Beatles chilenos. El grupo de amigos que vivía en la ciudad de Concepción, al sur de aquel país, se ha convertido en una de los fenómenos musicales más influyentes de Latinoamérica. Originarios de la Región del Biobío, Los Bunkers impusieron su ley en la selva del sonido: tienen videos con alta rotación en MTV, han recibido la Antorcha de Oro en el Festival Viña del Mar, firmado con Universal Music como artistas prioritarios y abierto el show de Oasis, los reyes del brit-pop. ¡Cúbranse!

¿Su nuevo cañonazo? Música libre, un disco lleno de canciones de Silvio Rodríguez hecho en México. Fue grabado en parte en Estudio 19 y otra parte en El Ensayo (de Café Tacvba), mezclado ahí mismo y producido por Emmanuel del Real, Meme. Todo, con tal de deleitar a los viejos amigos que aún los esperan ver por allá, en Concepción.

 
 
Conocedores de la música popular de su país y de los países latinoamericanos, Los Bunkers se preguntaban por qué no había ningún tributo a Silvio Rodríguez, uno de los compositores más importantes de la llamada nueva trova cubana. Para comprender los alcances de este ambicioso proyecto, los hermanos Mauricio y Francisco Durán (vocalista y coros, teclados, sintetizadores, guitarrista principal, y guitarrista principal y coros, respectivamente) y Álvaro López (vocalista principal, guitarra rítmica y percusión), dan a conocer el proceso producción de este nuevo CD.

“Una de las cosas que Meme nos hizo ver es que a estas alturas de la vida y de la historia de la música, son pocos los grupos que pueden darse el lujo de grabar en vivo, tocando al mismo tiempo”, dice Mauricio al iniciar la conversación, “es lo que queríamos aprovechar y buscamos un estudio acorde para este tipo de grabación”.

 

El grueso de Música libre está registrado como un concierto. “Lo que quería Meme era captar la energía de los cinco tocando juntos”, asegura Mauricio Durán. “Ya después, hay cosas encima, pero nueve de las doce canciones y la mayoría de las cosas que se escuchan, fueron tocadas al mismo tiempo. A excepción de las voces, en general la banda está junta”.

Al final de este viaje. “En esa canción, por ejemplo, todo está en vivo”, precisa Francisco, “y ocupamos cajas de ritmo, las que nunca habíamos usado, además de softwares y secuenciadores. Aquí, Meme nos ayudó mucho; le pedíamos que armara una secuencia y la tenía lista en cinco minutos”.

Para la banda penquista, el atractivo de Estudio 19 fue que: “grabamos con muchos micrófonos  Neumann y RCA”, interviene Álvaro, “algo muy interesante fue que eran vintage, muy especiales. Los había ambientales, usados para películas mexicanas”, ennumera el cantante, “los ecualizadores y compresores también eran de ese tipo. Ahí nos soltamos, como decimos en Chile, como chancho en misa. Todo lo que tiene Estudio 19 es muy cálido; esos sonidos son imposibles reproducirlos con un software o un programa y esto es de lo que más nos motiva a la hora de grabar un disco”.

Un, dos, tres…todos juntos
Dando batería. Para la grabación, Los Bunkers armaron una tambora híbrida: “el bombo de una Gretsch, unos tambores Ludwig”, recuerda Francisco, “y dependiendo, Mauro (Mauricio Basualto, baterista), tocaba con distintos tipos de tarola y cambiaba de partes, incluso el bombo. Para dos temas, la batería tuvo un bombo más pequeño”.

La amplificación para los instrumentos de cuerda también fue muy variada: “ocupamos un Fender Twin Reverb, un Mesa Boogie, un Vox AC30 y un Fender DeLuxe”, retoma Mauricio Durán, “y Ampeg en el caso del bajo”.

Silvio en El Ensayo
Durante la mezcla, “nunca hemos estado lejos de este proceso”, continúa Mauricio. “Para nosotros, lo importante es que estemos en el estudio escuchando y demos la opinión final sobre cada sonido, no que lo mezcle alguien en Estados Unidos o lo mande el productor por encargo. La forma de trabajar siempre ha sido preocuparnos por nuestro sonido”.

 
  La mezcla en El Ensayo les llevó cuatro semanas: “en un momento empezamos a mezclar y terminábamos de grabar algunos detalles paralelamente”, según Mauricio, “después que terminamos de grabar, descansamos una semana; íbamos otros cuatro días, mezclábamos y después descansábamos, pero si juntamos las horas creo que sería un mes de mezcla, lo cual es mucho, porque en discos anteriores, mezclábamos dos temas en un día”.

Minuto a minuto. “Nosotros somos muy detallistas y Meme también”, confiesa Francisco Durán; “había días que dejábamos la mezcla, volvíamos al otro y él decía, por ejemplo: bájenle un poquito a los platillos. Y caíamos en detalles muy finos”, considera, “cuando estás trabajando en los sonidos, que venga la masterización y te cambie todo, es raro. En ese sentido, la mezcla fue muy buena y el mastering le dio realce a todo. Para el ánimo del disco, le hizo bien haberlo grabado en México por Meme; aparte de su experiencia y calidad como productor, en el fondo nos aportó mucho a nivel humano, como grupo de amigos. Su temple, temperamento y tranquilidad no sólo nos hizo relajarnos en el estudio, sino disfrutar la grabación del disco; quizá como no la disfrutábamos hacía mucho tiempo”.

Trova eléctrica
La masterización del CD fue realizada por el experimentado Tom Baker en Precision Mastering: “Nunca habíamos trabajado con Tom”, reconoce Francisco, “esa elección fue de Meme. A nosotros nos gusta mucho cómo están masterizados los disco de Café Tacvba; tienen súper dinámicas y se escuchan fuerte. Por eso estuvimos de acuerdo con él”.

Sin problemas. Tom Baker entendió el concepto del tributo: “Le explicamos lo que queríamos y cuando nos envió una prueba masterizada todos quedamos contentos; sólo le pedimos un par de ajustes en dos canciones. Lo envió nuevamente y no hubo necesidad de nada más. Increíble”.

De armas tomar. Los más de diez años de historia que tienen estos vecinos del barrio dejan como enseñanza la fe en el buen gusto del respetable y la humildad para recibir su aplauso. Herederos de los ideales de cantautores revolucionarios, Los Bunkers demuestran con su música libre que han sabido combinar el éxito con la lealtad hacia el arte. No hay espacio para más.

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