Por Ferrer León*
Comencemos por nuestro punto en común: la música, una expresión hasta hace poco exclusivamente humana tan antigua como nuestra existencia. Hoy se encuentra en un momento fascinante. Ya no se trata de predecir o anticipar un futuro donde la inteligencia artífica cree canciones; ese futuro es, sin duda, nuestro presente. Hoy, la IA y los compositores, músicos y productores musicales humanos estamos coexistiendo, y a veces compitiendo, redefiniendo la manera de crear, consumir y apreciar la música.
Ahora estamos siendo testigos de la integración de la tecnología de IA de lleno al ecosistema musical, por lo que podemos darnos cuenta de que se perfilan tres nichos de oyentes que, lejos de anularse entre sí, conviven.
El mercado se modifica
Uno de los temores más comunes en la industria musical gira en torno a la educación musical. ¿Es cierto que el auge del “músico inmediato” está influyendo en la disminución del interés por la práctica de un instrumento musical de manera tradicional? El argumento nos puede poner a pensar: ¿Por qué pasar miles de horas practicando la guitarra o el piano, cuando herramientas de IA como Suno o AI Music Gen de Google pueden generar canciones completas de calidad decente en minutos?

Según informes no oficiales de minoristas de instrumentos, existe una desaceleración en la venta de ciertos instrumentos acústicos tradicionales, aunque se observa un incremento en las ventas de interfaces de audio, controladores MIDI y, curiosamente, en instrumentos musicales que incorporan IA de fábrica.
Empresas, principalmente asiáticas, están liderando la exportación de una nueva generación de instrumentos híbridos. Por ejemplo, el Artiphon Instrument 1 permite a los usuarios mezclar la sensibilidad táctil de un instrumento tradicional (cuerdas, pads y teclas) con la potencia de la síntesis digital asistida por algoritmos. También está la línea de pianos de Roli Piano que, aunque no usan IA para la creación, sí lo hacen para ofrecer modos de entrenamiento inteligente y retroalimentación instantánea; en el territorio del audio, está la consola Heritage de Midas, que integra funciones avanzadas de IA no generativa, pero sí de análisis que permite hacer ajustes automáticos de ganancia y procesos de señales que son analizadas por el dispositivo. Esto sugiere que, más que una extinción, lo que estamos presenciando es una evolución del instrumento, donde la tecnología se integra como un asistente de la práctica y no necesariamente como un reemplazo.

Ahora estamos siendo testigos de la integración de la tecnología de IA de lleno al ecosistema musical, por lo que podemos darnos cuenta de que se perfilan tres nichos de oyentes que, lejos de anularse entre sí, conviven. Por un lado, el nicho de la autenticidad humana, compuesto por oyentes que buscan la conexión emocional, la imperfección y la historia personal detrás de la obra, donde se busca el valor que reside en la intención y la vulnerabilidad del artista. Plataformas como Bandcamp o los viniles físicos están creciendo con esta demanda. También está el nicho de la eficiencia u optimización algorítmica, donde se valora la música funcional o ambiental, playlists para estudiar, trabajar o hacer ejercicio. Lo primordial es que cumpla su función y se ajuste perfectamente al estado de ánimo. Aquí, la IA es imbatible en la generación de contenido masivo y personalizado, como la música de fondo.
También existe el nicho que mezcla ambas, que consume música donde la IA actúa como productor, arreglista o colaborador. Artistas humanos usan plug ins con IA, como los asistentes de mezcla y mastering como iZotope Ozone, o generan stems instrumentales con herramientas como AIVA o Suno, y que después retocan, complementan y “humanizan” con sus propios instrumentos y voz. Esta colaboración es el verdadero mainstream del presente. En mi experiencia personal, actualmente recibo aproximadamente el 60 o 70 por ciento de las maquetas hechas con alguna herramienta de IA para posteriormente ser arregladas y producidas por humanos.

Por otro lado, uno de los mayores puntos de fricción reside en la ética y la ley. El recelo de los músicos humanos es comprensible. Si una IA puede imitar el estilo de un artista (usando su música como data set), ¿están en vías de extinción? Actualmente, el panorama legal está fragmentado y se mueve a un ritmo menor en comparación con la velocidad de la tecnología. La batalla clave es la propiedad intelectual de las obras generadas por IA.
Si una IA genera una canción a partir de un prompt, ¿el derecho de autor es del usuario que escribió la instrucción, de la compañía que creó el algoritmo, o la obra queda en el dominio público? Las legislaciones de países como Estados Unidos y la Unión Europea tienden a requerir que haya un toque humano creativo para poder otorgar un copyright, lo cual significa que la música generada solamente por un algoritmo sin participación humana tiene complicaciones para ser protegida legalmente, lo que puede incentivar a los artistas humanos a usar la IA solo como una herramienta de asistencia.
Actualmente, el panorama legal está fragmentado y se mueve a un ritmo menor en comparación con la velocidad de la tecnología. La batalla clave es la propiedad intelectual de las obras generadas por IA.

Talento en mutación
Si las nuevas generaciones estuvieran invirtiendo menos tiempo en la práctica de instrumentos tradicionales (lo cual aún estaría por confirmarse globalmente), ¿cómo se creará música en el futuro? Honestamente, no creo que sea la extinción de los músicos, sino su mutación. Las habilidades básicas se están redefiniendo; ya no se trata solo de la habilidad motora, sino de entender de algoritmos y de la ingeniería del prompt. El nuevo creador musical será un artista con mucho sentido estético, pero que también sabe cómo hablarle a la máquina para obtener la pieza deseada y luego trabajarla, para añadirle el toque y sentido humano que ningún algoritmo aún puede replicar.
La manera de crear música actualmente no es una lucha entre humanos y máquinas, sino una complicada, y a veces incómoda colaboración. La IA nos está obligando a preguntarnos: ¿Qué es lo que solo yo puedo aportar? La respuesta a esa pregunta es el futuro de la creación musical.
*Es productor musical, ingeniero en audio y músico y cuenta con 25 años de trayectoria en diversas áreas de la producción, participando en diferentes proyectos dentro y fuera de México, que abarcan música regional, pop, jazz, rock y orquestas sinfónicas, así como música para empresas y soundtracks. También está a cargo de la producción de audio en la Dirección de Innovación de la Secretaría de Educación Pública. Es miembro votante de los Latin Grammy y cuenta con su propio estudio de grabación, AntenaStudio, en Guadalajara, Jalisco. Pueden encontrarlo en: ferrer@antenastudio.com y www.antenastudio.com



