólvora generado con los comentarios de amigos, conocidos e inquietos que ha escuchado trabajos confeccionados en este espacio son el mecanismo que permite ampliar la cartera de este estudio.

“Ha sido increíble. Las bandas en sitios como MySpace nos preguntan cuánto cuesta, aunque sea, grabar cuatro rolas con nosotros. Nosotros les decimos que nos las manden y si nos gustan podemos trabajar juntos. Eso nos pasó con una banda de Morelia, Los Poliésters, los oímos por ahí y nos gustó su rollo. Le dije a Paco que los iba a traer y los  grabamos. Otros nos contratan en la modalidad normal, traen sus propios ingenieros y todo; y bandas amigas como Los Nena, Bengala e ingenieros como Tony Peluso nos piden ocupar las instalaciones para hacer sus cosas. Me invitaron a producir el segundo disco de Bengala, la mezcla la hizo Tony y Meme (Café Tacvba), todo lo hicimos aquí. También hemos hecho cosas para Los Dynamite y Las Víctimas del Dr. Cerebro, entre otros. Los amigos los traen y eso está muy bueno”, detalla Tito.

Ciertamente en Estudio Topetitud siempre hay quehacer, ya sea grabando nuevos grupos, produciendo música para películas o realizando el diseño sonoro para alguna serie televisiva. Paco Ayala y Tito Fuentes, con su sola manera de ser, antisolemne y creativa, son capaces de atraer a nuevas mentes que buscan conceptos sonoros distintos, dando otro matiz a los caminos de la manufactura musical mexicana, con una actitud que es de evolución.