IMG_0346Familia muy normal. Los años sesenta fue una década alocada: grandes cambios sociales, la nación Woodstock, guerras frías y calientes, la lucha por los derechos civiles, misiles rusos en Cuba, el hombre en la luna y el clan de Los Addams, estirpe sofisticada y excéntrica que habita con su mayordomo un lúgubre caserón antiguo.

Espejo satírico de la cultura americana, la popular serie de televisión gusta hasta nuestros días porque Los Locos Addams no hicieron más que cuestionar el consumismo y la rutina cotidiana. Este torcido árbol genealógico fue sembrado en las banquetas de Broadway para luego verse germinado en un musical que canta a las pasiones de un par de enamorados. Lo demás, ya fue perder la cabeza.

De Broadway a la avenida Insurgentes. Homero y Morticia se mudaron a la colonia San José, donde todas las noches serán los perfectos anfitriones de la familia del primer novio de Merlina, acompañada de cientos de curiosos. Para comprender los laberintos que trajeron a Los Addams hasta aquí, nos reunimos para conversar con el equipo técnico que materializó esta aventura escénica. Esperen una fiesta.

“Tenemos la mejor producción de Los Locos Addams”

Otra vida. El Teatro de los Insurgentes fue objeto de una actualización en abril de 1994, cuando se le practicó una profunda remodelación, encargada por el nuevo propietario. “Y por nuestro equipo, que prácticamente sigue aquí”, se alegra Dimitrios Krimbalis, director técnico del teatro; “trazamos una línea distinta, en la que estamos dirigidos a la diversión, con espectáculos de calidad y generalmente para toda la familia; abriendo un abanico amplio, más que ser elitistas”, pondera; “manteniendo la calidad y cuidando cualquier detalle”.

Dominar los trazos finos. “Esto nos hace subir poco a poco, obra con obra, los puntos del Teatro de los Insurgentes”, define Dimitrios; “porque ya, desde hace muchos años, la gente abre la cartelera para ver qué tenemos aquí; desde hace dos décadas, gracias al equipo de Tina Galindo, este teatro ya es un sello, porque siempre ha trabajado con la misma calidad. “De otras obras”, repasa la cartelera el director técnico; “recuerdo por ejemplo Cabaret, La Novicia Rebelde, Dos Patanes y Víctor Victoria. En el Insurgentes siempre hemos hecho obras buenas, de acuerdo al medio en el que nos manejamos y al público al que nos dirigimos. Lo que pasa con Los Locos Addams es que a pesar de ser una obra de los años sesenta, muy tradicional, tiene mucha tecnología”, comenta Dimitrios el director técnico; “pero es algo que no es visto en pantallas, sino que es tradicional y clásica pero avanzada y actual, por lo que el público la aprecia mucho”.

Elogio a la locura. “Para lograr obtener los derechos, Claudio Carrera y nuestro equipo estuvimos tras la obra por más de cuatro años”, señala Dimitrios Krimbalis; “pero no había llegado el momento ni los ajustes propios para que la obra pudiera ser presentada y adaptada al castellano en países de Latinoamérica. Esto nos hizo bien porque se fueron ajustando tanto la obra como la producción escénica”, remata el director técnico”.

“La base no sólo es tener buen equipo, sino alguien que sepa usarlo”

Comunicólogo. Antonio Romero quería hacer telenovelas porque cuando era joven la comedia cantada en México existía a cuenta gotas. “Era fan de los musicales de Nueva York y Londres”, recuerda el production stage manager; “en mis ilusiones, tenía un pacto secreto con Cameron Mackintosh. Según yo y mis juegos, le compraba las obras”.

