Daniel Goldaracena no se ve a sí mismo como un guitarrista y mucho menos como un productor, él mismo lo explica: “en algún momento estudié guitarra en su sentido estricto, pero ahora prefiero hacer con ella ruidos, feedback y texturas. Experimentar. Así que no me considero un guitarrista. Y aunque tengo la apreciación y el oído, no soy tampoco productor, de hecho esa palabra me parece horrible”. Daniel es un tipo ocupado. Integrante de los excepcionales proyectos sonoros Los Nena y Delicados Sin Filtro, el músico lleva tiempo trabajando en The Book of Sounds, un ambicioso catálogo de grabaciones de campo acompañadas de imágenes de diversos lugares alrededor del mundo; sin embargo aún le sobra tiempo para mezclar y grabar los discos de sus amigos, entre los cuales se encuentra nada menos que John Zorn.

¿Cómo fue tu entrada al mundo de la música?
Empecé a tocar batería como a los quince años y luego me pasé a la guitarra. Entonces tenía una grabadora de cuatro tracks y en ella hice mis primeras grabaciones. Aprendí muchísimo entonces y, de hecho, hasta la fecha echo mano de esa clase de grabadoras de casete. He tocado con varias bandas, innombrables casi todas, y ha sido en ese proceso que inevitablemente me he cruzado con un buen número de músicos de mi generación, como Micky Huidobro y Tito (hoy de Molotov), Julieta Venegas y Azul Violeta. En algún momento decidí irme a Nueva York y estando allá me dediqué de lleno a la ingeniería. Estudié en Berklee un par de cuatrimestres pero no me considero académico. Puedo decirte que de quienes más he aprendido ha sido de los mentores que tuve en Nueva York, como James McLean. Él era ingeniero del Knitting Factory, y lo asistí durante algún tiempo. Aprendí mucho de él mientras estuve en Nueva York, como siete años.

 
También te  codeaste con John Zorn, esa especie de gurú de la escena avant garde neoyorquina.
Pues mientras estuve en Knitting Factory me hice su amigo. Mi trabajo con él ha sido a nivel ingeniería. Durante algunos años le grabé en directo proyectos como Masada, Cobra o Locus Solus, bueno, prácticamente casi todo lo que ha hecho en vivo. Junto a él hice la gira de Electric Masada en Europa; entonces visitamos como diez países y la experiencia se tradujo en un disco donde figuran Rusia, Moscú y Eslovenia. Repentinamente me sigo topando con John y sí, seguimos haciendo cosas. Alguna vez me invitó a tocar en Cobra, pero regularmente trabaja con Marc Ribot o Bill Frisell.


¿Qué hay de The Book of Sounds, tu proyecto de imágenes acompañadas de grabaciones de campo?

Es un libro de sonidos e imágenes en el que llevo trabajando cerca de diez años, y aún lo sigo diseñando. Trabajo de esta manera: tomo una foto de un lugar en especial y grabo su sonido, entonces la idea es escuchar cómo suena esa fotografía. Me apasiona hacer grabaciones de campo, grabar a músicos de la calle y sonidos de ciudades. Hago un viaje cada año y medio más o menos y ya he visitado Vietnam, Irán, Pakistán y el Amazonas. Aún me falta mucho por conocer pero ya sabes, uno no siempre cuenta con suficiente efectivo. Los archivos sonoros me parece que han ido quedando muy lindos y planeo en algún momento editarlos en un libro. De momento en mi sitio (www.elhuasteco.com) hay algunas grabaciones y fotografías que pueden escucharse.

Vaya diferencia entre ese proyecto y Los Nena, un combo de sonidos esquizofrénicos no apto para oídos melindrosos.
Los Nena somos una banda particular porque cada integrante cuenta con gustos musicales muy diferentes. A mí me gusta la música popular —incluso el motivo por el cual empecé a hacer grabaciones de campo fue porque me encantan los discos de la radio de Francia que contienen  música de todo el mundo—, Abel Membrillo (voz) y yo tenemos gustos similares, pero si nos juntas con Melchor y José Miguel (batería y órgano Farfisa y trompeta, respectivamente) sucede naturalmente lo que escuchas en nuestros discos, sin forzar nada. Lo que hacemos en el estudio es juntarnos y atender las ideas que cada uno trae y procurar que todo eso embone. A veces resulta y a veces no. Personalmente, cuando escucho música veracruzana en serio me conmuevo, y con Los Nena intentamos fusionar ese sentimiento con lo que hacemos y con lo que a cada uno de los integrantes le atrae musicalmente, pero aún no lo hemos logrado del todo, no es algo sencillo.


¿En Los Nena produces y grabas?
Sí. El primer disco lo grabamos en la casa de la madre de José Miguel. Teníamos una four track, algo de Roland y unos buenos micrófonos Telefunken, pero para el segundo conseguimos un estudio en el Pedregal que adaptamos. Casi todo lo grabamos en cinta y suena muy bien a comparación con el primero. Este estudio era de un señor que produjo varias películas de la edad de oro del cine mexicano y por eso tenía un cine en la parte trasera de su casa. Nosotros llegamos a quitar las butacas y metimos consola, Pro Tools, una máquina de 16 pulgadas y nos pusimos a grabar. Tiempo después Molotov grabó allí mismo.

 
 
Respecto a tu trabajo como guitarrista, ¿qué clase de herramientas prefieres para levantar la cantidad de ruido y feedback que regularmente produces?
Uso como amplificador un Fender Twin y como guitarra una Les Paul. Utilizo igualmente suficientes pedales; unos cinco con fuzz (Factory, Swollem Pickle, Big Muff), algún sampler y un delay; lo básico.
En algún momento tuve una pedalera, pero nada como los carritos. Además para grabar son ideales, como para filtrar baterías. En ese sentido me parece que es importante tomar las herramientas como lo que son: pinceles. Quiero decir, la tecnología debe utilizarse como un pincel más. Por ejemplo, Pro Tools, como medio para grabar está bien, pero creo que regularmente se abusa de él cuando en realidad funciona muy bien como un multitrack. Casi ya no hago grabaciones porque en este momento no se están contratando ingenieros. Al menos en México eso ya casi no sucede, y digamos que mi chamba desapareció, además de que la realidad es que no me interesa tanto grabar con todos los elementos bajo control, prefiero grabar directos.

¿Qué has hecho últimamente en ese sentido?
Hace poco hice un disco con Mark Dresser y Remi Álvarez, y quedó precioso, lo grabamos en la Escuela Nacional de Música. También me encanta grabar sones (nací en Ciudad Valles, en la Huasteca Potosina), me fascina escuchar a Son de Madera, Los Cojolites o Los Camperos de Valles, pero pasarme cuatro horas metido en un estudio me parece un poco aburrido. Por eso no tengo un estudio, si requiero grabar, tengo quien me preste un lugar para hacerlo, y si hay que procesar algo, pues cuento con el equipo. Tener un estudio de hecho no me parece un buen negocio hoy en día, al menos para mí, porque sucede que actualmente hay mucha música desechable, sin alma, y lo que a mí me gusta es grabar bandas en vivo. La verdad es que me gustaría algún día hacer lo que hace Steve Albini, quien graba grupos de todo el mundo en vivo, en su estudio; ese es mi sueño.