Ubicado en el corazón de la ciudad de Cuernavaca, el Teatro Ocampo se erige como un remozado centro para la difusión cultural del estado de Morelos. La obra es producto de la colaboración entre el gobierno local, la Dirección de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), y empresas como Teletec de México y el despacho del arquitecto José de Arimatea y Moyao, que por licitación ganaron con sus proyectos el derecho de reconstruir el edificio en el año 2000.

Hoy, el antiguo Hotel Madrid está transformado en un inmueble robustecido tanto en su apariencia arquitectónica como en su desempeño tecnológico. Estas son las entrañas del foro que, esperamos, amplíe la oferta artística de la región centro de nuestro país, pues se encuentra listo para albergar las más exquisitas modalidades del espectáculo contemporáneo.

 
El fin: ocupar un sitio en el mapa cultural mexicano
Con el propósito de crear el teatro más importante del estado de Morelos, el proyecto del Teatro Ocampo se convirtió en pieza clave de la política cultural y turística de la ciudad de la eterna primavera. Así, con la coordinación del Instituto de Cultura de Morelos y la Secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas regional, se iniciaron en el año 2000 los trabajos de rehabilitación del edificio que ganase, a principios del siglo veinte, la admiración de sus visitantes por su decoración Art-Decó. El edificio, que tuvo capacidad para 1500 personas cuando a mediados de la década de los años cuarenta se ocupara como sala de cine, recibió diez años después su primera modificación para atender el quehacer teatral de la ciudad. En aquella ocasión, la propuesta, que pretendía simular un teatro tipo galpón, inhabilitó más de la mitad de las butacas y dejó visible la mitad del escenario, por lo que veinte años después el predio se volvió a usar para construir el Hotel del Parque.

Para 1982, cuando el gobierno estatal asumió la titularidad del espacio, la consigna para el Instituto de Cultura fue convertir él recinto en un teatro multifuncional facultado para acoger producciones nacionales e internacionales, además de ser un foro de capacitación artística. Apegados a cumplir esta misión, el periodo que abarcó los años 2000 a 2005, dieron forma a la gestión de las acciones para la remodelación del lugar, teniendo como guía rehacer la sala, el escenario y los camerinos, así como el lobby y la fachada principal.

Experiencia y tecnología, cimientos de un foro especial
El largo periodo ocupado en la valoración de propuestas para la remoción de este espacio artístico coordinado por la maestra Ketchum Mejía, directora del Instituto de Cultura de Morelos, dio al fin sus frutos tal como lo comenta Jesús Quintero Arellano, director del Teatro Ocampo: “Desde su remodelación, la programación del teatro ha sido rica y constante. Hemos presenciado conciertos sinfónicos, de música de cámara, ópera, zarzuela, teatro o ballet clásico y contemporáneo y es una satisfacción señalar que todas las producciones han sido y serán resueltas satisfactoriamente”.

 
No se equivoca. El corazón que alimenta las posibilidades de producción de este foro está respaldado por la empresa Teletec de México, cuyos especialistas han elegido los equipos de audio e iluminación de firmas como Meyer Sound, ETC, Altman, Shure y Audio-Technica para atender de manera óptima los requerimientos de la actividad artística plural con la que espera posicionarse el recinto.

“El control del equipo está a cargo de Horacio Flores, quien constantemente se actualiza en la operación de los equipos que están dominando el mercado, y por ende, sabe cómo darle gusto a los artistas. En la parte de iluminación, está el maestro Carlos Arce Vargas, quien cuenta con una amplía experiencia en el diseño y manejo de sistemas lumínicos. Un pilar más es Pablo Herrera Langarica, subdirector de tramoya. En cuanto al personal técnico de apoyo contamos con tres personas que nos para apoyan en las tres áreas en todos los eventos programados. Ellos son Miguel Ángel García Alanís, Johnatan Espinoza Nepomuceno y Roberto Carlos Santiago Cruz”, comenta Jesús.

Un espacio para el intercambio y la creación cultural
A la par de cumplir con la meta de tener la cartelera llena de programación en el año, el Teatro Ocampo se distingue por la oferta que genera de cursos y talleres de capacitación técnica y artística. Para este fin fue acondicionado un edificio contiguo que fuera sede de la Contraloría de la entidad, cuyas estancias funcionan como salones para dicho fin. De ahí que a mediados de este año se impartiera el taller teórico práctico de iluminación por el maestro Carlos Arce, y para cerrar el ciclo de asesoría del 2008, se dieron cursos de capacitación de tramoya y audio para los trabajadores del Instituto de Cultura de Morelos.


El futuro luce promisorio para el Teatro Ocampo. Su restauración y, sobre todo, compromiso con la calidad, como lo demuestra la próxima instalación mecánica del telar del área de tramoya, son algunos de los artilugios con los esperan ganarse un lugar en la confección de la agenda cultural del país.

 

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