IMG_0535OKSoñador, hasta 1997. “En ese momento conocí a Atala Menéndez (q.e.p.d.), quien era directora del Teatro Orfeón, donde estaban buscando gente para hacer La Bella y la Bestia de Broadway. Estábamos todos entrando al negocio y así empecé: con el primer musical de la nueva era, porque doña Silvia Pinal ya había hecho muchos”, admite Toño; “después trabajé en el Fantasma de la Ópera, Rent, Los Miserables y finalmente en OCESA con Los Productores”, hace memoria; “luego llegué al Teatro de Los Insurgentes aquí junto con Claudio Carrera, que fuimos compañeros en la universidad y amigos de toda la vida. Desde entonces aquí estamos, trabajando para Tina Galindo muy a gusto. Ya tenemos cinco años en el Insurgentes”.

Los chiflados llegaron ya. “Hace tres años Claudio me comentó que quería hacer Los Locos Addams para México”, menciona Toño; “que tenía ingredientes que le habían llamado la atención. Claudio tiene una gran visión de lo que funciona en México. Pasó el tiempo y las críticas en Broadway no fueron las que esperábamos, pero Claudio seguía y me impresionaba con esa idea: que Los Addams tenían que venir a México”.

Hace dos años. “Exactamente en esos días, fuimos con Susana Zabaleta a Las Vegas a ver la producción en gira y lo que me llamó la atención fue que era una cosa totalmente diferente a lo hecho en Broadway, porque como no les fue como esperaban, el musical se reestructuró completamente: quitaron canciones, se armó de nuevo y es lo que se fue de gira. Nos fascinó a todos y por ahí empezamos”.

Claudio Carrera hizo los contactos. “En 2013 fuimos a Buenos Aires, que es de donde viene la producción. Esta escenografía se fabricó y presentó en Brasil y luego en Argentina. El circuito termina aquí; con nosotros”, el organizador saca cuentas; “vino la producción completa y se hizo una amortización entre los tres países”.

Apuesta de peso. “La obra es muy grande, tiene muchos elementos y un gran telón rojo de boca que nos ayuda a contar la historia. Fue lo que me enamoró como production stage manager. Siempre nos dicen que subimos y bajamos telones; pero este es especial porque tiene setenta posiciones diferentes”, continúa Toño Romero; “es parte de la escenografía y aunque es un musical moderno, es muy teatral, clásico, de telones, cosas que caen, bambalinas preciosas y un telón rojo, que es protagónico en Los Addams”.

Ochenta de familia

“Incluido el personal, los músicos, operadores en jefe y actores”, resume el production stage manager; “somos dos técnicos en piso, tres seguidoristas, nuestro jefe de foro Benjamín Alayón, quien es viejo lobo del Teatro de los Insurgentes, y el crew de sonido, que es muy importante”, estima; “tenemos cuatro ayudantes en piso, dos para microfonía y dos para la orquesta en vivo de 16 músicos, más dos operadores en consola, corriendo efectos y mezclando el show”.

Música compuesta por Andrew Lippa. “Él vino aquí y afortunadamente nos supervisó, porque no hay nada grabado. La ejecución es completamente en vivo y dirigida todas las noches por el maestro Eduardo Soto. En cuanto a los efectos especiales, todos están manejados por el software Figure53 QLab”.

Apegarse a la pantalla chica. “A lo mejor se alejan las caras y no vemos físicamente al mismo Homero de la serie, pero la idea de los personajes es la misma: la madre de familia, muy oscura, pero muy enamorada de su marido y con su picardía mexicana; siempre acompañados por el tío Lucas (hermano de Homero), otro soñador. También está Merlina, quien en parte es la protagonista, porque la problemática del musical es que ella se enamora de un normal y es el primer encuentro de la familia del muchacho con Los Addams. Ahí está la locura”.

“Además tengo dos stage managers, Marco Pérez Morán y Andrea Pérez, que son parte de un gran equipo con el que ahora he empezado a trabajar para hacer esta obra, en la que pasan muchísimas cosas. Necesito ojos y oídos en todos lados”, profundiza Toño Romero; “yo corro el show cada noche, desde cabina, y como production stage manager me toca conjuntar todos los elementos; necesito ayuda especial y para eso, en la intercomunicación estamos apoyados por un sistema Clear Com”.

