La emotiva respuesta de quienes presenciaron en septiembre el espectáculo multimedia México en el Corazón, al cobijo de la plaza símbolo de este país, el zócalo capitalino, llevó a ampliar su exhibición hasta los festejos revolucionarios del mes de noviembre, para continuar calentando el escenario hacia los festejos que se darán acerca del bicentenario de nuestra gesta de Independencia y centenario de la Revolución.

En esa serie de proyecciones, que tuvieron como responsable de la producción a Lourdes Skipsey, conversamos con Martín Arnaud, creador del concepto creativo que cautivó a mexicanos y visitantes, y reveló los principios que rigieron la propuesta visual en la que se implementaron las más avanzadas tecnologías de videoproyección, edición de imagen y gráficos existentes, que incluyó 22 proyectores Christie, una pantalla de agua de 45 metros de largo por 15 de alto, modelización en tercera dimensión, pantallas de LEDs y el uso del software de videoproyección de E/T/C París, OnlyView, que permitió transmitir las secuencias de imágenes a 60 cuadros por segundo con una resolución de 12 mil 288 pixeles. Para el creativo de origen francés, el uso de estas herramientas determinó el grado de encanto que se logró producir en el público.

“Siempre supe que no quería usar fotos o escenas de personajes y lugares reales, porque justo lo que buscábamos era hablar de la riqueza e historia de este país de otra manera, para que la gente se sorprendiera. Cuando me llamaron para este proyecto fui yo quien pidió usar la fachada del Palacio Nacional como superficie de proyección, quería jugar con este inmueble, expresar la historia y riqueza de este país a través del edificio, como dándole la palabra y que cobrase vida”, relata la mente detrás de propuestas visuales para eventos como la Cumbre Tajín en Veracruz, la Eurocopa de Futbol y los festejos por la revolución en la India.
 

Para conseguir dar vida al Palacio Nacional, la pieza clave fue el trabajo de modelación de cada ladrillo existente en su fachada (un total de 275 mil), y a través del programa en tercera dimensión crear esa percepción de que éste se movía al momento de exponer cada secuencia de imágenes de los dos episodios que comprendieron el espectáculo durante las sesiones de noviembre: “El relato estuvo dividido en dos actos; en el primero vimos toda la historia de México a través de los rostros de sus personajes clave en formato de cine, y abarcamos desde la época prehispánica y la colonia, periodos donde justo se da esta mezcla que hace de este país una entidad tan rica en cultura. Atravesamos esta línea del tiempo, teniendo como pantalla central la hecha de agua, ubicada al centro de la plaza”, comenta Martín.

“En el segundo acto hicimos el gran juego visual, comenzamos con el Son de la Negra, que de pronto se escuchó como si se hubiera rayado el disco en una tornamesa, lo que también contrastó con el uso de toda esta tecnología y el efecto en la gente es de ruptura total porque no se esperaban que ocurriera algo así. De ahí nos fuimos con la intervención de las luces, cuyo diseño y ubicación de luminarios tiene como propósito alterar la percepción de la gente; así es como dimos inicio a la proyección de gráficos sobre la superficie del edificio, elementos que retrataron la gran Tenochtitlán con la aparición del Templo Mayor, luego la firma de la Carta Magna y posteriormente la Revolución Mexicana. Poco a poco se narró la historia de México en forma totalmente poética y onírica”.

 

 
 
El creador de este especial escenario de proyección comenta: “Luego vino la parte donde plasmamos la belleza de los recursos naturales que posee este país con las flores y el acuario gigante, que dejó listo el ánimo para el momento en que aparece el Viva México, frase que emerge del propio corazón de la pared. Finalmente, el show concluyó con la secuencia en la que se cae toda esta pared de azulejos con la que tratamos de decir adiós a la fase de conquista por los españoles y de ahí pasamos a lo más mexicano que hay, que para mí son las calaveras, esta representación de algo tan frío como la muerte pero que acá no se toma tan en serio. Fue una escena que le gustó mucho a los niños y que hizo sentir más vivo al Palacio Nacional”.


 

Tecnologías que emocionan
En los poco más de tres meses de trabajo que se invirtieron para el diseño de todo el concepto visual y las herramientas técnicas para su ejecución, lo esencial fue establecer el tipo de software para el tratamiento de imágenes. La elección del OnlyView permitió diseminar la proyección visual entre los 19 proyectores que cubrieron la fachada del Palacio Nacional y los tres que se ubicaron como back sobre la pantalla de agua. “Elegí el OnlyView porque es un programa que nos permite pasar la imagen a 60 cuadros por segundo y así tener una imagen base que midió 12 mil 288 pixeles, es un sistema de alta velocidad que manda la señal a una computadora central equipada con lo mejor de los chips disponibles. Luego, esta misma señal se envía a cada una de las computadoras que están junto a cada proyector, de manera que cada uno trata su parte de imagen y, lo que hicimos fue pegar éstas al momento de hacer toda la proyección”, explica el director creativo.

