Integrante del personal de producción como ingeniero de monitores en el espectáculo de Alejandro Fernández desde hace ocho años, Eduardo Sandoval, quien también ha trabajado con Maná, Los Bukis, Marco Antonio Solís y Timbiriche¸ entre otros, goza de una reconocida carrera gracias a la minuciosidad con la que incorpora la tecnología para mantener el sonido natural de los instrumentos y las voces. A continuación, Eduardo nos cuenta sobre su trabajo con El Potrillo, y de la manera en la que distintas marcas de audio profesional, como Sennheiser, han sido clave para dar personalidad a la música de este intérprete mexicano.

Los inicios de Eduardo en el mundo de la música se dieron cuando empezó a estudiar guitarra clásica, cosa que le sirvió para empezar a darse cuenta de cómo suenan los distintos instrumentos, y que más tarde le sería muy útil dentro del audio profesional. “Además, creo que nunca dejo de aprender y he tenido la suerte de trabajar con músicos interesantes como Luis Conte y Álex González de Maná, así que lo he aprovechado para que mi oído se formara con base en los sonidos que ellos generan. Aprendí a elegir qué instrumento puede acoplarse mejor con otro, y ahora, con Alejandro por ejemplo, hemos traído guitarras distintas para que nos dieran el sonido que esperábamos. También cambiamos la batería, y sabemos cómo pedirle a un baterista que use tal o cual parche. Me he metido en todo, desde la microfonía para saber qué posición me permite sonorizar mejor un bombo, y conocer los detalles que da estar atento a los sonidos de los instrumentos. Esa es una cualidad esencial en este trabajo”.

 
¿Cómo llegaste al equipo de Alejandro Fernández?
“Fue hace ocho años. Cuando entré era ingeniero de sala y monitores, pero conforme fue creciendo la propuesta artística también se requirió más personal de producción, así que poco a poco hubo gente encargada de cada cosa: escenario, FOH, monitores, audio e iluminación. Se requería ese cambio, y yo quedé como encargado de monitores”.

¿Qué cosas cambiaron tu trabajo en monitores con este crecimiento?
“Anteriormente, los que intervenían en el show tenían monitor de piso, y todo se hacía con las consolas análogas. Tomábamos más de dos horas en el ajuste de todo porque eran 25 personas: un mariachi de once músicos y la banda en la que hay tres metales, dos guitarras, un bajo, cuatro coros, dos pianos, una batería y un percusionista. Todo cambió radicalmente cuando entraron los in ears porque pudimos eliminar ruido y contaminación de manera más eficaz y rápida”.

¿Cómo fue la adaptación de Alejandro y su banda a estos cambios?
“Alejandro ya ocupaba el monitoreo personal, pero nunca ha dejado de usar front-fill y side-fill porque le gusta sentir la música. Se ha vuelto muy detallista y más exigente porque ha podido probar mucho más equipo, y ahora es más específico porque sabe exactamente lo que quiere escuchar. Con la banda ha sido un poco similar, no hemos tenido dificultades más que la de sacar el sonido real del instrumento de cada músico”.

¿Cuál es tu criterio para hacer la mezcla, cómo resuelves lo que te pide cada sección?
“Para mí la regla número uno es que cada músico debe escuchar su instrumento perfectamente. Mi manera de hacer monitoreo es un poco tardada, pero muy eficaz: hago dos valoraciones, en la primera paso instrumento por instrumento, y los dejo como el músico los quiere oír. Luego, hago un segundo recorrido, en el que les pido que toquen una canción y, sobre ese sonido, hago los retoques o cambios que necesiten. Con eso tengo un 85 por ciento de la mezcla hecha y el uso de las consolas digitales ha sido básico, porque se guarda y partimos de ella cuando salimos de gira”.

En ese sentido, ha sido muy importante que Alejandro haya tomado la decisión de invertir en su nuestro propio equipo: “Traemos todo grabado en las consolas Yamaha o Digico, y las llevamos a la gira por Centro y Sudamérica, lo que nos ahorró tiempo de ensayo. Ahora llegamos, conectamos, y cuando arrancamos tenemos prácticamente el 98 por ciento del trabajo hecho, sólo ajustamos detalles”.    

“El monitoreo lo hago primero con los violines, luego las trompetas uno y dos del mariachi. Posteriormente trabajo con las armonías de guitarra, y de ahí me paso a la trompeta tres, que es la de la banda, luego al trombón y después el saxofón. Finalmente voy con las guitarras eléctricas, las acústicas, el bajo, el teclado, la batería y la percusión”.

¿Qué equipos ocupas?
“Tenemos Sennheiser desde que decidimos usar los micrófonos inalámbricos; nos quedamos con ellos porque nos dieron opciones para usar diferentes cápsulas, ya que algunos no eran aptos para los conciertos en palenque. Necesitábamos uno que fuera apto para todo, y ahora usamos el SKM 5200. En in ears usamos los EW300, y para el escaneo de frecuencias se introdujo el sistema Net 1 (también de la firma alemana), que es operado por Eduardo Herrera Toto, y que nos ha permitido un control máximo de los equipos y de las situaciones inesperadas que pueden cambiar todo. Fue un brinco tecnológico grande porque son pocos los grupos que ponen atención a esta parte, y es algo con lo que sí necesitamos familiarizarnos porque permite no sólo anticiparnos a cambios, sino que también reduce el uso de antenas”.

Como parte fundamental de la máquina que Alejandro Fernández echa a andar en cada concierto, Eduardo Sandoval aporta todo su conocimiento en pro del audio de excelencia en cualquier lugar adonde va, y no sólo eso, sino algo igual de valioso que los profesionales del oído deben fomentar: el amor por la música y el buen gusto sonoro.