Integrante de un clan de reconocido linaje en la industria de la música mexicana y latina, Alejandro Abaroa confirma el talento activado en el ADN familiar. Su paso formativo en el Conservatorio de Boston (Boston Conservatory at Berklee), revela su carácter camaleónico, que luego le permitió establecerse en México y evolucionar de cantante a compositor-productor para televisión con Rosy Ocampo, y más tarde como director artístico de Warner Music. Su trayectoria muestra una inquebrantable capacidad de adaptación, pasión y hambre por trascender.
Recientemente, su trabajo como compositor y productor de música infantil le valió, junto a su hermana Cristina Abaroa, ganar dos veces el Grammy Latino al Mejor Álbum de Música Latina para Niños por “Vamos al Zoo” (2023) y “¡A cantar!” (2024). Este logro ratifica una corazonada seguida en la profesión, incluso cuando todo parecía acabado.

La familia unida por la música, el origen
“Nos presentamos alguna vez en el mítico ‘Siempre en Domingo’, junto a mis hermanos Gabriel, Mauricio y Cristina”, recuerda. “Yo tenía como cuatro años, pero fue otro golpe importante que nos hizo tomar decisiones. El primero fue que nuestro padre nos regalara instrumentos musicales en una Navidad. De manera orgánica se me metió en las venas la música y la televisión. Al acabar la prepa me fui a estudiar Teatro Musical a Boston, porque mi tirada era ser cantante. Eran los años 90 y, al volver a México, si no tenías disquera no había modo, así que estuve haciendo jingles y coros”.


Si no sale el plan A, pues el B y el que sigue

Alejandro sí logró un contrato como cantante para BMG Ariola: “Me firmaron como solista y lancé un disco a finales de 1992. Me estaba yendo muy bien, pero llegó el crack de la bolsa del 94 y nos dieron carta de retiro. Entonces sucedió que iba a trabajarse un proyecto llamado “El Club de Gaby”, que inició como proyecto discográfico y luego pasó a la televisión. Mi hermana Cristina era la productora del disco”.
“En ese contexto nos pusimos a trabajar nuestro propio proyecto infantil, libre de problemas: una botarga llamada Danilo, y Chapis, que iba a ser mi hermana. Se lo presentamos a Rosy Ocampo, que había recibido la producción de ‘Plaza Sésamo’. No pudo tomar a Danilo y Chapis, pero nos pidió hacerle canciones para el programa. Eso desencadenó 12 años como su productor musical. A eso se sumaría la música para novelas como ‘El diario de Daniela’, ‘Rayito de sol’, ‘Aventuras en el tiempo’, ‘Cómplices al rescate’, ‘Alebrijes y rebujos’, ‘Misión SOS’ y ‘Código Fama’.
Ese periodo concluyó en 2005. Llegó entonces la oferta de Warner Music: “Ya había sido productor, compositor y cantante y me faltaba conocer la otra parte del negocio. Esa decisión duró 17 años como director artístico para México, el mercado latino en Estados Unidos, España y Argentina. Me tocaron desafíos como la batalla contra la piratería, la llegada de Napster, y también colaborar en proyectos brutales como el lanzamiento de Jesse y Joy, firmar artistas como María José, Motel, Ximena Sariñana, y más tarde a Mijares, Yuri y Lupita D›Alessio. También lancé a Manuel Medrano y a Beto Cuevas como solista, y grabamos el primer soundtrack de ‘Mentiras el Musical’. Me dejaron hacer y deshacer, y dejé lo infantil de lado”.
Vínculo con las infancias, intacto
En 2020, durante la pandemia, el cover de “El baile del sapito” –canción hecha por él, Cristina y Pablo Aguirre– se viralizó en YouTube con 30 millones de vistas. Esto dio paso a retomar el proyecto infantil de Danilo y Chapis: «Mi hermana sugirió contactar a quienes hicieron el cover, pero mejor le dije que lo retomáramos. La idea era armar una startup en YouTube, hacer contenido por cinco años y luego lanzar con material audiovisual listo. Sacamos el disco y vino la sorpresa de la nominación al Latin Grammy. Para el segundo año, nos volvieron a nominar. Dejé Warner en 2022, sacamos disco a finales de año y llegó el primer Latin Grammy, y ahora el segundo. ¡Una locura, que fue un gran apapacho para mi corazón!”.
En ese mismo periodo, Alejandro retomó el vínculo con Rosy Ocampo, quien seguía haciendo telenovelas. Se armó la saga “Vencer” y, posteriormente, “Papá por conveniencia”: “Rosy quería hacer una novela donde la mujer no fuera la protagonista. Al mismo tiempo, vi a Daniela Luján, Martín Rica, Miguel y María Chacón en una gira de Bobo Producciones, cantando los éxitos de las telenovelas. Ver al público haciendo coreografías me inspiró a hacer un soundtrack especial con ese elenco, como hacíamos hace 25 años. Warner se sumó, y este año hicimos la secuela ‘Papás por siempre’, con un soundtrack increíble. Volví a juntar al equipo: mi hermana, Pablo Aguirre, Alejandro Carballo, gente ganadora de Grammys. Seguimos con Danilo y Chapis, sacamos el disco ‘Divertirnos’ y un tema inédito para Navidad”.



Testigo de una evolución estimulante
“Todo ha cambiado, yo siento que para bien. Claro que se extrañan esas grabaciones en vivo y estar en estudios emblemáticos como el Peerless, el de Polygram, Arco Estudios, los RCA Victor, o el Electric Lady en Nueva York. Estoy muy agradecido de que me tocó vivir eso. Sin embargo, hoy, con la cantidad de música que sale cada viernes, lo complicado es saber cómo crear artistas de carrera larga. Pocas canciones posteriores a los dos miles se quedan como clásicas. Por eso artistas de los ochenta hacen covers; es más fácil que la gente descubra un nuevo tema inédito de ellos. Tuve la satisfacción de firmar a Mijares y lograr un álbum con canciones de un solo compositor, Gian Marco, que fue un hit gracias a ‹Si me tenías›. Es un ejemplo de que se puede hacer un nuevo hit con un artista adulto contemporáneo”.
“Hoy también está el tema de la inteligencia artificial, que me encanta y para lo cual me he estado preparando con cursos. Para mí no va a quitarnos el trabajo, pero sí debemos aprender a usarla correctamente. En la academia de los Latin Grammy acordamos que ningún proyecto hecho con ella se calificará, porque lo que se evalúa es el talento de componer, producir y arreglar. Aún hay cosas por trabajar, como entender el algoritmo, pero en la parte artística, a la IA le falta el alma, y esa únicamente la damos nosotros”.
“El consejo que doy a quienes quieren ser productores es entender que uno no nace siéndolo. Cuando Rosy Ocampo me preguntó si podíamos hacer un soundtrack, le dije ‘claro’. Tuve la cara dura de aventarme con seguridad, y de eso se trata también: de aventarse. Qué ganas de haber tenido las herramientas que tienen ahora cuando yo era joven. Nunca digan que no a nada, estén con los ojos abiertos, porque este mundo puede cambiar y dar opciones inesperadas. No todos nacemos productores, pero todos podemos hacer la prueba. Y si no lo somos, igual podemos tener otra profesión en la industria musical”.
Entrevista: Nizarindani Sopeña / Redacción: Marisol Pacheco