Nacer en Broadway. La iluminación de Los Locos Addams está basada en los diseños de Natasha Katz (ganadora de cuatro premios Tony). “Vino su diseñadora de iluminación asociada, Yahel Lubetzky, quien armó un proyecto muy bueno”. Toño Romero resalta al final: “fue curioso, porque en Argentina tenían un equipo impresionante, el que se esperaría de un gran musical. Aquí tenemos un buen equipo y está muy bien usado; parecería que tuviésemos todo lo habido y por haber”.

“Exactamente como debe cuadrar”

Sonido actuado. Israel David Huerta Ecatl, jefe de audio en Los Locos Addams, estudió con el ingeniero Salvador Tercero en Sala de Audio. Trabajó a su lado hace tres años en la obra Despertando en Primavera y posteriormente se integró cómo técnico en los montajes de Shrek y Cats. En poco tiempo, su carrera avanzó. “Me invitaron otras personas como Isaías Jáuregui y a partir de ese día, constantemente he trabajado en teatro. Ya había estado en otros musicales cuando me llamaron para presentarme aquí, y desde hace seis meses estamos con la compañía”, documenta; “me contacté con Guillermo Rubio, quien es el encargado de audio en el teatro, y armamos todo un complejo sistema”.

Desde octubre de 2014. “Inmediatamente empezamos a montar y a los 15 días comenzamos ensayos generales con actores y músicos”, revela; “nos tuvimos que meter al régimen impuesto por Broadway, muy estricto, y ponernos al nivel, porque estaba a mi lado el diseñador de sonido asociado Jason Crystal, quien me asesoraba en el trabajo; “fue él quién me orientó. El tiempo que estuvo en México aprendí y absorbí las formas laborales de Nueva York”.

El sistema

“Toda la parafernalia la tenemos controlada desde arriba”, expone Israel Huerta; “tenemos treinta monitores distribuidos en escena, mientras que en sala ocupamos más de sesenta altavoces. En su mayoría, son altavoces Nexo PS8, Meyer Sound UPA-1P y UPA-2P. Contamos con dos clústers, un surround, los efectos y el monitoreo para los 16 músicos y 22 actores en escena”, subraya.

Subwoofers. “A piso, tenemos un Meyer Sound 650-P por lado y en el arreglo del PA, las MSL-3. Lo que tenemos de front fill son seis cajas acústicas Meyer Sound UPM-1P, que funcionan de maravilla. Dentro del escenario no instalamos side fills ni monitores: los Nexo PS8 que están colgados son para amplificar efectos”.

Consola digital. “Es una Digico SD10, con ella podemos manejar desde sala la función completa”, ilustra el soundman; “es bastante amigable, práctica y fácil de entender. Me gusta porque es avanzada y los procesadores son buenos, responden rápidamente y nunca se atrofian”, argumenta; “sus plug ins son muy buenos para representaciones como ésta porque son bastante sofisticados, están bien cimentados y son una infinidad los que manejamos en esta puesta. También tenemos reverbs y lo que se necesite”.

“La SD10 tiene distintos bancos de datos, que para mí son los cues”, advierte Israel; “cada cue tiene su efecto y la practicidad de la Digico es que puedo conectarla a una computadora, una interfaz, instalarle lo que quiera, mandar los efectos directamente desde la consola y controlar toda la escena”.

De acuerdo con el libreto: “Tenemos 36 canales para la orquesta (16 músicos) y obviamente están seccionados en subgrupos”, sostiene Israel; “hay instrumentos de viento, percusiones y batería. Tenemos un guitarrista que toca dos guitarras y un bajista que usa tres bajos. Usamos cajas directas para las guitarras, los bajos y los dos pianos, porque uno tira efectos y el otro es el principal”.

Microfonía racional. “En la orquesta, tenemos Shure SM57, Shure KSM32 (para el coro, formado por seis cantantes: tres mujeres y tres hombres), y todos los demás micrófonos son Shure SM81”, sonríe el ingeniero;  “los transmisores son UHF-R y los lavaliers son PG185. Cada actor trae el suyo, a excepción de los personajes principales (Susana y Jesús Ochoa) que tienen el principal y un spare (respaldo)”.

