Austral. Andrea Álvarez es una mujer sencillita, carismática y con mucho ritmo. Famosa por su colaboración con Soda Stereo, esta argentina ha dedicado su vida a cambiar de ritmo una y otra vez. Luego de un centenar de colaboraciones para artistas famosos, Andrea lanza ahora su tercer disco solista, Doble A, de sonido encantador, rudo y callejero. Claro, al estilo Detroit.

Goleadora. Andrea fue la primera rompe-cueros en llegar a trascender en el competido ambiente del rock pampero. Comenzó a los 16 años, tocando la batería para el grupo MIA, del prestigioso Lito Vitale; integró la primera banda de mujeres, junto a María Gabriela Epumer y Claudia Sinesi, Viuda e hijas. De meteórica carrera, igualmente ha sido percusionista lo mismo de Charly García que de la azucarada Celia Cruz o el inolvidable Tito Puente.

Golpe a golpe. Con motivo de la salida de su nuevo CD, grabado por Jim Diamond (White Stripes), y editando en México por Fonarte Latino, buscamos la manera de conversar con Andrea para conocer más detalles sobre esta tercera creación solista.

 
 
“Mi música no tiene nada que ver con los proyectos en los que he participado“, advierte la baterista, “y creo que cuando se desea algo, uno tiene que tratar. Platicarlo. Tampoco tenía tanto dinero, pero lo que sí pude hacer, fue ser sincera y preguntarle a Jim Diamond si estaba interesado con lo que había. Él aceptó y vino una semana al Estudio Ion, en Buenos Aires; la pasó bien, tuvo una buena experiencia y estaba feliz. Si hubiera imaginado que era inaccesible, ni siquiera hubiera intentado comunicarme”.

¿Cómo conociste a Jim?

“Lo conocí por su trabajo de rock y garage en Estados Unidos. Trabajó con una amiga mía que tiene un sello que se llama No Fan Records, de Detroit, quien me lo presentó, hizo toda la conexión y como tuvimos buena comunión decidí trabajar con él, fue muy fácil. Es un gran ingeniero”.

El Estudio ION es muy importante en Buenos Aires. ¿Recuerdas qué técnica usaron para grabar tu instrumento?
“Es cierto, en ION se respira la historia de la música argentina. Además es gigante. Usamos muchos micrófonos ambiente para la batería y otros más cercanos. El asunto era cómo afinar la batería: con los parches bien flojos, para que tuviera un determinado sonido. Aparte, Jim fijó con cinta un micrófono en el piso, que ocupaba un canal donde se escuchaba el room.

“Lo mismo hizo en la voz: grabé la voz con ese mismo micrófono y a la vez un Neumann; los dos juntos en canales distintos. Eso lo mezcló con el sonido general, en vez de usar efecto de distor”.

En ION se usó una consola MCI JH 500, grabadora MCI JH24, monitores Genelec 1038 A y 1029 A en el cuarto de control, JBL 4343 en la sala de grabación y audífonos AKG y Sennheiser. En microfonía, fueron usados los transductores Neumann U47, U67, U87, U89, SM69, KM84 y KM85, así como Shure SM57 y finalmente, el procesamiento estuvo en los SSL G384, Avalon US, EMT 240 y 261 y Sony R7.

“A Jim también le gustó trabajar en ION gracias a su sala de grandes dimensiones y la opción de grabación en cinta abierta, que con la MCI consiguió usar el natural room del estudio. Jim trajo las cintas desde Detroit y nunca usamos ningún software; nunca entramos a la computadora”, explica Andrea.

Me verás tocar
La 10. Andrea se confirmó como compositora-cantante. Entregándose a las sugerencias de Jim Diamond, registró la música de modo análogo. Concluyeron la grabacion de Doble A con Mauro Quintero en la guitarra, Nano Casale al bajo y los invitados  Ricardo Mollo (guitarra) y Richard Coleman (guitarra y voz) el pasado mes de julio. Posteriormente, Jim lo llevó a mezclar en su estudio, Ghetto Recorders de Detroit.

Andrea comenta acerca de la masterización de Doble A: “Jim La hizo en su estudio, donde trabajó con White Stripes. Fue muy característico, porque todo ahí es analógico, al viejo estilo. Es un misterio cómo hace porque fue rápido, como en las viejas épocas: masteriza de forma misteriosa, pero se nota mucho en el sonido final; que es muy crudo y del sonido callejero que yo quería”.

 
 
“Lo importante fue que se respetó la intención artística. Muchas veces, ésta no tiene que ver con el gusto personal de los ingenieros. Entonces, lo quieren llevar a lo que ellos les gusta y les es más fácil. En este caso, con Jim nunca tuve que hablar de eso: ya estaba entendido que los dos íbamos al mismo lugar”.

“A mí me gusta el audio de room fuerte, para que se escuche mucha sala, que la voz esté más mezclada y que la banda suene poderosa. Me cuesta mucho hacer entender esto: quedar en un concepto de lo que, para mí, es antiguo. Es lo que más cuesta”.

La última: ¿con qué enseñanza te quedas?
“Tengo muchísima experiencia en tocar con gente, grabar o participar en proyectos ajenos. De cada uno, aprendo. Sin duda, artísticamente la experiencia que más me hizo crecer fue la de Soda Stereo.

“Una de las personas que más me enseñó es Gustavo Cerati; es toda una experiencia compartir la música con él y verlo trabajar, comprometido con todas las situaciones técnicas. Es un placer ensayar con él y participar de la grabación. Estar ahí; porque es un apasionado. Trabaja con un compromiso muy grande y siempre me dejó un aprendizaje”.

Ciudad de furia. La baterista no para de tocar todos los fines de semana, Detroit se ve tan susceptible y la vida de Andrea Álvarez ha cambiado desde aquellos días de estadios llenos con Soda. Hoy, la estrella reparte su tempo entre la docencia a numerosos alumnos, las relaciones públicas, ser mamá y los discos de su carrera solista, como su nuevo álbum Doble A. Artista en armas.

Redacción: Víctor Baldovinos