En coincidencia con el próximo lanzamiento de su más reciente producción discográfica, la banda de ska fusión decidió abrir su estudio de grabación llamado El Cocodrilo, que ya tiene una mordida poderosa. Ubicado en la colonia Roma del Distrito Federal y, en opinión del prestigiado ingeniero y productor argentino Álvaro Villagra, comandante en jefe de la grabación del nuevo disco del grupo, la situación es buen símbolo de que para lograr un registro sonoro de alta calidad no se requiere todo un edificio.

Mientras los integrantes de la agrupación capitalina ensayan en otra habitación algunos temas programados para incluirse en Ejército de Paz, título tentativo del nuevo material, Álvaro —dueño del renombrado estudio sudamericano Del Abasto al Pasto, ahora llamado Mansión Monsterland— destaca que el lugar donde se está grabando el disco posee un nivel destacable: “Para ser el estudio de una banda independiente tiene muy buen equipo, muchos preamplificadores API, micrófonos Neumann, monitores Dynaudio y una consola Yamaha. Es pequeño, pero lo que importa es el resultado final y estamos sacándole el mayor provecho posible. Tiene todo lo necesario para la creación musical”.

 
 

“Yo, como muchos amigos del grupo, les aconsejé sobre el equipo que debían comprar, pero no pude estar aquí para asesorarlos en la cuestión acústica. A mí me gustan los estudios vivos, brillantes, y creo que la sala tiene una sonoridad un poco seca, pero estamos modificando algunas cosas al momento de la grabación. Les recomendé lo que yo uso, lo que me funciona. No digo que otras marcas sean malas; más bien son cosas que me han servido durante mi carrera”, comenta el ingeniero.

Para completar el repertorio de su quinta placa de estudio, luego de que grabaran semanas antes el sencillo Arréglame el alma en la Chicken Station de Jorge Chiquis Amaro, con la coproducción de Federico Fong, los nueve miembros del Panteón se propusieron generar canciones mejor elaboradas y reelaborarlas desde cero si era preciso, aunque no registraron “mil versiones, como The Beatles, sino dos o tres de cada una”, bromea Álvaro Villagra, quien por primera vez funge como productor del grupo, luego de haber sido el ingeniero de los tres CDs previos de los mexicanos (Compañeros musicales, Tres veces tres y Un panteón muy vivo). “A diferencia de bandas más veteranas, en grupos como Panteón Rococó hay apertura para cualquier cambio o sugerencia, para explorar cosas nuevas. Eso lo hace más emocionante y menos estresante.”


Las voces, cortesía del vocalista Dr. Shenka, se grabaron en la Mansión Monsterland, de las afueras de Buenos Aires, donde también se llevó a cabo la mezcla. Aunque en alguna época se integró al elenco de la disquera multinacional Sony-BMG, Panteón Rococó nació en el mundo independiente y nunca lo ha abandonado. Con Ejército de Paz, el grupo creado en 1995 mantendrá en actividad Real Independencia, el sello fonográfico que forma parte de su empresa El Cocodrilo Solitario, aunque negociará la distribución con alguna empresa externa.
“El álbum se mezcló en noviembre y si todo sale bien estará disponible de manera independiente próximamente. Es curioso ver que diez años después de que sacamos nuestro primer disco nosotros solos todavía no hay demasiadas opciones para distribuirlos”, comenta Missael Oseguera, saxofonista del combo.

El Cocodrilo, un gusto y una necesidad
Los Rococó ya tenían anteriormente un lugar de ensayo que se transformó en el estudio donde hicieron maquetas de bastante material y donde incluso crearon el track con el que participaron en un tributo a Rigo Tovar, pero las condiciones no eran las óptimas y decidieron invertir en un sitio más amplio y esa idea quedó plasmada en un estudio profesional. “El otro lugar a veces era hasta nuestra casa cuando corrían a alguno, ahí se quedaba”, dice el bajista Darío Espinosa, entre risas. “Pero el asunto era que los días en que ensayábamos no se podía ocupar como estudio y quisimos separarlo, así que llegamos hasta acá y destinamos una parte de nuestro salario para acondicionarla. Tenemos muchos amigos ingenieros y nos asesoraron, pero Paco Weidner diseñó y construyó el estudio. Nos da mucho orgullo ya tenerlo listo, porque nos ha costado trabajo, nos pasamos muchos días pintando, alfombrando, fueron meses intensos. Fue un gusto y una necesidad.”

 
  Para Missael, Francisco Weidner entendió desde un inicio que el presupuesto no era amplio: “Con sus consejos toda la banda se involucró para encontrar lo que buscábamos, nos fuimos a lo básico y gracias a él pudimos bajar los costos. En todo momento nos explicaba cómo funcionaban las cosas, no fue egoísta y compartía sus conocimientos y experiencia. Trabajamos tres meses en esta casa, porque casi era obra negra, había mucha humedad y hasta tiramos muros. Fue como mes y medio lo que tardó la construcción del estudio.”

Amén de realizar todas las producciones que Panteón Rococó requiera, por supuesto El Cocodrilo estará disponible para los compañeros musicales de la banda, con tarifas que serán justas, con la paga primordial de escuchar que los resultados tienen un alto nivel sonoro. “En El Cocodrilo nos centramos en tener buenos micrófonos y amplificadores”, señala Darío Espinosa, y el mayor plus que ofrece El Cocodrilo es que, según la banda, darán asesoría personal a las bandas noveles que acudan. “Afortunadamente podemos decir que hay bandas formadas para usarlo porque se sienten a gusto con nosotros, con un trato que no es sencillo encontrarlo en otro lugar”.

   

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