¿Cómo limpiar el espectro de los canales inalámbricos? “Tenemos cuatro antenas (dos por lado), para evitar cualquier tipo de problema, y de hecho, cada 15 días hacemos un escaneo de frecuencias para evitar pérdidas”, reconoce Israel Huerta; “y cada vez que viene un medio de comunicación electrónico, hacemos un barrido de frecuencias para evitar que haya interferencias de señal”.

Lamentos, crujidos y tormentos. “Toño Romero se encarga de indicarme algunos cues y otros los tengo marcados en mi libreto”, apunta el ingeniero sonoro; “pero todos los tiro manualmente, desde la consola, ocupando el programa QLab, que es donde están acomodados y seccionados. Cuando entra mi cue de escena, me apoyo con el libreto para tirarlo exactamente en el momento adecuado”, concluye; “Toño es el encargado de indicarme los otros cues. Manejamos 150 cues, con 120 efectos”.

“Todo en vivo”

La puerta grande. El ingreso a la farándula para Guillermo Rubio, técnico de sonido en el Teatro de los Insurgentes, fue durante la primera versión que se presentó en México del musical Cats, exhibida hace 23 años en el Teatro Silvia Pinal: “me metí y empecé jalando cables o conectando. Me gustó y ahora es una pasión”, suspira Guillermo desde el foso de orquesta; “después, un ingeniero de Televisa que estaba encargado, me dio la oportunidad de permanecer en su grupo de audio y poner la microfonía de lo actores. Más adelante, estuve en El Abuelo y yo, Todo sobre mi madre, El curioso incidente del perro a media noche, Lo que traía puesto y Nadando con tiburones”.

¡Qué dulzura! “Mi función es la de monitorista, dando mezclas a los músicos para que trabajen a gusto y se sientan bien con lo que están haciendo”, explica Guillermo; “aquí tenemos una consola Yamaha DM2000, para ponerles lo que me pidan. Este equipo es un poco más para hacer ediciones de estudio, pero nos funciona porque es muy amigable; se pueden programar escenas y estamos metiendo ocho mezclas para 16 músicos que tocan en vivo: no hay clic porque todo es humano y lo que no funcione, lo tenemos que arreglar en el camino”.

La DM2000, expandible hasta 96 auxiliares. “Ahora estamos usando 24, para las ocho mezclas. Todos los músicos tienen monitores personales Shure SE315”, precisa; “de instrumentos, tenemos batería, trompeta, trombón, cello, violín, flauta, saxofón, bajo acústico y eléctrico, cuatro guitarras para dos guitarristas, percusiones y teclados. Les mandamos una referencia de los cantantes para escuchar lo que está ocurriendo en el escenario y en el foso; nos piden oír la guitarra, el bajo, las percusiones o más trompeta”, recuenta finalmente Guillermo Rubio; “y para ellos colocamos dos altavoces Meyer Sound UPA-1P, que apoyan pianos y teclados”.

“Ya la tenemos dominada”

No llores por mí Argentina. De niño, su padre frecuentemente lo llevaba al teatro. Así nació en Benjamín Alayón Rojas el gusto por el área técnica y la iluminación. “Mi entrenamiento había sido empírico, con los técnicos que venían a las obras que llegaban del extranjero. Así, nos fuimos empapando de lo que traían, tomando cursos de iluminación y electricidad”, asegura el jefe de foro e iluminación; “entré al teatro con la primera temporada de Evita, cuando se presentó en el Teatro Ferrocarrilero en 1980; ya voy a cumplir 35 años como técnico en iluminación y llevo veinte años de planta en el Teatro de los Insurgentes, desde que se reinauguró, pero ya había estado anteriormente otros siete años”.

