Acústico. Federico Cruz-Barney es un mexicano que está diseñando recintos de concierto en tierras lejanas. Violinista de niño, pasó dos años asistiendo al Conservatorio Nacional de Música. En una ocasión, se presentó con la pequeña orquesta de la escuela de música en donde estudiaba, en la Sala Nezahualcóyotl y cambió su vida. Descubrió su verdadera vocación: ayudar a construir espacios para escuchar como se debe.

Federico terminó la carrera de ingeniería en el Tecnológico de Monterrey y ganó una beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología para estudiar una maestría y el doctorado en una universidad de Francia. Hizo prácticas en Nueva Zelanda, trabajó duro en Nueva York y regresó a Las Galias. Ahí fundó en 2005 su propia empresa consultora en acústica, Studio DAP, con la que invierte tiempo y tímpano viajando entre los Emiratos Árabes Unidos y China para tomar la decisión más difícil: qué es lo que suena mejor.

Mexicano del mundo. Federico Cruz-Barney estuvo en México y conversó a profundidad sobre los laberintos del oído.

 
  ¿Qué pasó cuando llegaste a Francia?

“Llegué a una pequeña ciudad del oeste que se llama Le Mans (la de Las 24 horas), e hice la maestría en la Universidad del Maine. Éste es el nombre del río que pasa no lejos de ahí. “Ahí hay estudios muy focalizados en teoría en acústica musical, de salas y ultrasonido. Por ellos hice prácticas en Nueva Zelanda, que era parte del programa”.

“Después de los estudios teóricos, se hacen prácticas de laboratorio, y uno de ellos era un lugar donde se desarrollaban técnicas de medidas acústicas en maquetas: el laboratorio de acústica de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda. Cuando se estudia la renovación de un auditorio, uno de los métodos utilizados para ellos son las maquetas a escala y mediciones acústicas por dentro. Así se sabe cuáles son las modificaciones entre lo existente y lo que se propone”.

“Estas maquetas son físicas. Trabajé con unas a escala 1:25, muy grandes, donde uno puede meterse. También las hay a escalas 1:10; en ellas se puede caminar por dentro; son como casotas de muñecas. El primer proyecto donde trabajé con maquetas fue en Auckland, con los consultores Marshall Day Acoustics, que trabajaban la renovación de una sala de ópera en Filadelfia, la Philadelphia Academy of Music. Es la sala de ópera más antigua en funcionamiento en los Estados Unidos. Hicimos mediciones y pruebas para modificar la acústica y esas fueron mis prácticas de la maestría”.


¿Cómo comenzó Studio DAP?

“Cuando terminé mi doctorado, fui a trabajar a Nueva York a una consultoría; al concluir esto, regresé a Francia y me asocié con tres personas que trabajan en campos que no son exactamente el mismo que el mío, pero son complementarios”, señala el fundador de la compañía. “Me asocié con un escenógrafo, un musicólogo que fue director artístico del Conservatorio de Amsterdam, y con un ingeniero acústico especialista en otras ramas de esa materia como asociados capitalistas, pero también para tener un espacio donde todo mundo pueda traer ideas. Yo tenía esta inquietud de crear una empresa que pudiera dedicarse a la concepción, diseño y programación en salas de conciertos y teatros para ofrecer una reflexión antes de que un proyecto realmente comience”.

“Esta reflexión es del proyecto en sí mismo; saber qué se quiere hacer en el lugar, desde la infraestructura que existe en la ciudad, cuáles son sus necesidades y qué cultura existe. Saber cuáles son los lugares complementarios que se necesitan. Obviamente, esto lo induce a un repertorio y un tipo de música, pero no nada más esto, sino lo artístico, de teatro y ópera. Todo ello canaliza hacia el tipo de lugar que se quiere construir. Esa es parte de la atención que llevamos en Studio DAP cuando colaboramos con arquitectos y programadores”.

 

¿Cuáles son algunos de los proyectos más importantes en los que ha intervenido la compañía?

“En años más recientes, el proyecto de la nueva Filarmónica de París es para una de las salas de concierto más importantes de Europa. La fase de estudio ha terminado y ahora estamos en construcción. Otro emprendimiento es la nueva sala de la Filarmónica de Budapest, en Hungría. Este proyecto, ya terminado, lo realicé durante mi estancia en Nueva York, cuando trabajaba para la consultoría Artec Consultants.”

“He trabajado en China y en Rusia. En la renovación de la Sale Pleyel en Paris, como representante de la consultoría de Nueva York, que también fue un proyecto importante, además de otro par de colaboraciones en provincias del sur de Francia, que han sido muy formadores. En este momento estamos trabajando en el nuevo Museo de Louvre, en Abu Dabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos. Aunque está más ligado a la museografía, también están haciendo un auditorio y ahí estamos trabajando. Es un proyecto muy importante por su tamaño y significación; gracias a esta transposición de culturas hacia otro país es posible ofrecer lo que es el museo”.

 
  ¿Qué tendencias a futuro ves en el mundo de la acústica?
“Lo nuevo viene con las tecnologías que tienden a utilizar medios electro-acústicos para modificar la sonoridad de un espacio. Son sofisticados y dan resultados cada vez más realistas. Por ahora son interesantes, sobre todo para mejorar la acústica de recintos en los que una intervención arquitectónica es muy difícil y costosa. Será una tendencia. Sin embargo, para mí la tecnología es buena a partir del momento en que las ideas vienen de una reflexión intelectual. Y que después, conociendo la respuesta que se da a un problema, vemos cuáles son las soluciones tecnológicas que pueden ayudar a resolverlo. Esa es mi filosofía: no pienso que la tecnología en sí sea una respuesta”.

“Por otro lado, en una sala con acústica natural, la evolución estará más ligada a las preferencias y a la comprensión de cómo el cerebro traduce los fenómenos físicos de la trasformación del sonido en un lugar, saber cuáles son los mecanismos que hacen que la propagación del sonido sea interpretada por los oídos de una u otra manera como una cuestión de escucha. Eso permite refinar el diseño de un recinto; no nada más en geometría o volumetría, sino también en materiales”.

¿Qué nuevas propuestas habrá en materiales?
“Hay muchas que están más ligadas al aislamiento acústico. Hay trabajos que van hacia utilizar materiales ligeros para aislar mejor, que cuesten menos y signifiquen un menor problema estructural porque cuando uno construye para arriba, empiezan las ideas de usar muros de concreto y por la estructura se tienen que utilizar muros ligeros”.

“En lo que se refiere al tratamiento interno de recintos, en los lugares pequeños se busca disminuir las ondas estacionarias, la amplitud, las resonancias de bajas frecuencias y poder absorberlos sin utilizar grandes espacios, porque la longitud de onda de un sonido grave es muy grande. Necesitas mucho volumen para poder absorberla. Y hay productos para hacerlo. Yo diría que están más orientados hacia el tratamiento acústico de lugares pequeños, que tienen mayor problemática de ondas estacionarias y de nodos”.

Por último, dinos si te gustaría regresar a México. ¿Sientes que tu experiencia se pueda aplicar en algún proyecto?
“Bueno, por diversas razones mi vida está haciéndose en Francia. Sin embargo, me gustaría poder trabajar en México. Inclusive, cuando estaba en Nueva York, tuve la oportunidad de ir al Teatro de Aguascalientes a ver al director de la Orquesta de Aguascalientes. Lo conocí porque querían renovar el teatro y si hubiese otra oportunidad de un proyecto, en la ciudad de México o algún otro lugar de aquí, lo haría con muchísimo gusto. Siempre he pensado eso”.

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