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El mundo tal y como lo conocemos terminará el 21 de diciembre de 2012…o al menos ese es el mensaje heredado de los antiguos mayas, cuyas cuentas corta y larga cierran un importante ciclo de su calendario en esa fecha. De hecho varias predicciones, culturas y religiones convergen en sus pronósticos de un gran cataclismo, tal vez sin coincidir con precisión en el día, pero sí en la época, situación que intranquiliza a creyentes y nihilistas. No se vislumbran en realidad desastres inesperados tipo El día después de mañana o Armageddon, a pesar de los efectos del calentamiento global, de los asteroides observados con infinitesimales probabilidades de choque con nuestro planeta o del asombroso realismo cinematográfico.
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Un evento más, dentro de este contexto, fue la presentación, en la abrumadora e imponente explanada de Chichén Itzá, de la multifacética soprano Sarah Brightman, representante de la mejor corriente musical new age, el denominado estilo classical crossover. Aunque su semblante aún conserva juventud e ingenuidad, el medio siglo de su vida ya recorrida es un cúmulo de experiencias difícil de equiparar. Artista desde la guardería, debutó en el teatro a los 13 años, y a los 17 su grupo musical Hot Gossip se colocaba en el Top 5 de su natal Inglaterra. Tras su primer matrimonio y una vertiginosa estela de triunfos, su presentación en la obra musical Cats la condujo a iniciar una relación con el prolífico compositor Andrew Lloyd Weber, que culminó en un relevante matrimonio artístico, cuyo principal fruto fue la trascendental obra El Fantasma de la Ópera, compuesta por Andrew en forma específica para la voz de la actriz y cantante.
Tras la presentación del primer disco de Sarah como solista, The songs that got away, las exitosas carreras de ambos cónyuges los llevaron a una forzada pero amistosa separación. Un segundo álbum y la transmisión mundial de su presentación en las olimpiadas de Barcelona 1992 proyectaron su carrera a un plano superior y desde entonces su integración profesional con Frank Peterson, del grupo alemán Enigma, ha forjado un estilo de impresionante riqueza musical, cuya influencia se percibe en artistas del nivel de Il Divo, Emma Shapplin o Katherine Jenkins, o en el fenómeno circense multimedia Cirque du Soleil, que no sería el mismo sin la característica línea musical que acompaña y matiza el espectáculo. Además de sus espectaculares giras Timeless, Eden, La Luna y Harem, sendos CDs y DVDs de Sarah han sido producidos de manera sobresaliente. Su última grabación, Symphony, una ecléctica selección de géneros con una sutil tendencia hacia el rock y la ópera, como era de esperar, incluye colaboraciones con Andrea Bocelli y Fernando Lima. La espectacular presentación de esta producción en la Catedral de San Esteban, en Viena, se puede apreciar en el DVD producto de dicho evento.
Cierre de gira en un escenario milenario
Un capítulo más de la interesante historia de Sarah Brightman fue el cierre de su reciente gira por Latinoamérica con un concierto en la ancestral zona arqueológica de Chichén Itzá, acompañada de su agrupación musical y, en esta ocasión, de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, dirigida por el maestro Paul Bateman como director invitado, y con el Coro Camerístico de Yucatán, ante un público de más de seis mil asistentes, entre los que se encontraban altos funcionarios del gobierno del estado y la península, así como múltiples personalidades del arte y la industria.
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La preparación y el montaje del concierto se desarrollaron en una situación muy diferente a los procesos convencionales. El uso del terreno requirió de varios trámites y corresponsabilidades que garantizaron la conservación de las históricas construcciones arqueológicas a pesar del intenso movimiento y la gran cantidad de asistentes. Artífice de este evento fue el maestro Jorge Esma Bazán, director general del Patronato de las Unidades de Servicios Culturales y Turísticos del Estado de Yucatán (Cultur), quien apoyado por la empresa promotora y productora Genera Música, dirigida por Darío De León, y un ejército de más de trescientos elementos de producción, logró por tercera ocasión, como hizo anteriormente con Plácido Domingo y Luciano Pavarotti, presentar una artista de clase mundial en el grandioso espacio abierto y con el Castillo de Kukulcán como imponente escenario.
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