Planeando locuras. “El diseño de iluminación ya venía: lo trajo la producción y era el de la puesta argentina. Lo que nosotros hicimos fue primero el montaje de la luz convencional”, visualiza Benjamín; “estamos usando lekos ETC con lámparas 1575, que van desde 26 y 36, hasta 50 grados. Tenemos otros lekos Colortran de 1,000 watts en 20, 30 y 40 grados, junto a los par 64 con lámparas medium fluid y narrow spot. Aplicamos fresneles de seis pulgadas con lámparas de 1,000 watts y unas Cyclone Lighting, con unidades FFT (Fast Fourier Transform) de 1,000 watts. También estamos iluminando con tres seguidores frontales Lycian Stage Lighting, modelo 1275”.

Tango en la noche. “Tuvimos que hacerle algunas correcciones a la luna hecha con manguera de LEDs que llegó de Argentina junto con el resto de la escenografía”. El jefe de foro e iluminación hace historia: “Todo venía con otro voltaje y hubo que adaptarla al de México: llegaron a 220 volts y los bajamos a 110. Eso fue lo más complicado que se presentó en el montaje. Por lo demás, como ya teníamos aquí a la diseñadora Yahel Lubetzky, nos enfocamos muy bien a lo que ella nos pidió y no tuvimos problemas”, finaliza sumando Benjamín Alayón; “tenemos 400 cues operados por tres técnicos en seguidores; dos en piso, Sergio Díaz y un servidor”.

“Hablando de una familia oscura”

Dos meses antes de su estreno, el operador de iluminación Sergio Díaz Franco entró a habitar la casa de la risa. Con raíces en el espectáculo infantil, Sergio comenzó trabajando en recreaciones de Plaza Sésamo, Barney y Bob Esponja. Por su buena labor, comenzaron a convocarlo para proyectos más grandes, hasta que arribó al Teatro Milán. “Con Gospel”, explica; “terminó y me llamaron a Los Locos Addams, para apoyar a nuestro jefe de foro en la programación y el manejo de la consola de iluminación Avolites Tiger, porque es nueva y no era tan conocida, pero yo ya había tenido la oportunidad de trabajar con ella”.

Ventajas claras. “Es la consola que siempre se había manejado en conciertos (que son mi fuerte), porque en esta Tiger, ahora que es digital la cuestión de pantallas, facilita muchas cosas de programación, porque tiene un pre visualizador integrado, que puede manejar antes del montaje las alturas y posiciones”.

Floreados no puede haber. “Muy poco de rosa”, bromea; “pero la verdad, nuestra base está hecha partiendo del uso de colores como, verde y rojo. Obviamente, estamos hablando de una familia que es muy oscura y son tonos que van de acuerdo”.

Luz y sombra. “En iluminación robótica, tenemos Vari-Lite 2207 Spot y 402 Wash. Además, 14 luminarias Clay Paky Alpha Spot HPE 1500, combinadas con seis Alpha Spot HPE 1200, seis Alpha Wash Halo 1200, dos estrobos Martin Professional Atomic 3000 DMX y ocho washes PR Lighting PR-8120”, detalla; “el 402 Wash de Vari-Lite, además de su forma, los colores que emite, el brillo y la nitidez que tiene, ahora se puede ajustar y hacerlo más móvil. Es buen equipo; de lo mejor que he manejado en washes pequeños. Es una lámpara muy compacta, pero con potencia, un gran ángulo, una buena luminosidad y la ventaja es que tiene un zoom que no pierde brillo por la lejanía”, mira al escenario; “en el Teatro de los Insurgentes existe una longitud moderada y a esta distancia realmente no pierde el brillo que se necesita”, reitera al despedirse Sergio Díaz; “porque en cuestiones de Broadway, principalmente luce la visualización”.

Casa llena. Susana Zabaleta y Jesús Ochoa cada noche atienden a los invitados, sirven una humeante bebida y se sientan a convivir normalmente con la parentela del primer novio de Merlina. La familia Addams es anfitriona de un abarrotado Teatro de los Insurgentes, que terminada la obra, en el filo de la silla balbucea su última razón.

¡Qué locura!

  

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