El caso de Jorge Cruz es peculiar: ha sonorizado aproximadamente a mil doscientos proyectos durante más de ocho años en las noches del Zinco Jazz Club, el emblemático foro del Centro Histórico de la Ciudad de México, que da espacio a propuestas de diversos géneros derivados de o en conexión con el jazz, de miércoles a sábado, sin repetir su programación en varios meses. Trabajar cada día con músicos de múltiples personalidades y con estilos de interpretación tan multiforme puede ser una tarea extenuante. Pero el carácter de Jorge siempre se impone a favor de la mejor fórmula para que la música sea expuesta adecuadamente, gracias a que es un autoproclamado “amante del sonido”.  El siguiente encuentro se llevó a cabo en su lugar de trabajo, ese sótano en donde además de sonorizar e iluminar a los jazzistas, arma también los playlists que sirven de ambientación para la cena de los comensales, antes de que comience la música en vivo.

¿Cuándo supiste que ibas a dedicarle tu vida a la música?

“Desde los 14 años que comencé a estudiar guitarra clásica en el Estudio de Arte Guitarrístico. Primero me dio clases un maestro que se llama Guillermo González Philips; después pasé por muchos otro porque siempre era muy desordenado. El director d  e ese entonces era Manuel López Ramos. Posteriormente como a los 19 decidí estudiar composición en una escuela que se llama Centro de Investigaciones y Estudios Musicales.

¿Cuál fue tu primer trabajo profesional relacionado a la música?

“Fue a partir de 1994, cuando comencé haciendo música original para proyectos culturales y educativos como programas de TV UNAM y CD-ROMs interactivos educativos para niños. Después comencé a trabajar con software como Pro Tools y Cubase, por lo que varios amigos me invitaron a mezclar y masterizar sus documentales y películas. Curricularmente tengo buena experiencia en postproducción de audio”.

¿Cómo fue que te convertiste en ingeniero de sonido?jorgecruz3

“Esto fue producto de la casualidad, tenía un amigo que trabajaba en un bar que se llamaba La Victoria y un día me pidió que le ayudara a hacer el audio porque esa noche, el ingeniero no podía. Lo hice y me di cuenta de que había una buena dinámica entre mi persona y los equipos. De niño desarmaba el tocadiscos, las caseteras, luego los volvía a armar y funcionaban aunque me sobraban tornillos. Mi papá siempre ha sido un hombre de herramientas, tenía un pequeño taller y yo sacaba herramientas y soldadora. Me ponía a desmontar todo, siempre he tenido una buena relación con los fierros y trataba de entender cómo funcionaban. Ya en la universidad tuve clases de audio y me enseñaron física del sonido y a entender que el audio son ondas que necesitan un medio sólido, líquido o gaseoso para viajar, a diferencia de la luz, que son fotones y partículas; nos explicaron cómo adaptar la compresión, la reverberación y la ecualización a grabación en estudio, aunque la realidad es que sonorizar en vivo es extremadamente diferente”.

¿Cómo llegaste a trabajar haciendo audio en el Zinco Jazz Club?

“Un par de personas que eran socios del lugar me invitaron a participar en la sonorización de un recital de Paquito D´Rivera, uno de Antonio Sánchez, otro de Dr. Lonnie Smith y uno más de Cindy Blackman. Todo eso en menos de tres meses. Los hice y gracias a eso ya me quedé de ingeniero residente”.

Menciona algunos músicos con quienes has tenido experiencias enriquecedoras

“Desde que comencé a trabajar en el Zinco he tenido la oportunidad año con año de sonorizar a proyectos que participan en el Eurojazz. Laborar con músicos del viejo continente es siempre una experiencia gratificante. También recuerdo que en el 2010 el Zinco fue sede de unos ensayos de la Jazz At Lincoln Center y fue un privilegio estar cerca de ellos. Una banda que particularmente me ha gustado mucho sonorizar es A Love Electric (ALE), por la calidad de los colaboradores que ha tenido, leyendas del jazz contemporáneo como Cyro Baptista, Bob Moses, John Medeski y Billy Martin de Medeski, Martin & Wood, y al tratarlos me he dado cuenta que todos son personas muy sencillas. Medeski, por ejemplo, no tiene ningún problema con cargar el Fender Rhodes, y los ALE son músicos multitask, eso me encanta de ellos”.