La selección de tecnologías también debía contrarrestar cualquier riesgo durante la función, considerando factores como la altitud, temperatura e interacción con el agua de los equipos. “Tuvimos 19 proyectores sobre la fachada y perder uno implicaba quedarnos sin una parte de la imagen. Por eso tuvimos que modificar la potencia de los proyectores que usamos de 20 mil lumens porque al ubicarlos a más de 2 mil metros de altura, no tendrían la misma densidad de aire y eso altera su desempeño. Les debimos crear una caja de protección que se pudiera abrir porque emiten mucho calor y lo mismo se hizo con las computadoras; en ese sentido el riesgo era que tuviéramos muy poco abierto el proyector para que respirase bien o demasiado cerrado y que entonces se apagara. En cuanto al software siempre puede pasar alguna falla técnica, nunca lo he visto pero puede ocurrir, así que tuvimos dos programas corriendo en  tiempo real para así hacer switch si uno no respondía, más dos computadoras con el audio que seguían al mismo tiempo las imágenes”, expone Martin.


La modelización ladrillo por ladrillo de la fachada del Palacio Nacional fue crucial, pues al no existir algún plano arquitectónico, empatar el gran formato de las imágenes sobre su superficie para darle vida, fue una tarea titánica, tal como recuerda su creador: “Cuando empezaron a modelar la fachada, incluso tuvimos que deformar un poco todo el diseño para adaptarnos a la forma del edificio, y además su formato era bastante complicado porque es muy ancho pero no muy alto, de manera que no era una pantalla como tal. En su parte inferior es bastante claro pero luego están los ladrillos rojos y las ventanas. El mapeo en 3D de la superficie nos permitió hacer el trabajo más divertido que fue dar movimiento a esta piedra para generar efectos como el de la salida del Templo Mayor desde su parte central o esa ola de piedra, al inicio del show. Todas esas deformaciones se lograron con la modelización en 3D y básicamente se enriqueció el efecto mediante luces, para sí generar este gran discurso en tercera dimensión sobre la fachada, gracias al trabajo en tercera dimensión que nos permitió crear sombras y relieves, todo un juego de ilusión óptica”.

El complemento básico de esta configuración visual fue la intervención de luminarias ubicadas a dos metros por encima del techo del Palacio Nacional para alcanzar a dar el tiro que el concepto creativo pedía. Bruno Santaguida, director de Luzmila (casa proveedora del equipo de iluminación junto con Simply Professional, bajo el mando de Sebastián Corkidi), explica esta parte de la tarea: “En principio, todo debía funcionar en beneficio del espectáculo y no en la individualidad de la iluminación, de manera que toda la programación y automatización de las luces para sincronizarlas con el video fue lo importante y simplemente se mantuvo el timing para dejarla correr sola. La instalación de los equipos fue un reto porque no se trató de llegar y montar, sino que debimos ocupar una grúa en la parte de arriba del Palacio Nacional para ubicar las luces a dos metros de altura para que dieran el ángulo”.

Un total de 78 luminarias de 4 mil watts se instalaron para complementar el video y todas corren una misma rutina, perfectamente alineadas y acomodadas de manera que cada equipo fuera protagonista de un momento determinado durante el evento. Sebastián Corkidi expone así la forma en que se ubicaron las luces: “Fue un diseño sumamente interesante porque el ambiente del video hizo una burbuja envolvente que fue lo esencial del show, fue un espectáculo que podía verse en diferentes ángulos e interpretarse de muchas maneras, y esa parte se logra por esta mezcla de video y luces. Técnicamente tiramos cerca de nueve kilómetros de cable para el equipo y toda la comunicación entre estos se dividió porque se usó señal alámbrica e inalámbrica, ya que estábamos en una plaza donde había 25 mil personas, de las cuales seguramente diez mil llevaban celular, y nuestra red inalámbrica corrió sin problema. Todas las luces estuvieron conectadas a una planta de energía independiente desde el techo del Palacio Nacional”.

 

Los detalles a cuidar para el armado de esta configuración lumínica fueron el voltaje y el lanzamiento de señales para activar todo el sistema. “Al usar lámparas de xenón, debimos evaluar que éstas se encuentran alojadas a cuatro atmósferas de presión, que es como estar cuarenta metros debajo del agua y si explota la lámpara, es como si volara una granada de mano; entonces, cuidar el tema de la corriente era algo muy importante, pues son luces que consumen mucha energía, hablamos de 240 mil watts generados sólo para el equipo de xenón; si no hay estabilidad en el voltaje no funcionan”.

“Para prever esto dispusimos de una planta de luz por cada 17 ó 20 lámparas, según la posición de éstas, más un generador y un sistema de carga que nos permitió fijar no sólo cuánto voltaje sacamos sino la frecuencia con la que éste llega para que esté limpio, con la señal exacta para que podamos tener estabilidad en la corriente. Todo instalado para uso rudo pero depuradamente, hecho para la intemperie, tanto el equipo como el sistema de distribución de potencia. A los sistemas llega la señal del inalámbrico, que luego reparte ésta a las antenas y a los equipos,  además tenemos el cable de spare, que cuando el Estado Mayor bloqueaba la señal, switcheamos y la mandábamos por el cable sin problema alguno”, explica Sebastián.

Así, este espectáculo de luces y sonido ha sentado un precedente en México, no sólo por la calidad en cuanto a equipamiento tecnológico, sino también por la certeza de poner tener en nuestro territorio el equipo humano que sabe sumar su talento y conocimiento a propuestas de vanguardia. El show concebido por Vivace Producciones logró con lo más adelantado en tecnología de producción visual, lo que contados ejercicios de entretenimiento consiguen: cautivar y hacer de ese momento de distracción un recuerdo inolvidable.

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