Alemania es la tierra que vio nacer a genios como Ludwig van Beethoven o Johann Sebastian Bach, eso ya pone a los teutones como depositarios perennes de la gran música. Berlín, por su parte, se devela como una ciudad hipermoderna, calles limpísimas que en cada esquina exudan una muestra de cultura, sea a través de un museo, una galería o una pizca de arte popular urbano. No es de extrañarse que sea el centro del movimiento creativo centroeuropeo. En lo que nos concierne, la capital de Alemania posee varias de las salas de concierto más renombradas del viejo continente: el Konzerthaus (también conocida como Schauspilshaus), una joya del neoclásico tardío, construido a principios del siglo XIX y renovado después de la Segunda Guerra Mundial; las tres salas de opera, la Staatsoper Unter den Linden, la Komische Oper o la Deutsche Oper; pero el lugar que se roba la atención, es por mucho la Berliner Philharmonie, casa de la majestuosa Die Berliner Philharmoniker. Y es hasta allá, a miles de kilómetros donde nos trasladamos para traerles este reportaje, cuyo pretexto es el inicio del proyecto Concert Digital Hall.
 
 

Ubicada en la Herbert-von-Karajan-Strasse 1, como parte del Kulturforum y muy cerca de la Postdamer Platz, la Philharmonie es un insólito y particular edificio que algunos aman y a otros les genera cierta repulsión visual, y sin embargo se cuenta como uno de los logros arquitectónicos mejor conseguidos en los años de la postguerra. Construida entre 1960 y 1963, a partir del diseño del arquitecto Hans Scharoun, supuso el nacimiento de una nueva concepción del interior de una sala de música, con un escenario al centro del auditorio pentagonal y butacas para el publico en su alrededor. Algunos dicen que el exterior recuerda la carpa de un circo. El revestimiento dorado, tan criticado, se añadió entre 1978 y 1981. Entre 1984 y 1987 fue construida de manera adjunta la Kammer-Musiksaal, diseñada por Edgar Wisniewski a partir de los esbozos de Scharoun. El edificio consolida la estética del salón principal, incorporando un espacio central poliédrico cerrado por una caprichosa cubierta en forma de carpa.

Además de una arquitectura sui-generis, la Philharmonie es un ejemplo aclamado de acústica, una referencia mundial en el tema aplicado a la ejecución musical. De estructura asimétrica y con techos en forma de carpa, al interior el pentágono genera una isóptica perfecta, incluso a través de la irregularidad en las diferentes alturas. Su layout de filas y asientos recrean lo que se conoce como un típico viñedo y fue por primera vez introducido en una sala de conciertos, lo cual después fue imitado en edificios más nuevos como la sala de conciertos de Denver, el Gewandlaus en Leipzing y la Sidney Opera House en aquella ciudad australiana.

Digital Concert Hall
Ya estamos en la entrada de artistas de la Philharmonie, es viernes al mediodía y hoy habrá concierto. El frío tunde los huesos, hay rastros de la nieve que cayó anoche. De hecho puntos blancuzcos motean las irregulares formas del recinto. De afuera parecen placas amarillas simulando carpas doradas, sí que parece un circo; al ver de frente a la mole, las proporciones se pierden, me imagino algunas placas tectónicas a punto de colapsar. Nos recibe en la puerta Tobias Moller, director de marketing del lugar, quien nos adentra por el fantástico laberinto que resulta esta magna casa de música. Pasillos y túneles nos develan abigarrados caminos llenos de instrumentos en sus cajas, algunos telones, cuadros expresionistas con la música como eje. Aquí hay gente trabajando, callados los alemanes parecen no distraerse en lo absoluto, sus pláticas son cortas, concisas —aunque no las entiendo por supuesto.


Llegamos al primer estudio, del cual se desprende el leit motiv de esta visita, el estudio del Digital Concert Hall. El proyecto arrancó oficialmente en enero; era mediados de febrero cuando nos recibieron los berlineses, se nota que el estudio no está terminado al cien por ciento, hay cables sueltos y parece una instalación un tanto temporal. Allí me deja Tobias y será Christoph Franke quien me muestre las entrañas del ambicioso proyecto web ¿2.0? ¿3.0? Generoso en su charla, Christoph acota su puesto: “Crearon este título para mí, soy productor creativo, lo cual no significa nada” y suelta una amplia sonrisa, “conozco mucho de música en sí misma, acerca de cómo toca la orquesta, acústica y todo eso. Sé de computadoras, tecnología para internet y electrónica. He trabajado en muchas grabaciones. Soy una especie de coordinador con gran enfoque en la calidad del sonido y video”.

 


La Berliner Philharmoniker es un ejemplo de avant-garde, hoy, bajo la batuta de Sir Simon Rattle, se coloca como la tercera mejor orquesta de Europa (de acuerdo al ranking de 2006, avalado por los más incisivos críticos musicales —informe de Playbill Arts—, sólo detrás de la Vienna Philharmonic y de la Royal Concertgebouw Orchestra). Sin duda es referente mundial, lo mismo en su parte artística que en su administración, amén de contar con una de las mejores salas de conciertos del orbe. Este 2009 representó otra primicia para los alemanes, ya que se convirtió en la primera orquesta de música clásica en presentar una plataforma web que permitirá que cualquier persona en cualquier parte del mundo disfrute en vivo y en directo —a través de una conexión de internet— todos y cada uno de los conciertos de la temporada de la afamada agrupación. Se trata del proyecto Digital Concert Hall. Franke nos explica un poco: “Olaf Maninger, músico del grupo de los 12 chelistas de la orquesta, fue el impulsor, él pensó: ‘debemos tener a la orquesta de manera virtual, no sólo grabada, y debemos tener un estudio de video’. Se dieron cuenta de que los conciertos estaban agotados, que tocaban tanto como era posible y ya no había modo de tocar más, ya que el tiempo es consumido entre ensayos y giras, así que la única manera de llegar a más gente era extender la sala de conciertos. Y la idea cobró vida. Ya han pasado tres años”.