“También fue increíble la vivencia de colaborar con Terence Blanchard, un trompetista de la misma generación de Wynton Marsalis; crecieron juntos, tocaron juntos con Art Blakely en The Jazz Messengers, pero mientras que Wynton tomó un camino muy purista apegado al be bop, Blanchard comenzó a aplicar recursos electrónicos al procesamiento de la trompeta”.jorgecruz2

¿Qué retos te representó este recital?

“Fue parte del Festival de la Ciudad de México; más que un reto fue algo divertido, porque pude explorar otras posibilidades diferentes a las de ese jazz puro, donde lo que se busca es que suene sólo como algo acústico amplificado”.

¿Qué otros músicos has sonorizado fuera del Zinco Jazz Club?

“Sonoricé a Omer Avital, un contrabajista israelí de jazz, en el Teatro de la Ciudad y fue una experiencia completamente nueva para mí, porque en el Zinco no hay staff, entonces yo tengo que conectar, cablear, poner los stands, mover el piano. En esa ocasión llegué a sentarme frente a la consola como un ingeniero de sonido de verdad” (risas).

¿Qué es lo que menos disfrutas de sonorizar a músicos de jazz?

“Siempre he pensado que un ingeniero de sonido debe ser un miembro más del ensamble y éste tiene que confiar en él. Para sonorizar bien no tienes que ser sólo un operador, sino tener un criterio estético y para eso tienes que haber escuchado mucha música, saber de géneros; en este caso diferenciar entre dixieland, manouche, be bop, hard bop, latin jazz, jazz fusión, que son estilos muy distintos entre sí. Entonces algunos músicos son muy quisquillosos, no tienen mucho conocimiento de la física del sonido y no confían en mi criterio estético; me han querido tratar como su operador y decirme cómo sonorizar, yo les digo que me digan qué hacer y comienzan a decir ‘dame agudos, dame graves’ y se los doy; otros se aventuran a hablar de hertz: ‘bájame unos seis decibeles, por ahí de 1000 hert’, y luego: ‘dame medios’, pero me piden que baje de los 1000 hertz y ¡ahí es prácticamente donde están los medios!”.

En el Zinco soy ingeniero de monitores y sala y a veces eso me complica porque el equipo es limitado y el monitoreo es muy bajo, entonces hay músicos que quieren que hagas un súper trabajo para que se escuchen ellos mismos como se escucha afuera, desde la posición en la que están tocando. Otros llegan diciendo: ‘no quiero monitores’, pero al final sí los quieren porque se dan cuenta de que no están en un teatro o en una sala de conciertos, sino en un club donde hay gente bebiendo que luego empieza a platicar. También me ha tocado trabajar con cantantes que quieren cantar jazz, pero no tienen una técnica muy buena y me gritan desde el escenario que no se escuchan y yo no puedo ser sincero con ellos para no ponerlos nerviosos cuando están a punto de salir a cantar. Otro “clásico” de esta profesión es que el público suele no darse cuenta de que estamos ahí, si suena bien es gracias al músico y si suena mal es por culpa de nosotros; siempre cargamos con eso; muchos músicos te ven como si fueras su staff, pero eres igual de importante que ellos, te necesitan”.

¿A qué músicos te gustaría sonorizar y por qué?jorgecruz4

“Hay muchos músicos que fueron parte de mi formación en la adolescencia, cuyo trabajo se enfoca al jazz fusión, por ejemplo el guitarrista Allan Holdsworth, quien es uno de mis héroes musicales por el sonido que crea con la guitarra y que lo ha llevado a explorar diversos estilos que van desde el jazz clásico, el free, la música electrónica y hasta el metal progresivo; además trabaja con un equipo muy específico. También me gustaría sonorizar a Herbie Hancock porque a pesar de que en los inicios de su carrera hacía be bop, ha incursionado en el fusión y éste me parece uno de los géneros del jazz que representa más complejidad al momento de sonorizar en vivo”.

Jorge Cruz, parte de la historia del audio en México, en un género musical que requiere técnica, pero sobre todo sensibilidad. Visitémoslo en el Zinco.

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