 

“Tomó un año resideñar todo, instalar cámaras, hacer las pruebas, encontrar el modo correcto de compresión para internet. También se tuvo que convencer a la orquesta de ser filmada, porque a un músico puede incomodarle la idea de ser grabado todo el tiempo, pero como no hay camarógrafos, lo tomaron a bien, prácticamente ellos no se dan cuenta. Aunque oficialmente arrancamos el 6 de enero con el primer concierto en vivo, en realidad tenemos material grabado desde agosto del año pasado”, añade Christoph Franke.

“El especialista que planeó, diseño y puso en marcha el proyecto técnico fue el reconocido experto Ralp Bauer Diefenbach. Junto con él hicimos pruebas, sobre todo de las cámaras HDTV, y creo que al final elegimos bien con estas Panasonic. Incluso la gente de la televisión alemana se ha sorprendido de la calidad de video que podemos entregar”.

La plataforma de video puede observarse desde la web www.berliner-philharmoniker.de; la audiencia podrá ver y escuchar aproximadamente 30 conciertos cada temporada y todo desde la tranquilidad de su hogar. Después del concierto, la grabación en vivo puede ser bajada desde un archivo de video. También pueden verse algunos documentales acerca del trabajo de la orquesta. La Digital Concert Hall (DCH) impone además nuevos estándares técnicos: cinco cámaras a control remoto entregan calidad HDTV, de hecho son seis, aunque la sexta sólo tiene un uso interno, es la cámara que todo el tiempo sigue al director. “Entregamos imágenes en formato 16:9 a 720p a 25 cuadros por segundo, mientras que el sonido se codifica en AAC a una tasa de transferencia de 320 kbps (o 192 kbps para DSLs de menor velocidad y ancho de banda). El audio prácticamente sale de la consola principal del estudio de grabación y no hacemos gran cosa, es como si la pasáramos a una estación de radio, sólo en estéreo”. Aunque hay decenas de micrófonos en toda la sala, la gente de la Philharmonie apuesta por lo simple: “tenemos un set con el que trabajamos esencialmente, dos micrófonos principales para captar el sonido general y después usamos tres ó cinco micrófonos más en modo spot para hacer posible el enfoque sonoro en ciertas áreas de los instrumentos”, continúa el productor creativo del Digital Concert Hall.
 
 

No hacen mezclas elaboradas, aunque fácilmente lo podrían hacer, ya que poseen una fabulosa consola Stage Tec modelo Auratus que está conectada vía MADI a la consola del estudio de grabación principal, otra Stage Tec, en ese caso, el modelo más grande, el Aurus. “Metemos algunos inserts al principio, en el intermedio o al final, algunas promociones con material pregrabado, y tal vez en el futuro hagamos mezclas más enfocadas a la imagen…” expone el también tonmeister, graduado de la Universidad de las Artes en Berlín.


Por supuesto, se recomienda que la transmisión que llega a la PC o Mac sea trasladada a una televisión de gran tamaño y al equipo de sonido estéreo de la casa. A sabiendas que no todas las conexiones de internet son tan rápidas como se quisiera, la DCH ofrece tres calidades a elegir: la mínima a 500 kbits/s para DSLs de 1 Mbit/s (la conexión que apenas entrega Telmex Infinitum), 1.5 Mbit/s para DSLs de tres Mbit/s, que produce una calidad similar a DVD o tres Mbit/s para DSLs con velocidad de seis Mbit/s, con calidad HDTV. “Esto lo hacemos con equipo de cómputo súper poderoso, recordemos que de origen tenemos archivos HD de entre 1 y 2.5 Gbps, así que tenemos que bajarlos a un tamaño decente para que puedan viajar por internet, eso lo hacemos con encoders H.264; de esa manera tenemos una soberbia imagen en HD”, acota Christoph Franke. También hace hincapié en no usar WiFi, sobre todo en los eventos en vivo, ya que pueden ocurrir cortes o interferencias verdaderamente molestas.
 

En palabras de Sir Simon Rattle: “La DCH es el futuro. La gente quiere recibir arte en sus casas, como si bajar un concierto fuese tan sencillo como abrir el grifo del agua. La gente la quiere cuando la necesita. Más allá de eso, lo que me emociona y me hace reflexionar es lo importante que resulta un evento en vivo, la gente quiere ser parte de él y si no puedes asistir físicamente, la idea de conectarse a lo que está pasando en tiempo real es maravillosa. A través de la DCH, la audiencia puede ver la extraordinaria conexión física de los músicos con sus instrumentos, como se mueven. Y cuando las cosas salen bien, se puede ver como el trabajo de la orquesta es como las olas en el océano, este movimiento orgánico es sorprendente, el cual se puede ver en muy pocos lugares”.

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